| MEMORIA.
La Paella y la Pistola.
Para
que una paella pueda estar deliciosa a mediados del año 2001, ha
sido necesario que, durante siglos, los secretos de su preparación
se hayan transmitido. Ello nos permite no sólo degustarla, sino
evitar morir envenenados. El mismo proceso de transmisión de conocimiento
hace posible la fabricación de pistolas que aseguran el disparo,
por lo tanto, que infaliblemente matan si se empuñan y apuntan correctamente.
Esa memoria de los pueblos es la cultura. Hay cultura del producto y cultura
del uso. Esa transmisión del conocimiento que se opera por medio
de la cultura tiene como resultado el progreso, del que la cultura es un
instrumento ciego. Cada pueblo atesora su experiencia a ultranza y esta
suele incluir variados sistemas de exterminio y un estudiado desprecio
por los sistemas de exterminio ajenos. Ello también es aplicable
a la gastronomía. El progreso, entendido como la carrera por el
control y el dominio de la naturaleza no se detiene pero es irreversible.
Sus consecuencias están a la vista. Cultura y progreso son opuestos
a civilización y evolución. No puede hablarse de una Civilización
Humana en la que no quepan todos los seres humanos. Por ahora, la Humanidad
se compone de variadas culturas, algunas de ellas absolutamente incompatibles
entre sí y muchas, incompatibles con el propio concepto de supervivencia
de la especie (no digamos de las demás especies). Si concebimos
la posibilidad de una evolución para nuestra especie, es necesario
considerar que no puede haber un paso evolutivo hasta que cada individuo
lo haya realizado. Tal coincidencia de objetivos sólo puede darse
en términos de civilización (y no de civilizaciones) y ello
implica una transformación de la cultura como diferencia en cultura
de la diferencia, primero y, a continuación, su disolución
en los territorios del arte.
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deseo
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