UN SIGLO DE EXTRAMUSICALIDAD
A grandes rasgos, el arte llega a la acción,
la instalación y otras disciplinas contemporáneas por un
proceso de cuestionamiento del objeto artístico. Paralelamente a
la salvaje mercantilización de éste y de su posterior sometimiento
a las leyes de mercado, se produce una reacción política
por parte de los artistas en busca de la efimereidad de la obra de arte
y de su anticomercialidad. Al mismo tiempo, los artistas escapan de los
límites de la obra, en busca de una libertad hasta entonces encorsetada
en los formatos decimonónicos. Se suceden entonces las llamadas
"vanguardias" de principios de siglo. Movimientos artísticos que
comparten algunas de las tendencias que he expresado y algunas otras más
inconfesables, y que mantienen relaciones naturales con las ideologías
políticas comteporáneas (a lo largo del siglo, para escapar,
por ejemplo, de la jerarquía sensorial). Por otra parte, no se le
escapa a nadie que tal estado de las cosas fue aún más efímero
que una escultura de papel en un día de lluvia, ya que, rápidamente,
Picasso fue a explicarle al grupo norteamericano que cuanto más
grande es una tela y más telas haces, más dinero se puede
ganar con ello.
Sobre la intencionalidad de esa expansión
del concepto de obra artística, no habría más que
interrogar a Marcel Duchamp, pero como éso es imposible, y dada
la feliz coincidencia de que yo nací en el mismo día y en
el mismo mes, puedo responder en privado a cuantas preguntas queráis
hacer.
Estamos hablando de arte; arte que se suele escribir
con mayúsculas, en un contexto técnico y cultural en el que
estamos acostumbrados a diferenciar entre músicos y artistas, en
el que se suele hablar de creación audiovisual cuando la mayoría
de las veces se trata de creación visual con sonido ilustrativo.
Sin dejar de hablar a grandes rasgos, yo diría
que con la música ha sucedido algo extraordinario a lo largo de
este siglo, y es que la música popular ha efectuado una expansión
extraordinaria de formas y significados, hasta hacer que la música
llamada "culta", que vivía un proceso de evolución paralelo
al de las artes visuales, haya derivado hacia ella, para hacerlo, finalmente,
todas las demás artes. Si esto resulta fácilmente apreciable
en términos de procesos y en términos estéticos, no
lo es menos en terminos de economía política. Voy a poner
un solo ejemplo: como dice Attali, el compositor de música es el
primer rentista del arte que se conoce, lo es a través de la gestión
de sus derechos de autor. Como sabéis, éste es un sistema
que se ha incorporado recientemente al mundo de las artes visuales. Así
mismo, el debate consecuente a esta situación y toda la estela de
actitudes en torno al fenómeno apropiacionista parte del contexto
musical y se extiende después a los otros territorios del arte.
Puedo poner más ejemplos: El paso de la música popular a
través de las nuevas tecnologías se produce de una manera
tan natural como entusiasta, mientras que en el de la creación visual
resulta, especialmentente en los ochenta, traumático y decisivo.
En cualquier caso, y para no extenderme más, diría que transversalmente
al glamour, la frialdad conceptual, la guerrilla o el artefacto, la música
popular se dota de estructuras sociales, productivas e industriales que
parecen ser finalmente los territorios naturales donde todo arte de nuestro
tiempo parece condenado a residir para sobrevivir.
Creo que podría considerarse como un hecho
histórico, simbólico de este encuentro ente las vanguardias
cultas y la nueva música popular, la relación entre Yoko
Ono (miembro de Fluxus) y John Lennon (carismático integrante del
primer grupo de música popular que se había atrevido con
la experimentación sonora). Puede decirse que en aquellos momentos,
actuaban decisivamente una serie de "ecualizadores" culturales. Uno de
ellos fueron las drogas, pues no hay nada más cierto que, tener
o no tener dinero, haber pasado años en las escuelas de arte o bebiendo
cervezas en el local de ensayo, no sirve de mucho en plena subida de LSD,
y me atrevería a decir que lo contrario resulta de una gran utilidad.
En algún momento, durante los años
sesenta, la música popular y las formas más rompedoras del
arte culto se encontraron para no separarse más. Existió,
claro está, la relación de Satie con los surrealistas, existió
el movimiento futurista, en que Russolo estableció las bases de
una musicalidad del ruido que arroja la primera visión generosa
de un artista visual sobre el mundo de la música. Está todo
lo que se ha dado en llamar, desde Dubuffet, "arte sonoro", la aproximación
del arte a la manipulación "per se" del sonido, que llega hasta
hoy día, de una manera un tanto snob...
Pero el primer contacto eléctrico de alto
voltaje se produce entre el jazz y el expresionismo americano en los años
cincuenta, las dos grandes y fundamentales actitudes en pos de la libertad
creativa caminando juntas a mitad del siglo, y un punto de referencia clave
para la afirmación hecha anteriormente sobre cómo el arte
contemporáneo dirige su mirada a la música popular y deja
a la música culta o contemporánea en un limbo del que le
va a ser muy difícil salir.
Aunque una década más tarde, hasta
el mismísimo jazz y su colega, el expresionismo, traspasarían
a otra dimensión a través de la enorme masa de ese extraordinario
"agujero negro" que es lo que sucedió en los años 60 con
el movimiento psicodélico.
En lo que atañe al tema que estamos tratando
aquí, advirtamos que la cultura psicodélica y el arte que
genera no ponen su objetivo exclusivamente en la "libertad", sino en la
"experiencia" y, para que ésta se produzca, conciben situaciones
espacio-emporales capaces de impresionar todos los sentidos simultáneamente,
tratando de obtener por medio de la instantaneidad y con el recurso de
la sorpresa tanto como de la repetición, de los elementos sonoros
tanto como de los visuales, estados de conciencia determinados.
En la década posterior, cierta "extravaganza"
que desemboca en el glam convivirá con los sedimentos del conceptualismo,
ya depositados en el imaginario popular, y llenarán los territorios
de la música popular de manifestaciones multidisciplinares. No hablemos
ya de las tendencias más desmesuradas de lo que fue llamado desacertadamente
"rock sinfónico", que representaron la incorporación del
circo a la música popular.
Esa trayectoria fue cortada de raíz
(aparentemente) por el punk, que introdujo una nueva tendencia al naturalismo
que eclosionó en ciertas formas del llamado body art.
Por último, los ochentas proveen la tecnología
suficiente para que se produzcan asombrosos experimentos que incorporan
la robótica, la cibernética y todas las posibilidades de
creación asistida, que así toman carta de naturaleza en el
contexto popular.
De la década que termina ahora, todos
tenemos mucha información, así que voy a concluir este recorrido
histórico que he hecho tan a grosso modo, con el que pretendía
hacer hincapié, primero, en que la mayoría de los cientos
de miles de actos producidos en contextos populares desde 1965 hasta hoy,
lo han sido por generación espontánea y no por una conciencia
histórica de las vanguardias, que en muchos creadores, si se ha
dado, ha sido a posteriori. Segundo, que, paradójicamente, y como
se deduce de algunos textos de Greil Markus, parece existir una linea
temporal, un "rastro" , que comenzaría en dadá y mantendría
una continuidad perfecta, aunque muchas veces encubierta, que llegaría
hasta hoy. Y tercero, que a lo largo de estas décadas, millones
de personas han asistido de la forma más natural a este tipo de
manifestaciones, en grandes festivales, en clubs, fiestas privadas o plazas
de barrio y, por lo tanto, yo también me he enterado, desde que
tenía catorce años, de todas estas cosas.
breve apunte autobiográfico
Yo comencé como autodidacta en las artes
plásticas y la escritura, cosa que nunca he dejado de practicar,
pero ya en 1969 me parecía irresistible la extraña música
que podía oír por la radio (entonces, no como ahora, podía
orise cualquier música en la radio), y aunque en 1975 comencé
a estudiar diseño en una escuela racionalista, en 1976 ya formé
Macromassa con Juan Crek para poder dedicarme a hacer toda esa clase de
cosas. Así, lo primero que hicimos fue comprar instrumentos que
no sabíamos tocar, cambiarnos el nombre, publicar extraños
poemas fotocopiados e idear "conciertos", completamente distintos unos
de otros donde, por ejemplo, desde 1976:
-en La Obra Ganadora del Grand Prix de Monza
titulada Hola, una mujer escribía una carta en el escenario, mientras
nosotros tocábamos improvisaciones de 30 segundos y un tipo trataba
de suicidarse de 25 maneras diferentes.
-en otro concierto, Alldubí nocturno,
dos comensales se sentaban a la mesa frente a un gran espejo y comían
melón con jamón que les servía un camarero mientras
veían imágenes de trenes en un televisor.
-durante el ciclo Apushasha de Consecuciones
Pérez, diez azafatas repartían folletos constantemente entre
el público hasta el punto de que no podían prestar atención
a lo que sucedía en el escenario, en donde nosotros clavávamos
clavos, agitábamos muñecos de peluche o lucíamos capirotes
de penitentes.
-en otra ocasión, Proclamación
de Cañete como capital de España, descargamos uno sobre otro
sendas pistolas de fogueo a medio metro de distancia.
-y en otra más, invitábamos a subir
a todo el público al escenario y encendíamos las luces de
la sala, luego los fotografiábamos.
Entre 1976 y 1997 llevamos a cabo cientos de acciones distintas, tocamos dentro de pirámides o bien, después de cada tema, nos despedíamos del público y nos íbamos, distribuíamos gente entre el público que les colgaba pinzas de la ropa sin que lo advirtieran o bien un personaje hacía crucigramas y se bebía una botella de whisky en el centro del escenario a lo largo del concierto, o amueblábamos el escenario y tocábamos sentados en sofás, o entre Crek y yo y las azafatas que antes he comentado, nos bebíamos ante el público la bolsa de los orines de un parapléjico. Creo que no hubo otro límite que el placer de ingeniar esas cosas, durante esos veinte años.
Estas prácticas estaban presentes en muchos otros de mis proyectos y en los de otros músicos con los que he trabajado: Anton Ignorant tocaba atado a una silla mientras alguien le derramaba tetrabriks de leche por encima; Gringos metieron en cierta ocasión un rebaño de ovejas en la sala KGB...
Supongo que todo esto explica porqué estoy aquí. Probablemente también he sido invitado a este ciclo en relación a mi trabajo individual, que se concreta sobre todo en el "Modelo a depósito para trabajo ligero", que consiste en ejecutar en directo música con varios clarinetes sin soplarlos ni un sólo momento, y que es el resultado de muchos años de investigación sobre ello a partir de una lesión deformatoria que sufrí en el brazo derecho, precisamente por tocar el clarinete. De esa actividad he podido hablar en el País Vasco en dos ocasiones, una en un ciclo organizado por Josu Rekalde en la U.P.V. y otra en las sesiones "El hombre-máquina" en Arteleku. También lo he podido hacer en directo en el café Antzokia, durante el festival Ciberria i en la Sala Amarika de Vitoria durante el ciclo "Aglutinantes y disolventes". Ese es un trabajo eminentemente visual, en el sentido de que "si no lo ves no lo crees", pero os aseguro que si no tuviera un interés musical, no andaría por ahí golpeando clarinetes.
Por eso quiero recordar, para terminar, que mi trabajo proviene de la música popular, por lo tanto, me interesa mucho menos el proceso que los resultados (cada vez más). Hay tantos procesos como artistas, lo importante es llegar a un "resultado" personal, propio. Las "técnicas" surgen de la necesidad y, realmente, sólo se puede decir algo si se tiene algo que decir.
Ah, y como habréis notado, no he pronunciado
la palabra performance en todo el tiempo que ha durado esta conferencia.