PERCEPCIÓN.
La
percepción auditiva se realiza mediante funciones cerebrales altamente
similares a las que intervienen en la percepción visual o táctil.
Al nivel del córtex primario, el estímulo auditivo es recogido
en ambos hemisferios. Ello podría estar encaminado a facilitarnos
la reacción en el caso de estímulos sonoros primarios (alarmas
naturales), digamos, o que forman parte de la herencia colectiva. Por el
contrario, la que se podría llamar percepción auditiva compleja,
se encuentra "lateralizada". En el lóbulo temporal izquierdo, al
que se conoce como "dominante", las capas secundarias del córtex
están especialmente adaptadas para el análisis y la síntesis
de los sonidos del habla. En el lóbulo derecho, el córtex
secundario se ocupa de la percepción de estructuras rítmicas
complejas y de las organizaciones de sonidos de diferentes alturas, es
decir, de la percepción musical.
Las
lesiones locales de las zonas secundarias del córtex temporal izquierdo
en el ser humano, producen pérdida de la capacidad para distinguir
los sonidos del lenguaje, a lo que se llama agnosia acústica o también
afasia sensorial. Las lesiones similares que se producen en el lóbulo
opuesto, dificultan o anulan la percepción de la altura, timbre
y sucesión rítmica de los sonidos y reciben el nombre de
amusia sensorial. Esta diferenciación no tiene lugar con la percepción
de otros sentidos. Por ejemplo, la visión, funcionalizada en el
córtex occipital, sólo sufre un tipo de disminuciones y se
diagnostican como agnosia visual.
Es
frecuente que un paciente acuda al médico expresándole su
inquietud porque de un tiempo a esta parte no comprende lo que le dicen,
las palabras de los demás le parecen un murmullo indescifrable o
entiende algo totalmente distinto. Probablemente esos síntomas provienen
de la incipiente formación de un tumor o quizá puedan tener
una fácil curación. En cualquier caso, resulta altamente
dificultoso para el paciente desenvolverse con normalidad en su vida social,
familiar o laboral, puesto que la estructura comunicativa de nuestra sociedad
está basada en la "tiranía" del hemisferio dominante (¡vivimos
en una sociedad conceptual!), que lo es en un ochenta por ciento de los
humanos. Por esas razones, no resulta nada frecuente recibir la visita
de un paciente aquejado de amusia, salvo contados casos de músicos
o melómanos, por lo que los neurólogos no han podido establecer
ni siquiera aproximadamente un censo mundial de seres humanos aquejados
de dicho mal.
Por
otra parte, la música acompañada de palabras es percibida
siempre por ambas regiones corticales, pero el individuo establece órdenes
de prioridades en ello.
La
música, como organización sonora cuya forma es el hilo conductor
del contenido y cuyo contenido es en sí mismo indescifrable, pues
es abstracto y sólo traducible en parámetros físicos
y matemáticos, es la práctica humana menos "racionalizable"
de cuantas componen nuestra estructura social de comunicación y
nuestro sistema de re-creación de la memoria, es decir, la cultura.
El hecho musical apela a nuestro hemisferio derecho (no dominante), y resulta
prácticamente imposible averiguar qué procesos facilitan
la preferencia por una u otra música, además de existir la
sospecha generalizada de que la mayor parte de la humanidad no ha educado
su percepción musical, cuando no se encuentra probablemente afectada
por numerosos cortocircuitos (reversibles o irreversibles) en su mecanismo
perceptivo, sean de tipo neurológico o psicológico.