por Victor Nubla y Juan Crek
reproducción facsímil electrónica de la primera
edición de 30 ejemplares de la novela, publicada por las Ediciones
del Khan en diciembre de 1995
con maquetación de Sergio Oca y Elena Val
Con el soporte de la Asociación para el resurgimiento
de la Gran Oreja Pérez (A.R.G.O.P.)
fuentes:
Macromassa Bándica
Manufacturas Marte
Unidad Sergio Caolín II
Vector Mácrico Anual Reportando
Oficina Pérez / Grandes Ujieres
© Juan Crek / Victor Nubla (Macromassa)
excepto:
Diseño de la Gran Oreja Pérez © Biel Oliver
Pérez Obrero © Zush
Consecución Pérez © Pep Ribas
Pérez-niño © Adrià García
Apushasha y las lluvias de gallinas © Rita Morros
-todos ellos Grandes Ujieres de Pérez-
INTRODUCCIÓN
por la Unidad Sergio Caolín II
Juan Crek (el perdedor demócrata) y Victor Nubla (el premonitor variable) han considerado este libro como FANTASTÓNICO y ESTROPELÁSTICO, en unas declaraciones que concedieron a esta unidad en el punto 3.502 (donde se encuentran el azar y la locura). Desde allí, seguían con atención las actividades de:
Un jefe militar de jerarquía ciego,
un psicólogo brutal,
un testigo falso testarudo,
un diseñador de moda con escarlatina,
un fabricante de armas hipersensible,
un juez voluptuoso,
un carcelero de andar algo afectado,
un hereje con anhelo de reconocimiento,
un criminal de cara ovalada y
un científico nuclear influenciable.
LOS HECHOS PÉREZ recoge una buena parte de la filosofía
de Pérez y algunos datos ciertamente embarazosos sobre su vida privada.
Define con precisión los términos estructurales de la nebulosa
macromássica y apunta determinados detalles sobre el emplazamiento
del Submundo. Así mismo, incorpora atractivas estampas gráficas
de las Manufacturas Marte.
También ha sido posible contar con un texto introductorio redactado
por Pérez específicamente para la ocasión. Es el siguiente:
"La estepa ardía. Yo pensé: "¡cielos, pienso!". Inmediatamente, dejé de hacerlo. Pude así observar el paso majestuoso de las abejas, el vuelo grácil de los machos cabríos, la siempre aguileña cara del avellano. El cuello y el sistema linfático del perejil. La lengua del miércoles. Las fechas antiguas de Egipto. El oído y la sordera."
Pérez
Pérez B que tiene Pérez A
de A Pérrez pasear.
Pérrez B que no tiene Pérez A
de ser paseado.
Pérez B que Pérrez se rasca
y piensa:
¡A! ya se B que como Pérez,
Pérrez es.
EXORDIO
Los Hechos Pérez recogen varios hechos, sin incluir Helecho Maltrecho
ni El Hecho de Saberlo, que son hechos básicamente posteriores.
Los Hechos Pérez se remontan a los primeros momentos de la intersección
Pérez/Macromassa, de manera que se incluyen algunos antiguos textos
de tipo precursor o profético, como El Regreso a las Botellas de
Papá Nódulus o Mis Primeros Pasos. La experiencia física
de todo ésto es mucho más compleja y/o difícil de
creer. Por ello, resulta inevitable atenerse en muchas ocasiones a los
vestigios gráficos y semánticos no verbales que particularizan
los hallazgos procesados al margen de la entrevista y los textos.
Ahí comienzan los hechos Pérez...
PROLEGÓMENO
Antes de disfrutar del Submundo, Pérez se dedicaba a explorar
el difícilmente pintoresco territorio de No-Mundo Pérez,
también conocido como No Caídas Totales o Alfa Cinco (en
su variante Aburrido por la Tarde), con sus encantadores nativos, especialmente
los de la variante Absolutamente Convencido, cuya educación personal
y genética les había llevado a una intelectualización
exacerbada que les impedía comprender todo aquello que no podía
ser exacerbado intelectualmente. De ahí provienen estas máximas
y mínimas: "Se me aparece el versículo que hace referencia
a la principal dificultad técnica universal: Luego se va" (palabras
de Pérez a la Unidad Sergio Caolín II durante una complicada
noche) "Me comería la sopa si todo saliera bien" (palabras de la
Unidad Sergio Caolín II a Pérez durante un difícil
mediodía).
La segunda frase la inspiró el curioso sentido de la hospitalidad
mental que muestran los habitantes de las esferas de tipo Alfa. Hospitalidad
Mental no es igual a Comodidad Mental del Anfitrión, diríais.
Sin embargo, para los nativos de Alfa Cinco (en su variante Aburrido por
la Tarde), esas cosas suelen hacerse, establecerse y sucederse a sí
mismas con todo el aplomo del que ese tipo de cosas son capaces.
Puede pasar que ello acarree la pérdida de una oreja. Una irremediable
pérdida que, fatalmente, sumió a Pérez en la ausencia
de su oreja y en la conciencia de la otra.
Las pérdidas de oreja pueden (no siempre) paliarse con sonotones
orgásmicos. No es recomendable usar más de tres ni menos
de uno. Aún así, muchos sonotones orgásmicos contaban
con otros defectos. El principal de ellos, no ser orejas.
INTRODUCCIÓN II
Pérez obtuvo su licencia de mantenimiento de esferas en uno de
los primeros días del otoño de 1.9767; era un día
lluvioso y alegre y las calefacciones extendían el aroma de gas-oil
por toda la ciudad. Cuando el hombre-buzón con el sobre oficial
llamó a la puerta, Pérez trataba de cerrar una ventana para
evitar que escapara la zamploña que le había regalado su
vecino, un socavador de frisgos que viajaba frecuentemente. Abrió
la puerta unos centímetros y atrapó el certificado mientras
la zamploña le miraba, expectante, desde la cortina del salón,
aguardando su paseo diario sin comprender que no sólo llovía
al otro lado de la ventana, sino también más allá
de la puerta.
Extrajo del sobre la llamativa licencia fosforescente y la sostuvo
en las manos. La alegría y la confianza le invadieron, sintiéndose
dispuesto a sobrellevar con entusiasmo las tareas de constatación
de parámetros de fluctuación microtónica y obtener
aspectos referentes que pudieran facilitarle la redacción de los
informes (útiles y convincentes, tal como deben de ser) que, a partir
de su incorporación, debería remitir sin falta, todos los
estiércoles, a Mundo Pérez. Súbitamente motivado,
se imaginó a sí mismo emprendiendo la misión con el
empuje que sólo alguien que acaba de obtener precisamente una licencia
de mantenimiento de esferas, puede desarrollar.
En el pliego oficial se indicaba claramente el punto de destino: Alfa
Cinco. Una esfera, naturalmente, pero no su preferida. Pérez comprendía
que su primer destino fuese uno de los menos apreciados por la colonia
de mantenedores. En cualquier caso, nadie obtenía algo mejor al
principio de su carrera y sólo el mismísimo Uspérez
04 (dejando atrás un desfalco de setecientos mil pelíkanos
de cobre) había podido auto-destinarse a Tranxilila, el paraíso
de los mantenedores de esferas y no exactamente una esfera, sino más
bien un ovoide gaseoso rodeado de estaciones balnearias, cuya población
mayoritaria dice "sí" prácticamente a todo.
La lluvia golpeó el tejado. Dirigiendo una mirada de complicidad
a la zamploña, que ésta no comprendió en absoluto,
Pérez se sirvió un rebobinante y se arrellanó en el
sofá, recordando el momento de su comparecencia ante el Gran Pérez,
unos días antes...
Hasta entonces nunca le habían permitido entrar en la sala de
magnetización. Las llamativas señales romboidales, amarillas
y verdes, mostraban la mano sosteniendo la varilla de forma sinusoidal
e indicaban la prohibición de avanzar a todos aquellos que no poseyeran
el brazalete Darlia o el distintivo Pérez-universal.
Fue introducido por un conserje togado previa exhibición de
su retablo portátil de las cien predicciones de Ateo Mateo y durante
varias horas, le fueron mostrados los diagramas móviles del mantenimiento
de esferas sobre una gran pantalla semicircular que rodeaba la mitad de
la inmensa sala. Cada cinco minutos, un letrero luminoso se encendía,
siempre en un lugar distinto, recordando la definición de "microtonía"
(pequeña mentira dicha al oído).
Para resistir los ronquidos del Gran Pérez, le fueron administrados
diversos compuestos psico-activos en los que predominaban el amoníaco
y el extracto de apio de dos años. Durante toda la sesión
y cada diez minutos, una cebra distinta le secaba el sudor de la frente
y centenares de gemadianos procedentes del sistema Nódulus le sobresaltaban
contínuamente, sacudiéndole del brazo y recordándole
sus nombres...
Pero la licencia ya estaba en sus manos. Ahora debía preparar
el viaje.
En Alfa Cinco, especialmente en la variante Aburrido por la Tarde, la
vida no es difícil (los nativos, especialmente los de la variante
Absolutamente Convencido, no tratan mal a los mantenedores, tan sólo
les causan desconcierto). Aparte de su trabajo, Pérez debía
observar y respetar los usos sociales, comunicarse con Mundo Pérez
una vez a la semana y no gastar mucho dinero del Presupuesto General de
Mantenimiento de Esferas.
Y una cosa más: Horas antes de dejar Mundo Pérez, había
sido citado de nuevo a la sala de concurrencias por el Gran Pérez,
el cual, completamente despierto, se había colocado un sombrero
negro de 72 cm. de diámetro, cubierto por extrañas filigranas
de hilo plateado. Pérez supuso que lo hacía para protegerse
de los intensos focos. A su lado, en la mesa, él mismo hacía
las funciones de secretario, parapetado tras una ventanilla de secretos
portátil dotada de una ingeniosa persiana lateral plegable "3".
Pérez se sentó en la única butaca del pequeño
fideo-teatro, construído en los años en que Uspérez
04 se lucraba a costa de la edificación de auditorios con graves
problemas de acústica. Allí recibió la última
y secreta instrucción, que se transmite sólamente a aquellos
que deben viajar a Alfa Cinco en calidad de Mantenedor de Esferas.
(El Gran Pérez, micrófono en mano, se dirigió
a su único espectador, levantando el ala del sombrero para poder
lanzarle su penetrante mirada, de cafeínico poder):
-Para llenar mentes hermanas y con máscaras que consuelan intelectos,
dormir el sueño de la hétero-vida, hay que despertar de vez
en cuando acompañado por el canto gentil del riachuelo de las novedades,
desperezarse indolente en el domingo mental que todos debemos darnos; acuciar
a los cangrejos que habitan en los libros, perder alguna partida con un
antiguo pensamiento, disfrutar del simulacro. Pero, cuidado, no es
una alfombra de hojas, es un destornillador. Lamentablemente, dicho conocimiento
no debe ser transmitido a los nativos. Ningún habitante de No-Mundo
Pérez puede saber que es un destornillador. ¿Ha comprendido
usted?
-Ahora, tome su libro y entone conmigo el Primer Canto Celular Básico
de Desapetencia (P.C.C.B.D. / XVII) -le indicó el secretario,
mirándole por primera vez.
Pérez extrajo de su bolsillo el Manual Característico
para Concurrencias y buscó la referencia en el índice. Aclarándose
la garganta, declamó con afectación:
-¡Sombras de las estatuas que alfombran las alfombras de hojas
en los paseos de otoño!
-¡Lejana indumentaria! -respondieron los de la mesa.
Los tres se pusieron en pie.
-¡Hipoteca de los dioses que, en racimos, trajiste ángeles
verdes, granos de sol y cazuelas de barro! -continuó Pérez.
-¡Seca nuestra voluntad tu admirable aguja de madera! -cantó
el secretario.El Gran Pérez:
-¡Escondemos a nuestros hijos cuando tú llegas, envueltos
los bolsillos en el aliento húmedo del averno!
Pérez:
-¡La luz toma el color de las moras y éstas, el de la
tierra pálida y el viento taciturno pule las rocas blancas -de un
lugar a otro- a través del negro del cielo, agitado también!
Los tres:
-¿Esperas que creamos en los peligros del bosque metálico
que tus alabanzas construyeron sobre el mar?
El Gran Pérez:
-¿Con medios olvidados abriremos las cáscaras de aquellos
frutos sin alas?
Pérez:
-¿Dan comedores en las cocinas del pan?
El secretario:
-¿Existen los mamuts -aquellos nobles y gentiles peces, orgullo
de las profundidades cristalinas-?
Todos:
-¿Tienes hora, por favor?
(El Primer Canto Celular Básico de Desapetencia (P.C.C.B.D.
/ XVII) ha sido, hasta nuestros días, el mejor antídoto contra
la picadura de berberecho mutante A/F, probablemente la especie más
peligrosa en Alfa Cinco.)
Se sentaron de nuevo. El Gran Pérez estaba prendiendo de su
solapa una diminuta linterna que producía un destello intermitente
rojo. El secretario hizo lo mismo con otra. Permanecieron en silencio durante
cuatro horas aproximadamente, hasta que una de las linternas agotó
su pila. Era la señal para que Pérez abandonase el anfibioteatro
de concurrencias "JAS", según indicaba claramente el manual.
Recordando ésto, Pérez vaciaba su maleta en la trituradora
del apartamento que Mundo Pérez había puesto a su disposición
en Alfa Cinco (capital).
Y pasaron los días. Al principio, no resultó difícil
cumplir con las misiones propias de un inspector de esferas (asfaltar ciervos,
redondear cabezas, afeitar calamares, rellenar valles, investigar asuntos,
observar fenómenos, apaciguar mares, tranquilizar a los cuervos,
ajustar equinoccios, recuperar simas, dormir nubes, apacentar abejas, relanzar
el ecuador como eclíptica verdadera, descongestionar volcanes, llevar
la cuenta de las corrientes, alternar la extinción de las especies,
regularizar los flujos, desnaturalizar los pastos, nevar las montañas
más altas -culminar pasteles-, diversificar la pestilencia, dislocar
escenas, atribuir intermitencias, correr extraños riesgos, permutar
liebres, acicalar conejos, reabsorber panoplias, temporizar países,
irradiar lluvias, cocinar fertilizantes generalizados, empolvar y hojear
escaramuzas inocuas, afianzar gallinas, mangonear algún color, recibir
colofones de sinalefa, telegrafiar cocodrilos, pregonar datos dóricos,
jalonar escalones bajando en espiral, intimar justamente con maderistas
perdigueros, practicar signos forjados mediante jilgueros, menospreciar
lo real, diagramar lo abismal, comer pantalones de cuero artificial, calibrar
pijamas vacíos, escuchar grumos de conversación, oler ecos
almizclados, desbrozar dilemas, exportar importaciones, convencer a las
palmeras de lo que hay a sus espaldas, dar varios paseos por la orilla
del mar, arrinconar las maneras, estriar enredaderas, delimitar cordilleras,
contar pasos de mosca, abrir frutos, estrechar cascadas, iluminar azoteas,
repintar las ventanas de un barco, acompañar estrépitos,
desmayar cornucopias, entrelazar marquesinas, frecuentar conceptos, engañar
palabras o trabajar puntos concretos, dados al azar por un viaje, una mosca
o una servilleta escogida entre un paquete de 100).
Pero también transcurrieron los años y aunque aquello
no era una alfombra de hojas, sino un destornillador, las últimas
palabras del Gran Pérez resonaron de nuevo en su memoria, impecablemente
amplificadas por las turbo-neuronas P.V. y comprendió que lo que
verdaderamente le apetecía era comunicar aquella información
a los alfacincanos. Su vida comenzó a teñirse de aburrimiento.
Al principio, sólo por las mañanas. Más tarde se extendió
a la sobremesa y aunque las noches continuaron siendo interesantes durante
algún tiempo, las tardes habían caído ya en el sopor
conocido como "no es, pero podría serlo".
Cierta noche había regresado tarde, después de tomar
muchos rebobinantes alfacincanos en compañía de algunos nativos
de la variante Definitivamente Desmemoriado y tras emitir el informe habitual,
su auto-test espiral indicó una pérdida de V.G. (Vueltas
de Giro) por quinta noche consecutiva. Alarmado, caminó arriba y
abajo por la habitación del hotel. Después, salió
a la calle. Los alfacincanos, en bañador rojo, nadaban sobre la
calzada, dejándose codos y rodillas en bastante mal estado.
En los días siguientes, realizó tímidos intentos
con algunos personajes de su entorno próximo: "Mira que no es una
alfombra de hojas, que es un destornillador..." le decía a su vecino.
"Cómo dices? ¿Que va a llover?", respondía éste.
Así descubrió que es muy difícil contrariar a los
pobladores de Alfa Cinco, especialmente si no te escuchan.
Sus comunicaciones con Mundo Pérez adquirieron un ritmo endiablado.
Tecleó interminables informes en un tipo de letra muy grande y claro.
Indicaban que era muy peligroso no advertir a los usuarios de la similitud
entre las alfombras de hojas y los destornilladores. Según sus datos,
el consumo de alfombras de hojas resultaba tremendamente saludable y estimulaba
destacadamente la investigación, la comprensión de los cambios
de tiempo y la falta de necesidad de hacer regalos por Navidad. Por otra
parte, el proceso de pérdida de V. G. resultaba ser irreversible.
Había podido notar los efectos sobre sí mismo y estaba muy
preocupado. Todos los informes concluían igual:
"Resulta por demás urgente advertir a los nativos de que no
es una alfombra de hojas, sino un destornillador."
Tras unos días en que no se le vió por ninguna parte,
redactó el que sería su último informe, del que es
conveniente destacar lo siguiente:
"...puede tratarse incluso de una vieja norma, establecida a partir
del descubrimiento de la Principal Dificultad Técnica Universal
(P.D.T.U.) y actualmente inservible o contraproducente. En ese caso, y
siendo evidente que la P.D.T.U. jamás ha sido resuelta, habría
que recordar que ya existen vías alternativas para soslayarla. Es
preciso resolver la contrafase y aventar la transcripción, siempre
rejuvenecedora, del código común."
CAPíTULO I
Durante el año que siguió a los días antes relatados,
Pérez siempre tenía algo interesantísimo que decir
sobre algún tema sin interés. También acostumbraba
a marcharse apresuradamente de las reuniones en las que, como mucho, asentía
y fingía comprender. Por otra parte, su oreja derecha comenzaba
a deteriorarse visiblemente a causa de la pérdida de V.G. ¿Qué
hacer?
Sus facultades extrasensoriales de premonitor variable y perdedor demócrata,
obtenidas junto a su licencia, no le mostraban un futuro muy halagüeño.
Fue entonces cuando redactó en la habitación de su hotel
el que después ha sido considerado como Primer Exhorto Numismático
para Submundiales Sectoriales (P.E.N.S.S.) y que dice así:
"En la candidez y la nesciencia
arrugamos por simpleza
y en las manos nos dejamos
del maxmordón.
Lejos del maxmordón
toda ciencia,
pero la astucia le impregna,
determinando la acción."
Hubo dos consecuencias fundamentales de todo aquello: La primera es
que Pérez perdió su oreja. La oreja se cayó al suelo
y fue dando saltitos hasta acercarse a la ventana y lanzarse por ella;
ya en la calle, trató de ser pisada por los transeúntes.
Al percibir que se acercaba un vehículo blindado, saltó a
la calzada y sucumbió bajo sus ruedas. Pérez asistió
a la escena desde la ventana del hotel.
La otra consecuencia inmediata fue la respuesta de Mundo Pérez
a su P.E.N.S.S. En la pantalla de la terminal podía leerse claramente:
"En su plano dimensional concreto, ésto va a desencadenar un
instantáneo proceso físico muy común, consistente
en la desaparición gradual y muchas veces irreversible de una de
sus orejas. Este proceso, que quizá desde un punto de vista Alfa
Cinco puede no parecer doloroso es, para alguien procedente de Mundo Pérez,
algo terrible y muchas veces inexplicable. Los Submundos nacen teñidos
de esa leve angustia. Puede recoger el suyo en la terminal de correos
dentro de una semana."
"Mundo Pérez le agradece sus servicios y confía en que
no haya dejado pertenencias muy valiosas en él sin extender una
autorización sucesoria. Recuerde que el Submundo es una concesión
vitalicia de Pérez & Pérez de Gran Pérez (Mundo
Pérez)."
Pérez se dijo que la concesión vitalicia del Submundo, era un gesto de Mundo Pérez destinado a preservar su especial atracción sentimental por la particular e indeseable esfera llamada Alfa Cinco pero, en realidad, sabía que se trataba de un mecanismo puramente rutinario desencadenado por la desaparición de su oreja. Lo que en el manual se representa por una imagen de Pérez en mono de trabajo, golpeándose con un martillo en la rodilla derecha.
CAPíTULO II
Afortunadamente (al menos para él), Alfa 5 no era una esfera
olvidada de los Grandes Mundos. Visitantes como él mismo poblaban
las calles, intercambiaban pequeñas magias con los nativos y trataban
de pasar desapercibidos con respecto a las normas básicas expedidas
en sus respectivos Grandes Mundos. Así tropezó con una integrante
de La Universal Instrumentista San Intrépido (L.U.I.S.I.), que hablaba,
vestía vaqueros rotos y tomaba la apariencia de una joven escritora.
Ella se mostraba dispuesta a ayudar, Pérez la invitó a un
café.
-Los caminos desaconsejados lo son en algún momento, pero no
siempre. En ocasiones se muestran útiles, entonces ya no son desaconsejados.
Es decir, hay palabras que cumplen insuficientemente lo que se espera de
ellas. Otras, no sirven absolutamente para nada-, dijo.
-Pues aquí me tienes, sin una oreja y con muy pocas fuerzas
para trazar un plano completo de la esfera e instalar el Submundo. Mis
instrumentos fueron devueltos a Mundo Pérez...
-Vamos, que te has dejado las llaves dentro de casa. ¿La otra
oreja sigue funcionando?.
-Eso parece.
-¿Resulta suficiente para emprender algún tipo de campaña?
¿Un viaje, quizá?
-Probablemente.
-Bien, ahí está. Debes hacer algo. Aquí es difícil
conseguir grandes cosas con esfuerzos inestables. Ya sabes, Alfa Cinco
no es uno de los Grandes Mundos.
Pérez recapacitaba sobre todas estas cosas mientras tomaba su
café enriquecido con cola. Daba vueltas a su cabeza y cada vez que
pasaba ante la desesperante mutilación de su oreja, se sentía
más resuelto a impulsar la estabilización material del Submundo
como solución a lo que estaba sucediendo. Ella siguió hablando:
-Puedes seguir pensando lo mismo. No es demasiado importante lo que
pienses. Mucho mejor si supervisas exactamente aquello que haces. Los esfuerzos
inestables, ya sabes, te devuelven al mismo lugar.
-Ya veo-, dijo Pérez, observando cómo ella comenzaba
a desmaterializarse, difuminándose su imagen y su voz.
-Estaré en la habitación de mi hotel...- oyó decir
ténuemente frente a él, donde una nubecilla de colores pastel
comenzaba a dispersarse.
Algunos de los clientes se giraron desde sus mesas haciendo señas
a Pérez de que todo iba bien y se oyeron por el local palabras de
ánimo. Muchos levantaban sus pulgares en señal de victoria
y colocaban remilgadamente sobre sus rodillas las blancas servilletas de
tela.
-Todos confiamos en usted- oyó decir desde el fondo.
Aturdido, pagó los cafés y salió a la calle.
CAPíTULO III
Pérez abandonó Alfa Cinco a la mañana siguiente
y lo hizo en la forma tradicional: tres comprimidos de C.T. y un litro
de agua.
Naturalmente, Alfa Cinco también desapareció en la forma
habitual: Los objetos adquirieron una ténue inmaterialidad, luego
se mostraron superpuestos a otros miles de objetos, en una danza gestáltica
y vertiginosa. Finalmente, un poste indicador se iluminó con la
frase ģELIJA SU DESTINOī. Pérez tecleó en la base del poste:
GORGAGO. Poco a poco, las familiares formas vegetales de la esfera Gorgago
fueron desplegándose ante él. Exhuberantes verdes entrelazándose
hasta el cielo, devorando el angosto camino nunca seco, llamándole
desde la espesura con mil trinos, gorjeos y anuncios televisivos en extrañas
lenguas guturales. Un pequeño kuli de tres patas aterrizó
delante suyo.
-Bienvenido a Gorgago-, dijo telepáticamente el extraño
animal.
-Gracias-, contestó Pérez, rascándose su única
oreja.
-Ajusta tus capacidades telepáticas, vas a recibir un mensaje.
-Vale.- Pérez trató de concentrar su facultad básica
premonitoria pellizcándose el muslo. Al instante recibió
el mensaje... Una voz suave, terriblemente sensual, le hablaba desde algún
lugar, remoto y a la vez próximo; la región de los Cubos.
La guerra entre Cubos y Tubos dura ya más de cinco chiquillones
de años, basándose fundamentalmente en que si ha continuado
hasta hoy, puede hacerlo hasta mañana o pasado mañana. Al
respecto de ello pueden encontrarse numerosas referencias en el Folklore
de Viaje Pérez, obtenidas por Pérez precisamente en sus viajes
a Gorgago. Pero volvamos a la voz que, penetrando en la mente de Pérez,
estimulaba su córtex temporal izquierdo...
-... Soy la Reina En Sus Cubos. Aprovecho una tregua en la guerra contra
los Tubos para comunicarme contigo, darte la bienvenida a Gorgago (aunque
creo que mi Kuli ya lo ha hecho) y recomendarte que te sientes bajo ese
baobab y te prepares para recibirme en cuerpo y alma. (Ahora mismo llego,
estoy caminando perpendicularmente hacia tí).- Pérez se giró
a ambos lados pero no vio nada. Entonces se acercó a la gigantesca
base del baobab, sentándose junto al Kuli, que había comenzado
a picotear la gruesa corteza. Una llovizna inesperada golpeó las
grandes hojas al lado del camino.
Describir a la Reina En Sus Cubos es algo que no todos consiguen hacer,
al menos de forma que a ella le guste. Resumiendo, se considera de común
aceptación en Gorgago que es hermosa y no muy alta, de pómulos
elevados y cabellos rubios.
-No podemos permanecer mucho tiempo en este lugar, la guerrilla Peng
anda por los alrededores. Tan sólo quiero entregarte ésto...
-la Reina sacó del escote de su vestido rojo una oreja en blanco
y negro- Toma.
-Ehhh...- Pérez no dudó en tender la mano y cogió
entre dos dedos la extraña oreja; de inmediato, comenzó a
sonar "Sólo Pez", una antigua canción de freiduría
que todos los niños conocen en los submundos. La R.E.S.C. prorrumpió
en risas y Pérez examinó el artilugio- Oh, lleva un microchip
-dijo. E inmediatamente, la guerrilla Peng les rodeó, ocupando por
completo el claro de la selva donde se encontraban.
-¡Primero el kuli!-gritó uno.
-¡Os vamos a dar pķal pelo! -gritó otro.
-¡Duro con ellos! -gritó Pérez señalando
a las espaldas de los guerrilleros, mientras un ser de tamaño similar
al de la torre Sáenz de Guadalajara, abría su goteante boca
descomunal, en cuyo interior podían apreciarse los restos semitriturados
de una lavadora automática.
(Es de buena educación no distraer a los que se hallan en aquel
apreciado momento del día en que uno se entrega a reponer fuerzas,
de manera que Pérez y la R.E.S.C. se alejaron unos metros para seguir
hablando sin molestar.)
-Esta oreja sonora que hoy me entregas -dijo Pérez- simbolizará
la creación de la Asociación para el Resurgimiento de la
Gran Oreja Pérez, fundada hoy por los aquí presentes.
El Kuli sacó inmediatamente varios libros de actas, dos plumas
estilográficas, un secante y varios sellos de goma...
-Bien, esta vez lo he averiguado antes del hecho premonitorio en sí
-añadió Pérez.
-Vas progresando -contestó la Reina.
La bestia, que acababa de dar buena cuenta de todos los miembros de
la guerrilla Peng que no habían conseguido escapar, comenzó
su digestión y el sonido de sus procesos metabólicos fue
creciendo hasta convertirse en un aterciopelado acorde de harmonio. Usando
ese tono como guía, Pérez y el Kuli, comenzaron a cantar,
notando cómo el profundo acompañamiento evolucionaba, creando
para su canción una sucesión de acordes que variaban del
modo mayor al menor y viceversa. Mientras la Reina bailaba a un metro de
altura sobre sus cabezas, cantaron:
"Reina en sus cubos
objeto y vive,
sus cubos lloran,
ahora son pertrechos.
Mas sus cubos
ahora comen,
reposan, beben.
Intensamente estrechos.
Reina en sus cubos
objeto y corre,
sus cubos caminan,
ahora son pechos.
Mas sus cubos
aman, comen,
reposan, lloran,
impresionados por sus pechos
que me adoran..."
-Impulsaremos la Asociación para el Resurgimiento de la Gran
Oreja Pérez, como una forma de acelerar trozos inertes de roca gaseosa.
Un trabajo doble, ya que la ficción es un estado de las gentes -concluyó
Pérez.
Más tarde, averiguaría que la oreja de cartón
en la que suena "Sólo Pez" es una auténtica y genuína
llave del Submundo y aún hoy se utiliza con los mejores resultados.
¿Y qué es el Submundo?
Un acceso a intervenir en las esferas privadamente. De hecho, Mundo
Pérez supervisa el mantenimiento de todas las esferas.
Sin embargo, un paseo por Gorgago, un escarceo con la guerrilla Peng
y unas cuantas canciones con la Reina y su kuli representan mucho tiempo
de Alfa Cinco. Muchísimo.
CAPíTULO IV
Pérez regresó a Alfa Cinco, ya que debía encontrar
un lugar donde establecer el Submundo. Durante ese viaje no sucedió
nada relevante que merezca ser explicado aquí. Digamos, sin más,
que Pérez llegó una mañana bastante gris a Alfa Cinco
y vio su fotografía en un centenar de carteles pegados en las calles.
Era un retrato de medio cuerpo, llevaba smoking y sonreía,
con extrema cordialidad, sobre un fondo azul turquesa. Al pie de la fotografía,
el cartel recordaba: "HOY EN LA PALMERA CONSECUENTE". Tocó en su
bolsillo la oreja sonora y la melodía de freiduría
recorrió una porción de atmósfera. Le pareció
que su réplica en el cartel le sonreía, así que le
miró frente a frente y éste le guiñó un ojo.
Sin salir de su asombro, preguntó la fecha a un transeúnte
que vestía traje de fibra óptica, botas de goma y un gracioso
sombrero tirolés. ¡¡¡37 de Glundio de 7.7343!!!,
ello significaba que su estancia en Gorgago se había prolongado...
¡¡¡más de tres chiquillones de años de
Alfa Cinco!!!. Afortunadamente (su tejido neuronal se relajó), debido
a la ley de Prots, se habían producido tres vueltas casi exactas
de Marcador Temporal Cósmico y se encontraba tan sólo cinco
años después de su partida, éso sí, con algunos
cambios imperceptibles que resultan inevitables en los ciclos de M.T.C.,
al producirse en el tejido espacio-temporal variaciones de microglopos,
como por ejemplo la curiosa indumentaria del transeúnte o (éso
esperaba) su misteriosa presencia en cientos de carteles a todo color anunciando
su asistencia a La Palmera Consecuente.
No quería defraudar a la Ley de Prots, así que decidió
comprar una localidad para la función de esa noche. Pensó,
así mismo, que sería bueno crear un departamento en el Submundo
con la finalidad de elaborar Teorías Sobre la Existencia de Sólo
Cinco Dígitos en el Marcador Temporal Cósmico (T.S.E.S.C.D.M.T.C.).
Teniendo en cuenta que los nativos de Alfa Cinco no podían permitirse
el lujo de experimentar la Ley de Prots, ello le serviría, sin duda,
para hacer amigos.
El ticket de La Palmera Consecuente ostentaba un acertado holograma
de él mismo levantando el dedo medio; al frotarlo, decía
"me vas a marear" con una voz muy parecida a la suya. Examinó
la banda de memoria del ticket. "Un buen trabajo", pensó.
Ahora sí resulta de vital importancia relatar lo que sucedió
exactamente en La Palmera Consecuente de Alfa 5. Vamos allá:
La entrada al gran complejo lúdico-publicitario estaba guardada
por cuatro compañías del Ejército Napolitano de Salvación
de Arizona (E.N.S.A.). Más allá de la infranqueable barrera
que formaban, podían verse las cúpulas iluminadas, los lagos
artificiales, el canal y las explanadas atestadas de público que
buscaba emocionado su lugar en la gigantesca grada de 15.000 asientos que
dominaba el anfiteatro de La Palmera Consecuente.
Se acercó al angosto pasillo formado por las tanquetas y guardó
cola hasta el momento de mostrar su ticket y acceder al recinto. Franqueada
la barrera, oyó el comentario de dos soldados a su espalda."¿Has
visto?", dijo uno. "Sí", contestó el otro.
Buscó su localidad.
Una vez acomodado, compró a un repartidor algunas bolsas de
nueces y leyó por encima del hombro de su vecino las noticias en
el periódico, hasta que las luces del inmenso escenario fueron encendiéndose
y el resto del anfiteatro se sumió en la oscuridad. Un violeta desgarrado
crecía en la escena, sin llegar a iluminar un curioso monolito que
se alzaba en el centro. Una nota muy grave hizo temblar los graderíos
de pórex macizo de alta densidad, haciendo desprenderse una sección
completa entre los gritos de pánico de las quinientas personas que
la ocupaban.
En el escenario, cinco bultos comenzaron a crecer alrededor del monolito
central, que ahora iniciaba un proceso de incandescencia por su base. Al
fondo, se iluminó una pantalla gigante multifacetada de unos cincuenta
metros de altura en la que se formó la pregunta: "¿Ciertamente,
Cuándo y Porqué?". La multitud respondió, como una
sóla voz: "Gracias. Espere". En la pantalla apareció una
respuesta: "En Pérez Edero" y el monolito explotó, llevándose
por delante las dos primeras filas de la grada central. Entre el humo,
pareció producirse cierta actividad y al irse disipando, se vió
claramente a Pérez, avanzando hacia el público. Llevaba smoking
y un holo-fondo azul turquesa le acompañaba permanentemente. Al
detenerse, un potente foco recortó su silueta y los cinco bultos
que habían comenzado a elevarse antes, convertidos en cinco saxofonistas
con el traje tradicional melanesio y sombrero de copa, tejieron un acorde
moderadamente horripilante que mantuvieron en respiración circular
mientras Pérez hablaba.
- ¡¡Sé que estáis aquí porque os veo
y también he comprado mis acciones de Fenómenos Ilimitados
S.A. (F.I.S.A.)!!
- ¡¡Bien!! -respondieron los 700.000 espectadores al unísono,
mientras se iniciaba un crescendo de tambores que el poderoso equipo de
sonorización de La Palmera Consecuente lanzó por todas partes,
dejando muy mal paradas a sesenta y cinco personas que habían elegido
un hiper-megadifusor de infra-subgraves como el mejor lugar para presenciar
el espectáculo.
Para el Pérez que se encontraba en la grada, al cual nosotros
conocemos y hemos seguido en sus aventuras hasta La Palmera Consecuente,
aquella situación resultaba, sin duda, extremadamente molesta.
Un hábil cambio de iluminación atrajo la atención
de los espectadores hacia una escena que se iba materializando frente a
ellos. Cubriendo poco a poco a Pérez y los saxofonistas, se iban
revelando una calle y una escalinata que conducía a una misteriosa
puerta, más allá de la cual, un octaedro cuya superficie
parecía formada por estrechas láminas metálicas, se
sostenía por uno de sus vértices y giraba lentamente. La
escena representaba un día claro pero nublado. La calle estaba vacía.
Comenzó a oirse el lejano sonido del motor de un automóvil.
Pérez pudo distinguir como un pre-Pérez unidimensional (conocido
también como Pérez-niño) salía por la puerta
y comenzaba a descender la escalinata. El zumbido del coche aumentaba,
indicando su progresiva proximidad. La multitud contuvo la respiración,
y la respiración contenida de 11600.000 personas crea un silencio
tan profundo que puede oírse rápidamente al que ronca. El
niño bajaba, escalón a escalón; el coche se acercaba;
Pérez sudaba en su butaca pensando que, probablemente, a esas horas
ya habría perdido la fianza de su equipaje en la consigna de la
estación de trolebuses.
Cuando el niño hubo llegado a la calle, dió varios traspiés
y, mareado, cayó de trolebruces al suelo.
Pérez pudo ver, junto a 21768.424 personas más, como
el vehículo de los hermanos Pérez y Pérez avanzaba
lentamente por la calle. Despedido de su asiento por la energía
de resolución Pérez/CGSP, según la siguiente fórmula:
y también según ésta:
2,768.424
Pérez+R.E.S.C.= _______________ ,
Pérezniño
Pérez sobrevoló La Palmera Consecuente.
En tanto ésto sucedía, el coche se acercaba y en su interior,
los hermanos Pérez y Pérez, charlaban como si no advirtiesen
el cuerpo tendido en la calzada, de cuya cabeza se desprendía una
llamativa espiral. El vehículo aceleró y en ese momento,
Pérez llegaba hasta el octaedro y lo detenía posando la mano
suavemente sobre él. Inmediatamente, de los escalones se desplegaron
siete formas planas de antiguos trompetistas U que emitieron una frecuencia
de tipo frecuente que hizo saltar inmediatamente el dispositivo de para-frenado
que todos los automóviles que usan los hermanos Pérez y Pérez
llevan incorporado de fábrica. A su vez, los hermanos Pérez
y Pérez, conectaron el circuito de revocación de señales
para dispositivos de para-frenado con un neutralizador gamma-terciario
de reciente adquisición. Entonces, Pérez, desde la posición
del octaedro, vió claramente un interruptor junto a la puerta: Era
el anulador de neutralizadores gamma-terciarios de circuitos de revocación
de señales para dispositivos de para-frenado, aunque corría
el riesgo de ser contestado por los 71527.632 voltios del ajustador definitivo
de grados de trompeta, que, a su vez, corría el peligro de hacer
girar la energía U en dirección al octaedro, donde se encontraba
Pérez. Por suerte, al otro lado de la puerta, el sub-conscentrador
fosforescente para situaciones de alerta F, brillaba con su inequívoco
color verdoso. Lo pulsó e inmediatamente cayeron al vacío
más de 12.000 espectadores. Ya sólo quedaban 3.000, que esperaban
con impaciencia el final de la batalla, pues llevaban demasiado tiempo
conteniendo la respiración.
Mientras tanto, los hermanos Pérez y Pérez, desarrollaban
procesos necesarios para escapar de los tubos que, estáticos, se
entregaban a la contemplación de un pie del trompetista que se encontraba
más a la izquierda. Pérez fue implacable. Conectando con
ambas manos el solipsizador de vehículos no matriculados, creó
un campo magnético de tipo Ceda el Paso que detuvo finalmente a
los criminales hermanos Pérez y Pérez. Estos salieron huyendo
del coche y se perdieron entre las callejuelas mientras gritaban: ¡Nos
encontraremos en el punto 24! ¡No escaparás, Pérez!.

La multitud respiró, por fin, excepto los 1.750 que habían
fallecido por asfixia.Un hábil cambio de iluminación atrajo
la atención del público hacia una parte del escenario oculta
hasta entonces. Pérez, esta vez con smoking blanco, sonreía
mostrando unos dientes feísimos. Estaba acompañado por dos
bailarinas, cuyos rostros habían sido maquillados para sugerir claros
matices de crueldad, llevaban penachos de estrellas, alzaban los brazos
enfundados en mangas de lentejuelas; plumas y lamé en sus escuetos
modelos, completaban el atuendo. Flanqueaban a Pérez que, micro
en mano, repetía: "Puedo morder una, dos y mil orejas." La música
sonó como un trueno prolongado, profundo... Comenzó a llover.
Pérez, que aún se apoyaba en el octaedro (ahora incandescente),
buscaba con la mirada su micro-paraguas telescópico. En aquel momento,
un rayo de intensa luz azul se abatió del cielo enenegrecido y le
rodeó, chisporroteando, mientras desde el escenario, Pérez
cantaba el gran éxito de la temporada anterior: "...otra vez para
cenar, hadas en las lentejas..."
Sobre la cabeza de Pérez se formó un rabulón de
sincroplast estático. Flotaba sobre él a unos cincuenta centímetros
y le dijo con la característica voz de los rabulones: "Te acompañaré.
No te dejaré. Todos sabrán que hay un rabulón de sincroplast
estático sobre tí y no querrán venderte zampones..."
-Déjame en paz y lárgate -, le interrumpió Pérez.
-"...anaranjados, de los que tanto te gustan. Ni crosquis blandos,
ni tarjetas de albundancia. Ni perros, ni peces, ni pájaros. Soy
tu rabulón-tomate. Soy tu liviana carga de sincroestática
y da gracias de que no sea una vaca..."
-Cállate de una vez - dijo Pérez y entonces recordó
que los rabulones de sincroplast estático son sordos como una tapia,
además de un poco cretinos -¡Marabuntos! ¡Sólo
me faltaba un rabulón! -dijo para sí mismo mientras el de
arriba seguía con su interminable cháchara. Dicho ésto,
descendió la escalinata frotándose la mano que había
mantenido sobre el octaedro.
-"...y los lunes, arroz. Y los martes, al teatro. Supongamos que la
semana tuviese sólo dos días. Arroz y teatro, arroz y teatro,
y así sin parar..."- continuaba el rabulón.
Los setenta y cinco espectadores abandonaban ya el recinto de La Palmera
Consecuente. Estaba amaneciendo y el Pérez del smoking blanco junto
a sus dos bailarinas comenzaban a transformarse en un holo-spot publicitario
de Fenómenos Ilimitados S.A. (F.I.S.A.). Mostrando una cornamenta
de alce adulto, un científico de bata blanca que llevaba diez lápices
portaminas diferentes en el bolsillo superior, recitaba:
-Aquí tienen a Don Marcelo Fan, poco después de su visita
a Fenómenos Ilimitados S.A. Ahora come menos, pero nunca se encontrará
con la desagradable sorpresa de que un rabulón de sincroplast estático
se ha instalado sobre su cabeza.
-Narices -murmuró Pérez mientras abandonaba La Palmera
Consecuente intentando protegerse de la lluvia- Narices y orejas. Váis
a ver lo que hago con vuestro montaje piromántico... -y se encaminó
hacia la estación de trolebuses. Un sol marchito y asustado apareció
en otro lugar, dejando que la lluvia siguiera cayendo en éste.
-...luces y lámparas. Canapés de sirena. Por cierto,
sé cantar. ¿Quieres que te cante?, escucha... -proseguía
el rabulón.
CAPíTULO V
El trolebús 3.502 apenas rozaba el suelo, impulsado por su hélice
multicóptera. Como una mancha anaranjada, avanzaba por la pista
norte en el húmedo y caluroso mediodía, mientras Pérez
disfrutaba en su interior de los 3 grados bajo cero del aire acondicionado
turbo-boca. Una agradable modorra ocasionada por aquella noche de tan intensas
emociones, le sumió en sueños binómicos, como por
ejemplo tortugas ciclistas. Ajeno a lo que desfilaba ante su ventanilla,
no advirtió cómo en sentido contrario y muy despacio, Melanina
regresaba a la ciudad...
La línea 3.502 (un billete muy caro) conduce exclusivamente
a Villa-Grilla de Kndar, el complejo turístico-militar que había
instalado en las afueras el Ejército Unificado del Vaticano (E.U.V.)
unos años antes.
Villa-Grilla de Kndar es conocida también como "la más
clásica de Kndarī"y también como Maria José González,
sobre todo entre los rabulones de sincroplast estáticos, que no
son realmente sordos, como se cree popularmente. Al parecer, sólo
pueden percibir sonidos abstractos, nunca palabras, pero también
se dice que en realidad sólo pueden oirlas cinco años después
de haber sido dichas y a menos que permanezcan todo el tiempo en el mismo
lugar, se pierden partes muy importantes de las conversaciones, con lo
que han alcanzado por especialización la llamada "sordera del rabulón".
Digamos la verdad: No todo son desventajas para el rabulón común.
Sin ir más lejos, su especial facultad telepática le hace
muy apreciado en el asteroide danés Borgoña. El rabulón
verbaliza mecánicamente y sin alteración todos los pensamientos
del organismo simbiotizado, a condición de que éste pronuncie
enérgicamente las palabras "alcachofa, ahora". Como el rabulón
nunca le explica ésto a su anfitrión de turno, dicha facultad
permanece oculta y desconocida para la mayoría de los humanos.
-¡Alcachofa, ahora!- dijo Pérez, despertándose
de improviso. Inmediatamente, en el interior del rabulón se produjo
un cambio orgánico fundamental, que éste experimentó
como una agradable sensación de calor que iba extendiénse
por todo su organismo, cambiando su micrometabolismo a medida que lo recorría.
Entonces comenzó a pensar. Por primera vez en toda su existencia,
Rabulón Corc II Jiménez pensaba y ello le permitía
callar. Estaba callado sin estar dormido y su anfitrión había
despertado ya. ¿No era una situación maravillosa?. Se afanó
por deliberar. El sentido del universo, su condición rabulónica,
la integridad e infinitud de la materia, el caos del mundo y la cosmología
rabulónica, pasaron por su mente. Siguió especulando con
vehemencia, no fuera a ser que aquel estado de conciencia rabulónica
se volatilizase. Decidió comenzar cuanto antes los estudios de cosmografía,
geografía y fundamentos del sincroplast. En el punto de partida
de su profundización filosófica, aceptaría provisionalmente
como válida la teoría de Rabulón Chek IV González,
sobre la existencia de un Rabulón Extra Pensante de sincroplast
móvil...
"Aquí hay algo que no encaja", reflexionó Pérez,
ya definitivamente despierto.
-Aquí hay algo que no encaja- dijo inmediatamente el rabulón.
Ambos se quedaron muy sorprendidos.
"¡Pulgas!, este rabulón además es telépata",
pensó Pérez.
"Caramba, puedo seguir con mis disquisiciones aunque el humano ande
con las suyas", dedujo el rabulón, mientras exclamaba:
-¡Pulgas!, este rabulón además es telépata-
"cielos", advirtió, "si el tipo no habla, me convierto en su altavoz."-Oye,
rabulón, ¿qué pretendes?- interrogó Pérez.
El rabulón permaneció en silencio.
-parece ser que nos hallamos en contrafase -continuó-
¿Sabes?.
"Parlotea lo que pienso, qué desastre!", pensó.
"...rara avis in esferis, la mónada rabulónica, unitaria,
única, indivisa y homogénea, que desarrolla el envoltorio
de sincroplast..." meditaba el rabulón en aquel momento, aunque
no pudo evitar anunciar mecánicamente en voz alta: -Parlotea lo
que pienso, qué desastre!!- varios pasajeros se giraron desde sus
asientos para ver al rabulón.
-De acuerdo, -murmuró Pérez- hablaré todo el tiempo,
así no podrás repetir mis pensamientos. Caramba, me he convertido
en un rabulón, lo que me faltaba...
El aterrizaje del trolebús fue perfecto. Pérez atravesaba
la pista de la estación de Villa-Grilla mientras iba gastando frases:
-...la verdad, todo ésto no tiene mucho sentido, es un asco.-
"soy un rabulón estúpido", pensó.
-Soy un rabulón estúpido- dijo el rabulón, mientras
cavilaba acerca de la quinta esencia sincroplástica y el fundamento
individualista de la sociedad rabulona.
-Soy un rabulón cara de mona culo de foca- se oyó decir,
quedándose muy sorprendido. Abandonó sus cavilaciones. -Rabulón
cara de culo, ése soy yo- pronunció claramente.
-¿Ves lo que puedo hacerte? Eres el rabulón más
pesado que he conocido.
El rabulón, muy alicaído, se dispuso a elaborar el concepto
del estigma rabulónico del conocimiento sincroplástico, mientras
llegaban al vestíbulo y pasaban ante el mostrador de la aduana de
Kndar (Villa-Grilla es ciudad fronteriza).
-¿Llevan con ustedes su equipaje?- preguntó el agente.
"Hola, soy un rabulón", se concentró Pérez.
-Hola, soy un rabulón-,saludó el rabulón.
-Encantado, rabulón. Eres el primer rabulón capaz de
conversar que conozco. Increíble.- dijo el agente, maravillado.
-¡Soy un rabulón de sincroplast estático, aduanero
cara de culo. Cómete un moco!
-Discúlpele- intervino Pérez- le llevamos a una clínica
de re-educación. Es un experimento del gobierno, ¿comprende?
-Está bien, circulen, usted y su rabulón estúpido.
-¡Pies de pato!-, iba diciendo el rabulón mientras se
alejaban del mostrador y salían a la Avenida de las Vías
Respiratorias, principal arteria rápida de la ciudad.
-¡Pegote sin cabeza!- gritaba el aduanero.
-Ahora, al hotel- dijo animado el rabulón, mientras Pérez
hacía señas a un taxi.
CAPíTULO VI
El Kndar Benvenuti era algo mayor que un hotel clásico. De hecho, ocupaba prácticamente una cuarta parte de la ciudad debido, principalmente, a la extraordinaria extensión de las pistas de floton, el deporte nacional en Kndar y una manera ciertamente arriesgada de divertirse.
RESUMEN DE LAS REGLAS DEL JUEGO DEL FLOTON
1. La Pista
Una pista de floton es una cinta de áspirex de tres kilómetros
de longitud y entre un metro y un metro y medio de anchura. En su punto
de partida, está equipada con un captor gamma de flotos geométricos.
Al otro extremo se encuentran el marcador y la cabina de los jueces, así
como un agradable restaurante con terrenos ajardinados a su alrededor.
En el kilómetro 2,678 se encuentra la posición de juego,
lugar en el que los flotos alcanzan la velocidad de 350 kilómetros
por hora y viajan a un metro de altura sobre el áspirex.
2. Jugadores
Los jugadores son dos y se sitúan uno a cada lado de la pista,
de manera que quedan uno frente a otro. Ambos van equipados con un par
de paletas Gemsho-fotofóbicas reglamentarias.
3. Reglamento
a) inicio del juego
Se considera comenzado el partido cuando el sensor ubicado en la posición
de juego advierte al juez que activa el captor gamma en el kilómetro
cero, de que los participantes se encuentran en sus marcas; de todas maneras,
el captor gamma no atrae flotos geométricos hasta transcurridos
unos quince minutos.
b) anulación de los flotos
Los flotos deben anularse con una sóla pala en cada jugada,
simplemente interponiéndola en su trayectoria, al subir y bajar
los brazos verticalmente. Desarrollar una fuerza en el sentido contrario
del flujo de los flotos equivale a partirse el brazo, de manera que esta
incorrección no está penalizada.
Cada floto anulado emite una señal de radio que se computa en
la cabina de jueces mediante un Difractor Adelantado Richardson, versión
muy avanzada del clásico Difractor Buñuelo Richardson, una
masa proteínica altamente inteligente y genéticamente preparada
para percibir la desaparición de flotos en un radio de cinco kilómetros
reflejándolo mediante leves descargas eléctricas. Gracias
a la versión Adelantado, que está bipolarizada proto-encefálicamente,
pueden participar dos jugadores a la vez, compitiendo en tiempo real.
c) Flotos libres
Los flotos no anulados se realimentan en la pista y regresan a velocidades
superiores a los 500 kilómetros por hora para ser finalmente absorbidos
por el captor gamma.
El impacto de un floto libre sobre el brazo o la muñeca es imposible,
porque a su regreso, los flotos utilizan el radar geométrico y esquivan
a los jugadores; sin embargo, cada floto libre que, circulando en sentido
contrario por la pista de floton, no sea anulado en segunda opción
por el jugador, conlleva la adquisición obligatoria de un bungalow
en el complejo hotelero de Villa-Grilla Los Lagos, lo cual viene a costar,
al cambio actual, seis chiquillones de pilastras. Naturalmente, muchos
jugadores, viéndose arruinados, golpean lateralmente al primer floto
que pasa, rompiéndose el brazo y ocasionando la anulación
del partido.
Si no se desean efectuar inmediatamente las compras de los bungalows
adjudicados, mediante tele-tarjeta o secretario robot, deben anotarse cien
puntos-no. Estos puntos se van acumulando y restando simultáneamente
de los puntos positivos ganados (150 por floto anulado) en el marcador
del kilómetro 3, donde el Difractor lleva ambos cómputos,
quedándole aún capacidad para emitir noticiarios, anuncios
publicitarios y tablas gimnásticas por otros cinco canales, que
los sponsors alquilan habitualmente a la federación Kndariana de
Floton.
d) final del juego
El juego concluye cuando el primer jugador llega a siete millones de
puntos. El perdedor contabiliza sus compras y efectúa sus pagos,
excepto cuando su solvencia no alcanza los compromisos contraídos;
en tal caso, es enjuiciado por la inflexible ley de Kndar.
CAPíTULO VII
En la habitación 645 del Kndar Benvenutti, Pérez reflexionaba
mientras el rabulón cotorreaba fielmente dichas ponderaciones:
-...Villa-Grilla de Kndar es el refugio de uno de los hermanos Pérez.
Sebasióstomo Pérez, el zurdo. Campeón de floton en
los últimos tres años. Me enfrentaré a él.-
Marcó el número de la centralita en el teléfono de
la mesilla... -seis,cinco, cero, cero- dijo el rabulón.
-Centralita, diga.
-Me interesan las inscripciones para el abierto de floton.
-Puede obtener la información en la terminal informática
de su habitación.
-Gracias!
Efectivamente, podía inscribirse para un partido preliminar
de floton y otro clasificatorio presentando el resguardo de su registro
en el hotel. Estaba permitido, así mismo, elegir oponente. Examinó
la lista de cincuenta y siete mil nombres...
"Pérez Gordobonde, Sebasióstomo".
-Pérez Gordobonde, Sebasióstomo- explicó el rabulón,
mientras desarrollaba mentalmente una ecuación lógica.
"Calle del planeta Gorgago, número ocho. Kndar, sima treinta
y siete."
-Calle del planeta Gorgago, número ocho. Kndar, sima treinte
y siete.- añadió inmediatamente el rabulón, al tiempo
que desentrañaba la ley de la sincroplasticidad estática,
fundamento de la bio-termología cortical rabulónica.
Tecleando en la terminal, Pérez encontró el tablero de
desafíos, después se inscribió dando su número
Bor-Pa y tomó nota de la pista, hora y lugar que se le habían
adjudicado. Finalmente, el rostro de una joven de rasgos orientales apareció
en la pantalla y dijo: -Frudesa. - El terminal quedó en negro. El
rabulón exclamó: -¡Córcholis kndarianas, voy
a machacar a Sebasióstomo!
-Pista Sabalar de Floton Profesional- advertía con desparpajo
y algo de acento seemundés el panel parlante -Trece horas cuarenta
y cuatro minutos. Dieciocho de martes de 1.9768. Pérez contra Sebasióstomo
Pérez Gordobonde. Floton a treinta mil flotos sin límite
de tiempo. Cinco minutos para el comienzo.
-¡Glups!- dijo el rabulón mientras franqueaban la entrada
de la pista.
Pérez dió su identificación al juez gamma del
kilómetro cero y éste le ofreció las palas Gemsho.
-Diríjase a la línea de juego, su antagonista ha partido
hace unos minutos.- En efecto, una silueta caminaba delante suyo: El primero
de los hermanos Pérez.
Durante el trayecto, Pérez procuró monologar sin descanso,
pues debía mantener al rabulón en silencio, relajado y absorto
en sus pensamientos. Cuando llegaron a la posición de juego, Pérez
les aguardaba ya. El rabulón dijo:
-Bonito día, ¿no cree?
-Excesivamente caluroso- contestó Sebasióstomo algo desconcertado.
-Pero, ¿acaso no le gusta tomar el sol?
-Eh... yo... bueno, ¿qué demonios le pasa a este rabulón?
-se alimenta exclusivamente de queso- explicó Pérez.
-Como queso y bebo cerveza, tío.-Increíble...
El primer floto pasó a trescientos kilómetros por hora,
a un metro de altura sobre la angosta pista de áspirex. Una exhalación
zumbante. Ninguno de los dos había colocado aún sus palas
en posición reglamentaria.
-Orejas!- exclamó el rabulón. El floto regresó
a quinientos kilómetros por hora y Pérez descendió
la pala izquierda, haciendo que el floto la esquivase. Este se detuvo un
instante e iluminándose llamativamente, expulsó un tarjetón
de color rosa que cayó a los pies de Sebasióstomo. A continuación,
el floto salió disparado hacia el ansiado captor gamma. El tarjetón
llevaba escrito: ģ
"cien puntos-no".
En las seis horas siguientes, Sebasióstomo Pérez llegó
a batir el récord de propiedades en Villa-Grilla Los Lagos, zona
residencial absolutamente degradada por la acción de los floto-especuladores
y convertida ya en un laberinto de corredores que pertenecen a siempre
distintos y cambiantes propietarios. El rabulón, desencadenada su
verborrea por los pensamientos ventriloquistas de Pérez, aturdió
a Sebasióstomo (enemigo número 11 de Pérez)
haste sumirle en el no-flotismo total, una suerte de desconcierto similar
al que se apodera de nosotros cuando los flotos pasan sin cesar a velocidades
superiores a nuestras posibilidades locomotivas.
Ante la inmediata derrota, Sebasióstomo trató de atacar
al rabulón con una pala Gemsho, lanzándosela de forma totalmente
antirreglamentaria, pero un floto la detectó, se desvió hacia
él y dejó caer el tarjetón de 100.000.000 de puntos-no,
la penalización más alta conseguida en floton libre desde
que el Dalai Lama de las Iglesias de Mozambique hubo de hacerse la cirugía
estética en la misma pista de juego para no ser reconocido a la
salida, cosa que consiguió sin problemas gracias al sofisticadísimo
quirófano personal que siempre le acompañaba.
En el argot de los jugadores de floton, Sebasióstomoīhizo flotar
su toalla a través de sus vías respiratorias superioresī
por lo que un helicóptero de la federación de floton sobrevoló
inmediatamente la zona para evitar que se repitiese el caso del cirujano.
Por desgracia para él, Sebasióstomo Pérez sólo
llevaba consigo un radio transmisor de frecuencia bifónica y apenas
logró comunicar con su hermano Felicióstomo Pérez,
el diestro, que desde Alfa Cinco orquestaba la Maniobra Definitiva Anti-Pérez
(M.D.A.P.). Cuando fue aprehendido por los floto-jueces, éstos enarbolaban
una cartulina con la anotación optativa rara segunda de la legislación
paralela para asuntos menores de Villa Grilla de Kndar (totalmente ajena
a la propia legislación general kndariana y sensiblemente opuesta
a este tipo de anotaciones) que especificaba que todo aquél que
resultase incapacitado para asumir los gastos generados por sus compras
de bungalows en el juego del floton, debería cumplir inmediatamente
una condena inapelable de quinientos chiquillones de años de trabajos
en la Agrupación de Jardineros del Autozoo de Villa Grilla... Ello
significaba la eliminación definitiva de uno de los dos hermanos
Pérez y una pausa para Pérez, durante la que se podría
duchar, descansar, comer y llamar por teléfono a la Oficina de Objetos
Perdidos de Alfa Cinco para ver si su equipaje olvidado en la consigna
de la estación de trolebuses se encontraba todavía allí.

De regreso al hotel, Pérez se hallaba demasiado absorto en sus
pensamientos para evitar que el rabulón fuese proclamándolos
a los cuatro vientos, de manera que entraron al edificio mientras el rabulón
comentaba:
-Esto significa la eliminación definitiva de uno de los dos
hermanos Pérez y una pausa para mí, durante la que me podré
duchar, descansar, comer y llamar por teléfono a la Oficina de Objetos
Perdidos de Alfa Cinco para ver si mi equipaje olvidado en la consigna
de la estación de trolebuses se encuentra todavía allí
por palotera suerte...
CAPíTULO VIII
El vestíbulo del hotel presentaba aquella noche una apariencia
algo distinta. Sin ir más lejos, las plantas decorativas que había
junto a cada columna, las cubrían ahora por completo. El suelo presentaba
un aspecto bastante deplorable, lleno de musgo y caracoles. Del techo colgaban
algunas tímidas lianas pero las paredes eran presa de un decidido
grupo de trepadoras. Se respiraba humedad y perfume de flores muy salvajes.
En algún lugar parloteaba un grupo de cotorras. Pérez se
rascó la barbilla. El rabulón dijo:
-Atiza.
Un pequeño kuli de tres patas aterrizó delante suyo.
-Bienvenidos al Hotel Kndar Gorgago-, dijo telepáticamente el
extraño animal.
-Gracias-, contestó Pérez, rascándose su única
oreja.
-Ajusta tus capacidades telepáticas, vas a recibir un mensaje.-Vale.-
Pérez trató de concentrar su facultad básica premonitoria
pellizcándose el muslo. Al instante recibió el mensaje...
Una voz suave, terriblemente sensual, le hablaba desde algún lugar,
remoto y a la vez próximo; la suite presidencial, en el sexto piso.
-... Soy la Reina En Sus Cubos. Aprovecho una tregua en la guerra contra
los Tubos para comunicarme contigo, darte la bienvenida a la nueva embajada
de Gorgago en Kndar (aunque creo que mi Kuli ya lo ha hecho) y recomendarte
que te sientes en el cómodo sillón tapizado de cuero que
hay bajo aquella planta y te prepares para recibirme en cuerpo y alma.
(Ahora mismo llego, estoy caminando perpendicularmente hacia tí).-
Pérez se giró hacia ambos lados, pero no vio nada. Se arrellanó
en el húmedo sofá, sentándose junto al Kuli, que había
comenzado a picotear la tapicería. Una llovizna inesperada golpeó
los grandes ventanales del hotel.
La Reina En Sus Cubos ya ha sido descrita sin mucho éxito en
estas mismas páginas, recordemos que ahora dirá:
-No podemos permanecer mucho tiempo en este lugar, la guerrilla Peng
anda por los alrededores. Tan sólo quiero que me devuelvas algo
que ya no necesitarás...
Pérez sacó de su bolsa de flotista la oreja de papel
en blanco y negro- Toma.
-Ajá- La R.E.S.C. no dudó en tender la mano y la cogió
entre dos dedos; de inmediato, comenzó a sonar "Sólo Pez"
. La R.E.S.C. no pudo contener su risa y el rabulón dijo:
- Vaya, lleva un microchip. Por cierto, aquí hay algo que me
molesta.
-¡Nódulus!- exclamó Pérez. En el lugar donde
había estado su oreja perdida, algo se removía y crecía.
Era, evidentemente, una oreja que se desplegaba poco a poco, carnosa y
sonrosada, aún joven. Aumentaba y se desenvolvía.
-¡Qué asco!- dijo el rabulón y de un salto se plantó
encima del mostrador de recepción.-¡Caramba!
Ante el alarde de expresividad desplegado por ambos, la Reina En Sus
Cubos les habló así:
-Sí, rabulón. Ya no eres un rabulón de sincroplast
estático. La oreja de Pérez está creciendo y en pocas
horas adquirirá un aspecto consecuente y espigado.
Habéis trabajado duro para vencer a Sebasióstomo Pérez.
Por suerte para vosotros, determinados detalles de física general,
que se expresan por ésta fórmula:
D=Er + Pérez/Pérez x 2,
han producido en vosotros estas transformaciones tan llamativas. Ahora, rabulón, serás un rabulón de sincroplast móvil, sabio y viajero; no dudo que sabrás pasártelo bien sin ser muy pesado. En cuanto a tí, Pérez, debes regresar a Alfa Cinco, porque allí están ocurriendo cosas que no te convienen y que se expresan mediante esta fórmula:
2,768.424
Pérez+R.E.S.C.= _______________
Pérezniño
Toma -prosiguió- es mejor que guardes esta oreja en la Fundación
de la Asociación para el Resurgimiento de la Gran Oreja Pérez
que tienes intención de promover. Yo no sabría qué
hacer con ella- Pérez recogió la oreja de su mano -la humedad
le sienta muy mal al papel-; sonó "Sólo Pez" .
-Puedo usarla como llave para el Submundo.
-Buena idea- dijo el rabulón e, inmediatamente, la guerrilla
Peng les rodeó, ocupando por completo el vestíbulo del hotel.
-¡Primero el kuli!-gritó uno.
-¡¡Guardadme el otro bicho! -gritó otro.
-¡Gracias, algún día os devolveremos el favor!
-gritó Pérez dirigiéndose a cinco feroces sapos gigantes
de Gorgago que se encontraban a las espaldas de los guerrilleros.
A los sapos gigantes de Gorgago les encanta pelear y tienen una primitiva
organización social basada en las peleas del sábado por la
tarde, donde intervienen cientos de individuos a la vez, identificándose
con lacitos de distintos colores. En aquella ocasión, trataron de
hacerse comprender por señas ante los guerrilleros de que debían
formarse inmediatamente los equipos de lucha ritual para extranjeros y
como no fueron claramente comprendidos, trataron de explicarse a tortazos,
lo que puso en fuga a la guerrilla Peng. (Pérez y la R.E.S.C. se
alejaron unos metros para seguir hablando sin molestar.)
-Esta oreja sonora que hoy me entregas -dijo Pérez- simbolizará
el establecimiento de la Asociación para el Resurgimiento de la
Gran Oreja Pérez, fundada en el capítulo III por los aquí
presentes.
El rabulón preguntó:
-¿Puedo ser testigo?
El Kuli sacó inmediatamente sus libros de actas, una pluma estilográfica,
un secante y varios sellos de goma...
-Debemos ir a descansar cuanto antes- añadió Pérez.
-Puedes hacerlo en la suite vegetal- sugirió ella.
-Es lo mejor que me han propuesto en un chiquillón de tiempo-
respondió él.
-Aunque mi nueva constitución de sincroplast móvil me
permite decir lo que se me antoja sin tener que repetir todo lo que piensa
el Sr. Pérez, en esta ocasión debo remarcar que es lo mejor
que le han propuesto en un meta-chiquillón de años- dijo
el rabulón mientras firmaba en el libro de actas.
-Y ahora, aceleremos trozos inertes de roca gaseosa- concluyó
la Reina.
CAPíTULO IX
A la mañana siguiente, descendieron la escalera cubierta de hiedra
y abandonaron la embajada de Gorgago. Una llamada del centro de detección
de topos les había levantado muy pronto y un vehículo-desayuno
les aguardaba con impaciencia. La camarera les explicó, mientras
servía té muy cargado, de la llegada de un comunicado urgente
advirtiendo que iban a posicionarse algunos topos pardos irregulares, un
tipo de animal volcánico extremadamente sociable que visita Alfa
Cinco procedente del sistema Nódulus, sólo en días
azules y en forma de familias enteras.
-Al principio son muy pequeños- dijo el rabulón, que
en su nueva condición de rabulón de sincroplast móvil,
había optado por remitirse a la experiencia sensorial para comunicarse
con el resto de seres vivos.
-Los radares del centro de detección de topos se activaron anoche-
añadió la camarera.
-Cuando llegan, siempre lo hacen por aire- añadió el
rabulón- suelen ser topos y casi nunca dextrotopos.
-Eres un rabulón móvil bastante pesado- dijo Pérez,
que solía estar de mal humor cuando había dormido poco.
-No peso más de tres kilobastos.
-Me pregunto que querrán esos topos y porqué han pedido
mi presencia en el topo-puerto.
-No te alarmes, los topos sólo conocen el comercio de tortugas
como forma de relación social.
-¿Y si son dextrotopos?
-Nada más hicieron acto de presencia cuando el Dalai Lama de
las Iglesias de Mozambique protagonizó aquél famoso escándalo-
intervino el conductor del vehículo-desayuno, que escuchaba con
atención lo que decían.
-Y tan sólo le pidieron un autógrafo a Garrapatón
García, el vencedor...-continuó el rabulón.
-exacto.
Llegaron a su destino, que no era sino el topo-puerto municipal.
En la torre de control, a donde fueron conducidos, el radar indicaba
topos en toda el área del topo-puerto. Pérez inició
un ejercicio mental muy popular en Mundo Pérez, consistente en imaginar
una serie de señales de tráfico a lo largo de una calzada
que asciende hasta lanzarte al vacío en un prototipo de furgón
que sólo perciben algunos (dotado de jeroglíficos laterales)
hasta ejecutar, desde la cabeza, el salto L-mochuelo sin rozar el asteroide
danés Borgoña, en apenas unos segundos. Se trata de un ejercicio
altamente recomendable en situaciones de tensión extrema.

Los topos aterrizaron prácticamente todos a la vez. Temblaron
un poco, como tocino de cielo y se derritieron sin decir esta membrana
es mía. En el lugar de cada uno, quedó un charquito de materia
altamente tóxica y un tarjetón idéntico que decía
en toponimés: "Fantástico, el último partido retransmitido.
¿El ganador podría firmar unos autógrafos en estos
tarjetones y dejar que nuestras esporas originasen en el tiempo nuevos
topos que los trasladasen a nuestra esfera Adelaida?"
Pérez, conmovido, accedió y firmó los tarjetones
con letra grande y clara, retirándose al hotel nuevamente. Había
llegado el momento de regresar a Alfa Cinco.
En el hotel, todo parecía haber retrocedido al día de
su llegada. En el vestíbulo, impecablemente limpio, brillaban los
suelos de mármol y las columnas doradas reflejaban la luz que llegaba
de los amplios ventanales. El conserje hojeaba descuidadamente el periódico
del día.
-¡Ah!, buenos días, señor Pérez. Enhorabuena,
es usted una celebridad mundial. Vea el periódico- dijo al advertir
su llegada.
-Gracias. ¿Ha abandonado el hotel la delegación de Gorgago?
-Sin duda, señor. A la Reina no pareció gustarle excesivamente
la tapicería del ascensor.
-Comprendo. Prepare la cuenta, partimos en una hora.
-Cómo no, señor.
En la habitación todo parecía en orden, incluída
la representante de La Universal Instrumentista San Intrépido que
aguardaba en el silloncito de la alcoba. El rabulón, dijo al entrar:
-¡Cebollas!, una integrante de La Universal Instrumentista San
Intrépido en traje de camuflaje- y ciertamente, aquella forma tranquilizadora
correspondía a la misteriosa confidente que conoció poco
antes de viajar a Gorgago.
-Siempre nos encontramos en vísperas de cambios.
-Cierto- dijo Pérez -esta tarde marcho para Alfa Cinco.
-Viaje interesante, desde luego.
-Bah, unos asuntillos sin importancia...
-Debes estar preparado para lo que te vas a encontrar. Alguien te desea
un mal tremendo: Ser él lo que tú eres. Mal para tí.
Mal para él...
-Es muy cierto lo que dice- apuntó el rabulón.
Pérez se sentó en la cama y alargó el brazo hasta
el teléfono de la mesilla.
-Póngame con la estación de trolebuses.
-No!- interrumpió la representante de La Universal- Debes volver
a Alfa Cinco en Tubo Domesticado Civil.
-¡Tengo vértigo!- respondió Pérez.
-Sólo en el tubo-puerto tenemos amigos de confianza que pueden
permitir tu partida. Te esperan en todos los complejos turístico-militares
fronterizos.
-¡Piloches!- exclamó el rabulón.
CAPíTULO X
En el tubo-puerto reinaba gran actividad. Los tubos expedían sin cesar viajeros nerviosos y recogían a otros muy mareados, alternando la posición de sus brazos mecánicos con la monotonía que sólo un tubo puede imprimir a sus actos.
BREVE DESCRIPCIóN DE LOS FUNDAMENTOS DEL TUBO-VIAJE Y LA LEY DE TUBO IMPAR.
Un tubo es un cable temporal casual o Trozo de Universo Blando Objetivado.
El primero fue detectado por Ramón Cuarento, el especialista en
físicas poco agraciadas. El tubo une un lugar con otro caprichosamente,
a menos que se le fije en ambos extremos con sendos auto-boches.
Un auto-boche es un autómata de cinco metros de altura cuyos
brazos señalizan las frecuencias de entradas y salidas del tubo,
que desemboca en su mismísimo estómago. Por dicha entrada
circular se puede ver constantemente una imágen del auto-boche de
destino en actitud de animar a los viajeros.
Ello resulta necesario porque el tubo-viaje es una experiencia especialmente
desagradable. En primer lugar, no se ven las paredes del tubo, es decir,
es completamente transparente. Además es elástico y por naturaleza
inquieto, y se retuerce constantemente, atrapado en sus extremos por los
auto-boches. El vértigo que produce caminar aparentemente suspendido
en el Universo Blando, es tremendo. Por otra parte, en esa región
objetiva habita el Glo-Ki, pavo primigenio de extraordinarias dimensiones
que observa a quienes atraviesan el tubo, aún siendo para él
muy pequeños, y suele acercarse a ellos con sigilo, sobre sus garras
rugosas y un poco sucias, para darles unos sustos tremendos.
El tubo-viaje dura seis horas a pie, dos en bicicleta y como se puede
apreciar, no es muy agradable.

La ley de Tubo Impar dice, resumidamente, que el número de tubos que se instalen en los tubo-puertos debe ser siempre impar y si su número es par, uno de ellos, siempre aleatoriamente, se auto-inutilizará en plena función de transporte.
Tras despedirse del rabulón, Pérez alquiló una bicicleta y llegó a Alfa Cinco cuando anochecía. Por el camino había estado muy atento a las sacudidas del tubo y las posibles visitas del Glo-ki. También reflexionó acerca de las leyendas que se atribuían popularmente a los tubos desde su descubrimiento. Por ejemplo, se afirmaba que las naves que en ocasiones surcaban la negrura que rodea el tubo, provenían de Calixto 4, trans-dimensionalizado al Universo Blando. También se decía que más allá de Calixto 4 había un Gran Antílope-Gamuza Violeta, mítico por la exudación de su vejiga. En Calixto 4, de hecho, toda la religión se había basado en este axioma durante siglos... Y pensando en estas cosas, pedaleó tranquilo hasta su llegada, procurando no mirar hacia afuera.

Al salir del tubo pudo advertir el excesivo silencio, una quietud que
no corresponde a un tubo-puerto. Acostumbrando sus ojos a la luz rojiza
de la pista de desembarque, comenzó a distinguir las sombras densas
de las tanquetas y los hombres expectantes que rodeaban por completo la
terminal. Eran las unidades del Ejército Napolitano de Salvación
de Arizona, apostadas estratégicamente en un radio de una veintena
de metros en torno al auto-boche por el que acababa de salir.
Caminó en dirección a un grupo de soldados. Uno de ellos
se adelantó, mostrando la señal fosforescente de parada inmediata
obligatoria en la palma de su mano izquierda. Esta señal en forma
de "P", se implanta en los soldados jóvenes a la edad de 5 años
y resulta adecuada. Mucho más, por ejemplo, que las anteriores señales
sólidas de parada inmediata obligatoria, construidas en acero colado
e implantadas quirúrgicamente en el momento de ingresar en el E.N.S.A.
-¡Alto!- dijo el suboficial -no se permite llegar hasta la zona
de cafetería sin identificarse.
-Aquí está mi tarjeta de control de simpatía,
mi diploma de campeón mundial de Floton, mi peine y mi célula
de vecindad como inspector de esferas.
-Gracias. Espérez.
El oficial agarró los documentos y salió corriendo en
dirección opuesta mientras gritaba:
-¡Es Pérez! ¡A por él!
Todos se dirigieron hacia Pérez, calzándose sus guantes
en forma de F, tremendamente enfadados, pues aquella noche emitían
un partido de Floton en micro-televisión.
Corrió en círculo hasta que le rodearon a pocos metros
de distancia.
El general que había huído con su cartera se abrió
paso entre las tanquetas y dijo:
-¡Persíganle!.
Poco a poco, la tropa fue dejando libre un corredor por el que le conminaban
a pasar. Cuando estuvo definitivamente abierto, Pérez no se lo pensó
dos peces y echó a correr en dirección a la cafetería.
Todos le persiguieron.
En la cafetería del tubo-puerto de Alfa Cinco, unas pocas personas
dormitaban frente a sus cafés fríos. Treinta camareros jugaban
al golf-enjuto en el pasillo de los servicios. Sonaba un éxito de
varios años antes: "Atención, advertencia sin importancia",
interpretado por los coros del ex-Ejército Amenizado de Salvación
para Travestidos Estuprados por Ancianas en la Cafetería de la Estación
de Autobuses de Villa-Grilla (E.A.S.T.E.A.C.E.F.G.), disueltos a
raíz de las pocas ventas de su siguiente disco: "Atención,
advertencia importante", cuya primera estrofa decía "Diecinueve
horas siete minutos cuarenta segundos, biiip". Las desconchadas paredes
estaban cubiertas caprichosamente por reproducciones gigantes de las famosas
miniaturas de Vázquez ("La Galgomaquia"). Entre ellas, la más
famosa por haber aparecido durante veinte años en las cajetillas
de tabaco de la marca "O Podenco Cansado", representaba una cabra tomada
violentamente por su pastor sobre un detallado fondo de valles, montañas
y centrales térmicas. Incluso se distinguía al fondo una
gran pista de Floton.
Al cruzar la triple puerta de seguridad averiada, Pérez comprobó
que sus perseguidores le habían dado ventaja, de manera que fue
a los servicios, empapó en agua una toalla, se quitó los
zapatos, dió la vuelta a su chaqueta, convirtiéndola en una
casaca de estampado escocés, se caló sus gafas oscuras y
saltó por la ventana, cayendo vertiginosamente por un abismo de
ciento treinta mil metros. Al cabo de unos minutos, se giró y vió
que todo el E.N.S.A. le seguía a escasa distancia, mientras oía
la voz del almirante gritar:
-¡Ya lo tenemos!
Al poco, las tanquetas le adelantaron veloces en la caída, perdiéndose
en la negrura del fondo. Cargados con sus armas y sus mochilas, los soldados
no tardaron también en sobrepasarlo, disparando inútilmente
hacia abajo para frenar su caída.
Pérez, comprendiendo por fin que se precipitaba al vacío,
palpó sus bolsillos mientras el viento agitaba sus ropas y le laceraba
la piel. "¡La oreja!", pensó. Y no tardó en encontrarla.
Procurando que el viento no se la arrebatara, presionó con el pulgar
e imediatamente sonó "Sólo Pez".
"La oreja. Una llave del Submundo. Éso es."
CAPíTULO XI
Las familiares puertas ajedrezadas del Submundo fueron emergiendo de
la oscuridad. El frío cesó. Aunque no recordaba haber cambiado
de posición, ahora su cabeza no apuntaba al suelo, eran sus pies
los que reposaban, aparentemente estables, en él.
Puso la mano sobre el sensor-cornucopia de la entrada y uno de los
portones se abrió. La luz de los candelabros y una suave música
de teremín se escaparon para recibirle y le acompañaron al
amplio vestíbulo, en donde aguardaba él mismo.
-¡Zopilotes! Tú debes ser Felicióstomo Pérez,
el diestro.
-Soy Pérez, vivo en el Submundo; no te he visto en mi vida,
por la sencilla razón de que uno no puede verse a sí mismo.
¿Quién eres?
Pérez echó un vistazo al vestíbulo del Submundo.
Algunas cosas habían cambiado ligeramente, pequeños detalles.
Un bodegón de frutos rojos sobre la chimenea principal, dos gatos
siameses; había colillas por el suelo, colillas de grandes cigarros
de gerundúndula y muchos fragmentos usados de tiza. El falso Pérez
vestía traje azul marino, corbata de seda. Llevaba un enorme sombrero
ceremonial, negro y dorado, y fue a sentarse tras un escritorio. Sacó
del interior del mueble una maleta, que era una persiana articulada de
madera, y la dispuso verticalmente, sobre el pupitre, de manera que Pérez
no podía verle. Después, descorrió la persiana y,
asomando la cabeza, continuó hablando:
-El viaje en tubo no le sienta bien a nadie. Te voy a leer tus derechos
como Pérez-copia y te instalaré en el almacén. ¿Quieres
algún número en especial? ¿Qué te parece el
2741007.742?. Vamos, contesta.
-Sabrás que Sebasióstomo está fuera de circulación
en un campo de trabajos forzados de la Agrupación de Jardineros
del Autozoo de Villa-Grilla. le han pillado con la anotación optativa
rara segunda de la legislación paralela para asuntos menores de
Villa-Grilla de Kndar y le costará un buen chiquillón de
años pagar sus deudas allí... -dijo Pérez de un tirón,
añadiendo:
-...y dejar a su propio hermano en las pistas de Floton con la sóla
ayuda de un radio transmisor de frecuencia bifónica es una cosa
muy fea, de la que sólamente sería capaz el enemigo público
número 12.
-¡Escoge un número! ¡Ahora ya no tienes al rabulón!
-gritó, levantándose y haciendo caer la ventana portátil,
que se desencajó ligeramente.
-Puesto que me lo permites, escogeré el 3.502. Es mi número
de la suerte -respondió Pérez, mientras pensaba "y también
el recomendado por el Servicio Mercante de Calixto 4 y 5 (S.M.C.) como
número Anti-Maniobra Definitiva Anti-Pérez (A.-M.D.A.P.),
con un índice de efectividad asombroso: 150%".
Felicióstomo anotó cuidadosamente el número.
-Y ahora, te haré soñar con el Gran Antílope-Gamuza
Violeta -dijo, con una extraña mueca.
-Esa vieja creencia en el Gran Antílope-Gamuza Violeta, mítico
por la exudación de su vejiga, hace ya tiempo que fue olvidada.
En Calixto 4 y 5, todo el mundo se introduce metales livianos en movimiento
en la médula ósea. Propaga frecuencia U de consistencia B.
Así, cada vez que sienten esa extraña angustia producida
por la necesidad impresa genéticamente en todo calixteano de que
exista a toda costa un Gran Antílope-Gamuza Violeta, mítico
por la exudación de su vejiga, una mínima dosis de metal
liviano les aleja del letal parano a que les lleva tan enrevesado proceso
mental.
-Me gusta, te usaré como Pérez-enciclopedia.
-Lo siento. Estoy muy ocupado mentalmente. ¿No tendrás
por ahí ninguna tarea de más actividad? Ya me he acostumbrado
a andar arriba y abajo todo el tiempo...
-¿Desengrasador? ¿Azofrador? ¿Operario? ¿Contramaestre?
¿Esquirol? ¿Sobrestante? ¿Remero?...
-Quizá hacer que hago. Es lo que me sale mejor. ¿Puedo
sentarme? -Pérez dirigió una mirada por la estancia en busca
de algún lugar donde sentarse. Como habían treinta sillas,
diez sofás, siete escabeles, un triclinio y un número indeterminado
de mecedoras, tardó casi tres horas en decidirse; finalmente, optó
por un coqueto sofá tapizado en jacquard de algodón, sobre
el que había dos cómodos cojines forrados con seda natural.

Se arrellanó y dirigió la mirada a la mesa que ocupaba
el falso Pérez: Estaba vacía.
-Debes echar por tierra las pretensiones de tu suplantador -oyó
decir a sus espaldas. Se giró, mas no pudo ver a nadie.
-Soy de La Universal Instrumentista -dijo el triclinio.
-Ah, hola -saludó Pérez.
El triclinio fue tomando la familiar forma tranquilizadora que Pérez
atribuía sin dudar a la representante de La Universal Instrumentista
San Intrépido, que le visitaba siempre antes de partir de viaje.
-¿Qué fue de tu rabulón?
-Siguió su vida. Nada nos unía ya.
-¿Has oído hablar de Nobor?
-Es una isla.
-Cierto. Allí se encuentra el Desactivador de Falsos Pérez
más potente que se conoce. En una zona montañosa donde se
esconde Todo con unos 3.502 hombres. Felicióstomo es invulnerable
a todo lo que intentes hacerle aquí. Tiene la llave de la cabina
de visión axial, donde se encuentra la maleta de mandos del Submundo,
y puede neutralizar cualquier intento que lleves a cabo. Sin embargo, desde
Nobor...
-¿Qué hace Todo?
-Básicamente asusta a quienes se acercan. Sus hombres, apostados
en los desfiladeros, tiran gallinas, patos y pavos a quienes pasan por
allí. Protegen férreamente el mercado estable de soncho.
-Comprendo.
-Ve a Nobor -insistió el triclinio...
Pérez oyó un carraspeo y se volvió hacia la mesa.
Felicióstomo Pérez, el diestro, le miraba fijamente.
-Estaba echando una cabezadita debajo de la mesa -dijo.
"Felicióstomo, pedazo de estúpido y sus gemelos de campaña
colgados al cuello, cada vez más inclinado, con su cabello rasposo,
lanudo, ojeroso y tozudo, merodeador de mis días junto con su hermano,
el zurdo, ambos incapaces del menor acto inicial agarrados al petril herrumbroso
de sus cráneos partidos. Felicióstomo, criterio equivocado,
producto de una muela trabada en un molino ciego, de orejas papiriformes
y voz de mirlitón. Quince veces difuso, obtuso, obseso y disperso,
sin Submundo, sin mundo. Inmundo. Nada repelente originada por el susto
de un estornudo cansado y algo sordo, en un vacío mental de setecientos
millones de kilómetros cuadrados en medida estándar, frente
a las costas de Blig-Glat un lunes por la mañana bastante desapacible
y frío. Una ruina para todos los habitantes de Alfa Cinco, un incomprensible
efecto tostadero sobre sus cabezas de animadores deportivos, la hecatombe
financiera de los difractores generales, el tiempo detenido. La no acción-tueste.
Parálisis pan-total. Los aborrecibles efectos de Felicióstomo
sobre la desprevenida población de una esfera mecánica..."
-¡Calostros! ¡Porras! ¡Desayunos! -dijo. Y Felicióstomo
desapareció por completo. Había estado desvaneciéndose,
primero un brazo, luego una pierna, mientras Pérez pensaba frases
sin verbo. Privado de la acción, Felicióstomo afrontaba así
mismo la no-existencia en aquella habitación.
Sobre la mesa había un tazón de leche y una bandeja con
churros. Pérez pensó que mejor sería tener un teléfono
y ambos objetos se re-organizaron molecularmente hasta tomar la forma de
uno, aunque de modelo anticuado. Comprobó que había linea
y marcó el número del lanzapuerto U.D.
-Lanzapuerto, dígame -contestó una voz aguda y metálica.
-Deseo ser lanzado a Nobor. ¿Hay alguna lanzadera vacante para
dentro de dos horas?
-Por supuesto. Hay poco movimiento de viajeros en esta época
del milenio.
-Está bien, reserve un lanzamiento a nombre de Pérez.
-En dos horas. Muy bien. Ya está hecha su reserva. Teclee en
el teléfono el código de su Cuenta Apurillos Resueltos, por
favor, y cuelgue para que podamos transferir el precio de la reserva.
-¿Puedo dar el código en cifras?
-Lo siento señor, ya sabe que las ordenanzas indican claramente
que debe teclearse en letras...
-Está bien, está bien... -Pérez comenzó
a teclear el número de su Cuenta Apurillos Resueltos, común
a todos los servicios universales de transporte: Setecientos noventa y
cuatro mil ochocientos quince trillones, doscientos ochenta y nueve mil
seiscientos noventa y un billones, quinientos treinta y siete mil cuatrocientos
sesenta y cinco millones, novecientos cuarenta y siete mil trescientos
veinticuatro, barra, a, jota, eme, guión, quinientos sesenta y un
mil, novecientos ochenta y cuatro quintillones, trescientos cuatro mil
ochocientos noventa y nueve cuatrillones, seiscientos sesenta y nueve mil
doscientos ocho trillones, ciento noventa y siete mil ochocientos setenta
y siete billones, cuatrocientos siete mil novecientos noventa y nueve millones,
doscientos cincuenta y cinco mil cuatro. Se detuvo. No recordaba la letra
final. ¿Era F? ¿Era B?. Decidió poner BF. Colgó.
El teléfono, que comenzaba a cobrar su original apariencia, era
mitad bandeja de desayuno, mitad Felicióstomo. Pérez se encaminó
a la puerta principal. La encontró abierta.
No existen límites exactos del Submundo. En principio, ya que
se encuentra en constante expansión, el límite varía
a cada instante. Averiguada esa constante, se ha obtenido el incremento
del aumento de volumen del Submundo (más o menos 1 mm/seg.) y cada
día, alrededor de las seis de la tarde, se proclama el nuevo límite,
en un acto oficial que no tiene mayor importancia.
Los Submundos suelen estar equipados con terminales de transporte universales,
ello permite desplazarse directamente, sin hacer escala en una esfera.
El lanzamiento U.D. (Uni-Direccional) es el más popular de estos
medios. Al ser un medio unipersonal, agrada a muchos viajeros que no aprecian
la compañía. Es barato. Nunca es necesario aguardar en lista
de espera, pues hay poco movimiento de viajeros en esta época del
milenio y además, los lanzapuertos obsequian a todos los pasajeros
de sus lanzaderas con cinco botellas de vino azul de Calixto, el quitamanchas
más apreciado en los Submundos...
CAPíTULO XII
Cuando salió, amanecía. Camino del lanzapuerto, admiró
los cuidados jardines del Submundo y compró "La Verdad", el periódico
especializado en informes meteorológicos. Buscó en la sección
"Islas" hasta dar con la página dedicada a Nobor... Cuarenta grados
en la costa, veinte bajo cero en las montañas. Lluvias frecuentes
de patos y gallinas en la mitad norte, de pavos en el noroeste y de pavos
y patos en el noreste. Despejado en el centro y sur de la isla.
No le costó dar con un lanzapuerto, ocupaban tan poco espacio
que se multiplicaban, sustituyendo, de la noche a la mañana, a los
quioscos de soncho.
En el mostrador, indicó que tenía reserva, la cual llegó
por su propio pie, encaramándose a las piernas de la recepcionista
y enseñándole los dientes.
-Aguarde en el armario de espera -dijo la mujer -debemos vacunar a
la reserva.
Pérez se introdujo en el angosto armario y corrió la
cortinilla. Una pequeña pantalla se iluminó, con letras rojas,
frente a él. Decía: "Compañía de lanzamientos
unidireccionales Frosbro-Dos-Semanas. Bienvenido a bordo. Presione sobre
el recuadro en la pantalla si desea pasar a la lanzadera."
Pérez presionó en la pantalla. El armario, convertido
en ascensor, se elevó dotado de una gran aceleración, para
detenerse bruscamente unos segundos después. Parecía encontrarse
un piso más arriba, pero la velocidad había sido tal que
el corazón y algunos otros de sus órganos más importantes,
estaban llegando todavía, muy sorprendidos. Pérez se tambaleó
y tuvo que apoyarse en un joven que llevaba el uniforme reglamentario de
lanzador.
-Pase por aquí, le dijo- y siéntese en la butaca de lanzamiento.
Su reserva llegará en un momento.
La lanzadera no era mucho mayor que el armario y estaba decorada con
primor. Tenía ventanas simuladas, con paisajes nevados que se insinuaban
tras alegres cortinas estampadas de algodón. La butaca estaba, junto
a otras dos, en torno a una mesa baja, ovalada, en la que humeaba un servicio
completo de té. Entraron a la reserva y la sentaron junto a él.
-¡Hola, reserva! -le dijo Pérez, tomando del revistero
un ejemplar de "Cuadernos de Electroentomología".
-¡Brrr! -contestó la reserva, rascándose con ambas
manos su cola peluda, que había enrollado en torno a la butaca,
como una especie de cinturón de seguridad.
-Señores pasajeros de la lanzadera uno, a, seiscientos cincuenta
y cuatro mil setecientos treinta, barra, tres mil quinientos dos, e -dijeron
los altavoces que rodeaban la cabina- va a tener lugar su lanzamiento.
No abandonen la butaca durante la fase de "tump". Duración estimada
del viaje: Entre dos segundos y cinco chiquillones de años. El contramaestre
lanzador les desea un buen viaje y lamenta no poder acompañarles.
Pérez notó cómo los engranajes de dirección
crujían bajo la lanzadera, orientándola mediante los datos
que la red cartográfica universal suministra en régimen de
compra o alquiler.
Después oyó claramente cómo se retraía
bajo la lanzadera el mega-muelle de feronio de dos mil vueltas.
Sonó la cuenta atrás en los altavoces: "Nueve, siete,
tres, ¡cero!".
Y un potentísimo ¡tump! bajo sus pies, derribó
todo el servicio de té e hizo proferir un chillido de terror a la
reserva. Habían sido lanzados.
Se incorporó y anduvo por la cabina, buscando el armario de
los juegos de salón, pero encontró el frigorífico
y extrajo algunos pepinillos en vinagre, que dió a la reserva. Repasó
los títulos de la escueta biblioteca. Tomó dos libros y volvió
al frigorífico, donde había visto algo de cerveza. Se sirvió
en una jarra, que encontró en la alacena. Descubrió la tabaquera
y comprobó con satisfacción que contenía buenos habanos.
Encontró un par de cómodas zapatillas nuevas en seda de cachemir,
se las calzó, dejando sus zapatos en un rincón. Se dirigió
a la butaca, con el tabaco, los libros y la cerveza. Se sentó cómodamente,
cogió a la reserva, que se había quedado dormida, y se la
colocó en el regazo. Encendió un habano, dando largas chupadas,
dió un trago a la cerveza y abrió uno de los libros, "La
goropela", de William Trapecio.
Entonces, un tremendo ¡boing! sacudió la lanzadera, derramando
la cerveza sobre el cigarro. El libro se le cayó de las manos y
golpeó en la cabeza a la reserva, que se despertó y le mordió
en el muslo. Habían sido amortiguados en el lanzapuerto de Nobor.
Fin del viaje. La lanzadera se deslizó por la red elástica
que, después de recibirles, se inclinaba para depositarles en la
zona de desembarque.
Pérez se calzó los zapatos y salió cojeando por
el armario-escotilla de salida.
La Banda Ceremonial de Oficio para Recepciones Anónimas que
le aguardaba, atacó un aire noboreño muy animado, mientras
los policías de inmigración le esposaban y le conducían
a la terminal de pasaportes. La reserva les seguía a escasa distancia;
uno de los agentes trataba de lanzarle patadas que ésta esquivaba
con hábiles saltitos, mientras masticaba un pepinillo.
De todos es bien sabido que Nobor no permite la entrada a ningún
viajero procedente de cualquier otro lugar, ya sea noboreño o extranjero.
Por esa razón, la población disminuye sin cesar en esta isla
de climas contrastados. La policía de inmigración, el cuerpo
más numeroso, tiene muy poco trabajo ya que, en realidad, nadie
quiere entrar en Nobor, a menos que: 1) Tenga algo muy importante que hacer
allí que no pueda hacerse en ningún otro lugar. 2) Dejase
olvidado algo muy importante cuando marchó. 3) Sea amante de los
interrogatorios de cientos de horas y el confinamiento de por vida en las
cárceles de Nobor-Plrin y Nobor-Plraf.
Pérez pertenecía sin duda al primer grupo, pero no lo
dijo. Se limitó a coger la reserva en brazos y soportar los
setenta mil watios de luz que le rodeaban en la húmeda habitación
a donde le habían conducido. Un oficial con las llamativas jarreteras
doradas y el crisantemo artificial reglamentario en la solapa, propios
de su rango, se sentó a horcajadas en la silla, frente a él,
fuera de la acción de los focos. Otros dos se situaron a sus espaldas.
-Tenga la amabilidad de expresarnos sus motivos para hacerse lanzar
a Nobor-Puá -le indicó el oficial.
-Debo reintegrar a este animalito a su hábitat natural, en las
montañas de su acogedora isla, oficial -respondió Pérez,
levantando en el aire a la reserva, que le mordió en una mano- trabajo
en el zoológico de Alfa Cinco -extrajo su tarjeta de socio de las
pistas privadas de Floton de Villa Grilla-Los Lagos y se la mostró.
-Correcto, -dijo el oficial, devolviéndosela después
de haberle dado varias vueltas- aunque lamento decirle que existe gran
actividad guerrillera en las montañas. No es lugar seguro, ni siquiera
para los animales como esa...
-Codorneja -dijo uno desde atrás.
-No es una codorneja, sino una mulancia, hombre -corrigió otro.
-Reserva -aclaró Pérez.
-Éso es, una reserva. -continuó el oficial- En
fin, yo le sugiero que aguarde una buena temporada, pongamos cuarenta años,
en una cómoda cárcel del país. El bicho, que lo lleven
directamente a la cocina. Doy por terminado este interrogatorio, lleváoslo.
Los dos tipos de atrás le agarraron por las axilas y le levantaron
en vilo. La reserva dió un salto y enrolló su cola en torno
a un grueso cable que alimentaba la batería de focos. Balanceándose,
alcanzó con las manos un saliente en la pared y desde allí
saltó a la boca del conducto de aire acondicionado, perdiéndose
en él.
-¡Eh, no te vayas! -gritaron los policías. Pero era inútil:
la reserva estaba fuera de su alcance, probablemente buscando una salida
al exterior, gracias a su sistema de orientación basado en
setenta y cinco parámetros.
Condujeron a Pérez hasta un aparcamiento en el que había
gran movimiento de vehículos blindados policiales.
-Vamos a la parada -dijo uno de sus guardianes.
-Tomemos algo fresco primero. Hace mucho calor -sugirió el otro.
Dieron media vuelta y sortearon algunos vehículos, tomaron una
calle y luego otra hasta llegar a la cervecería del aparcamiento.
En su interior, una veintena de policías bebían en grandes
jarras. Pérez recordó la que se había derramado en
la lanzadera.
-Hola, chicos -dijo uno de sus acompañantes. Todos saludaron.
-¿Lleváis un encargo? -preguntó uno.
-Se ha presentado en el lanza-puerto esta mañana. Es un chiflado
que quería llevar una goropela a las montañas.
-Una zamploña -le corrigió su compañero.
Los policías indicaron a Pérez que se sentara a una mesa
y ellos lo hicieron después, uno a cada lado de él. Pidieron
tres cervezas.
-Oiga, nosotros no le tenemos manía. Las ordenanzas son las
ordenanzas -le dijo uno.
Trajeron las cervezas.
-Para que estos cuarenta años se le pasen en un santiamén
-dijo el otro, alzando su jarra.
Brindaron.
Pasaron los minutos, mientras los policías bebían de
las jarras. Después de cada trago, las dejaban pesadamente sobre
la mesa. Habiendo terminado con ellas, apuraron la de Pérez, que
aún estaba por la mitad.
Entonces comprendió que el meridiano de la expedición
había partido por la mitad toda esperanza...
¡Vámonos! -dijo uno de los policías levantándose-
¡Ya hemos perdido demasiado tiempo!

Pérez introdujo la mano en el bolsillo y palpó la oreja.
Al sonar los primeros compases de "Sólo Pez", las jarras de cerveza
de todos los presentes comenzaron a girar y los manteles y servilletas
se enrollaron, completamente húmedos, a sus cabezas.
Por lo demás, el regreso al Submundo fue absolutamente indoloro
y en seguida se encontró en el espacioso vestíbulo. Nobor
era un mal sitio. Y él volvía a estar como al principio.
Dirigió una mirada por la estancia en busca de Sebasióstomo.
Allí estaban, como antes, las sillas, los sofás, los escabeles,
y las mecedoras; el triclinio había desaprecido. La mesa de oficina
rebosaba carpetas rojas de las que escapaban papeles de color amarillo,
garabateados en azul. El falso Pérez no andaba por allí.
-¿Algo no ha salido bien? -oyó decir a sus espaldas.
Se giró, mas no pudo ver a nadie.
-¡Hola, soy yo! -continuó un escabel.
-Ah, hola -saludó Pérez.
El escabel fue tomando la familiar forma tranquilizadora que Pérez
atribuía sin dudar a la representante de La Universal Instrumentista
San Intrépido, que le visitaba siempre antes de partir de viaje.
-¿Qué fue de tu reserva?
-Escapó a su manera.
-¿No piensas volver a Nobor?
-Esa isla es un mal asunto.
-Cierto. Incluso el mismísimo Todo pone nervioso a cualquiera,
pero sólo allí se encuentra el Desactivador de Falsos Pérez
más potente que se conoce. En esa zona montañosa se esconde
el medio de neutralizar a Felicióstomo. Debes volver.
-¿Qué hice mal?
-Intenta llegar lo más lejos posible. Siempre puedes usar la
oreja para regresar, pero tendrás más oportunidades de acercarte
a las montañas cuando te trasladen por carretera en uno de esos
vehículos blindados. Para entrar en contacto con Todo, sigue las
lluvias de gallinas, patos y pavos. Las plantaciones de soncho también
te indicarán que sus hombres andan cerca.
-Comprendo.
-Vuelve a Nobor -insistió el escabel.
Pérez oyó un carraspeo y se volvió hacia la mesa.
Felicióstomo, el diestro, le miraba fijamente.
-Esta noche no fuiste muy amable con el asunto de los verbos -dijo.
-Felicióstomo, el diestro, pedazo de tonto, tus lazos de mimbre
colgados del brazo, progresivamente torcido, con tu cepillo hundido en
la cara, inexpresiva, ojerosa y vaga, perseguidor de mi vida junto con
tu hermano, el zurdo, ambos infelices y sin el menor impacto inicial, requemados
en el horno chisporroteante de vuestros esternones afilados. Felicióstomo,
conducta automática, producto de una rueda cuadrada en un eje circular,
de nariz vermiforme y ojos de pisotón. Quince veces tedioso, odioso,
penoso y fastidioso, sin ésto y sin lo otro. Pre-tonto. Cosa sin
sentido originada en la axila de un camello de un kilómetro de largo
y sin embargo, de una estrechez mental equivalente a quinientos millones,
trescientos cuarenta y cuatro mil nudos marinos de costa innavegable junto
al mar Blogleglo de Blig-Glat en la frontera con Glabdlo. Ruina de las
esferas mecánicas, tu efecto baño-María en los cerebros
de machacadores de tickets, el cataclismo rastreador de los propinadores
de patadas, la condición inagotable. La inacción-remojo.
Invalidez sensorial. Las despreciables consecuencias de los trompeteos
de Felicióstomo Pérez sobre los indefensos pobladores alfacincanos...
-¡Requesón! ¡Guindillas! ¡Merendolas! -dijo.
Y Felicióstomo desapareció por completo. Había estado
desvaneciéndose, primero un brazo, luego una pierna, mientras Pérez
le lanzaba frases sin verbo. Privado de la acción, Felicióstomo
afrontaba de nuevo la no-existencia en aquella habitación. Antes
de desvanecerse por completo, aún se le oyó decir:
-Hasta luego.
Sobre la mesa quedaron un queso fresco, un plato de aceitunas y unos
pedazos de grueso pan tostado. Pérez lo comió todo inmediatamente,
pues se encontraba hambriento desde la mañana. Seguidamente, se
encaminó al lanzapuerto, admiró los cuidados jardines del
Submundo y compró por el camino "Numismática salvaje", la
revista submundial más escandalosa del momento. La hojeó,
paseando, y se distrajo con las últimas y suculentas noticias sobre
el rodaje de "Seguramente 04 en Nobor", nueva película de la famosa
serie pornográfica. También encontró una entrevista
con Ipa Lago, la galerista internacional y algunos "busque la palabra"
que solucionarían la corta estancia en la lanzadera.
El lanzapuerto que había usado por la mañana resultaba
ser un comercio de pescado frito y caracoles (se alegró de ello,
pues había insistido mucho en el momento de escoger en el catálogo
de submundos). No le costó mucho encontrar otro, ocupaba lo que
hasta ayer había sido una próspera tienda de soportes sonoros
en formatos obsoletos.
Pidió a la recepcionista un lanzamiento para Nobor-Puá,
advirtiéndole de que no poseía reserva, a lo cual la muchacha
respondió que no debía preocuparse, pues le proporcionarían
una.La reserva no tardó en llegar por su propio pie, encaramándose
a la recepcionista y enseñándole los dientes.
-Aguarde en el armario de espera -dijo la mujer -debemos vacunar a
la reserva.
Pérez se introdujo en el armario y corrió la cortinilla.
Una pequeña pantalla se iluminó con letras rojas frente a
él. Decía: "Compañía de Lanzamientos Unidireccionales
Frosbro Dos Semanas. Bienvenido a bordo. Presione sobre el recuadro en
la pantalla si desea pasar a la lanzadera."
Pérez presionó en la pantalla. El armario, convertido
en ascensor, se elevó, dotado de una gran aceleración, para
detenerse bruscamente unos segundos después. Esperó pacientemente
a que su corazón y algunos otros de sus órganos más
importantes llegasen hasta donde se encontraba. Un joven, con el uniforme
reglamentario de lanzador, se personó por si decidía tambalearse.
-Pase por aquí, le dijo- y siéntese en la butaca de lanzamiento.
Su reserva llega en un momento.
La lanzadera, como siempre decorada con primor, presentaba el clásico
saloncito funcional: Las butacas, la mesa ovalada, el servicio de té.
Trajeron a la reserva con celeridad. Era una reserva adulta y
se subió a la butaca sin ayuda.
-¡Hola, reserva! -le dijo Pérez, tomando el ejemplar de
"Numismática salvaje" que había traído consigo.
-Gligloglogli. ¡Rrrrrr! -contestó la reserva, rascándose
la cabeza.
-Señores pasajeros de la lanzadera ene, dos, seiscientos cincuenta
y cuatro mil setecientos treinta y uno, barra, mil, efe -dijeron los altavoces
que rodeaban la cabina- procedemos a su lanzamiento. No abandonen la butaca
hasta finalizada la fase "tump". Duración estimada del viaje: Entre
dos segundos y cinco chiquillones de años. El contramaestre lanzador
les desea un buen viaje y espera volver a verles alguna vez.
Los engranajes de dirección crujieron bajo la lanzadera, orientándola
mediante los datos que la red cartográfica universal suministra
en régimen de compra o alquiler.
(La Compañía de la Red Cartográfica Universal,
proporciona información aproximada o exacta, lo cual depende en
buena medida del precio que se pague por ella. Un contrato estándar
de tipo submundial asegura un cincuenta por ciento de datos fidedignos.
El Contrato Especial Para Esferas (C.E.P.E.) ofrece garantías mucho
mayores. Existe, así mismo, un ticket económico para empresas
dedicadas a los viajes de aventura, que garantiza aleatoriedad absoluta
en el suministro de datos para lanzamientos).
Oyó claramente como se retraía bajo la lanzadera el mega-muelle
de feronio de dos mil vueltas.
Sonó la cuenta atrás en los altavoces: "Nueve, siete,
tres, ¡cero!".Y un potentísimo ¡tump! bajo sus pies,
lanzó por los suelos el servicio de té sin que la reserva
pareciera inmutarse. Habían sido lanzados.
Fue directamente al frigorífico y entre tableros de ajedrez
y desordenadas barajas de cartas, encontró una vieja cerveza, apenas
sin gas. Se giró hacia la reserva, que le observaba atentamente,
rascándose una oreja con el extremo de la cola.
-No hay pepinillos -le dijo.
Abrió la cerveza y dió un trago largo. Al menos estaba
fría. Buscó la tabaquera. Aunque los cigarros eran de menor
calidad que en la otra lanzadera, había una treintena de ellos,
lo cual le permitiría llevar algunos consigo para sobornar a la
policía noboreña. Recordó el título que le
había llamado la atención: "La goropela", de William Trapecio.
Buscó en la biblioteca, pero no pudo encontrarlo. En cambio, encontró
un opúsculo del mismo autor. Se titulaba "En defensa del maluquillo".
De nuevo en la butaca, terminó con rapidez su cerveza, aguardando
el momento de amortiguación mientras hojeaba el libro.
Pasaron dos años.
Se terminaron los habanos.
Pérez leyó varias veces todos los libros de la biblioteca
y encontró muy interesante "Lo hinchosespado", de Elefante Larsen;
aunque el más útil resultó ser "Alimentación
y cuidados de las camadas de reserva" pues la reserva, que al parecer estaba
preñada, parió seis crías dos meses después
de ser lanzados.
Se alimentaron gracias a las imaginativas recetas que Pérez
iba improvisando con lo que había por la lanzadera: barajas de cartas,
folletos publicitarios de la compañía Frosbro Dos Semanas,
estropajos metálicos... Pérez conseguía invariablemente
que todo aquello supiera, de una manera bastante convincente, a tortilla
de jamón.
Un día, estaba valorando la posibilidad de destilar alcohol
a partir de la alfombra, cuando un tremendo ¡boing! sacudió
la lanzadera, haciendo proferir un chillido de terror a las crías
de reserva.
-Amortiguación correcta -dijo una voz metálica en los
altavoces.
Habían llegado al lanzapuerto de Nobor.
Fueron depositados en la zona de desembarque. Pérez lió
parsimoniosamente su último cigarro de seda de zapatilla ligeramente
tostada, una variedad que le había dado muy buen resultado en los
últimos meses y salió por el armario-escotilla, parpadeando
a la luz del intenso sol.
En lugar de la Banda Ceremonial de Oficio que esperaba encontrar, se
halló ante una Demostración Gimnástica Rutinaria para
Visitantes de Poca Importancia, realizada con escaso convencimiento por
un Grupo Folklórico Provisional. Las crías de reserva
saltaban entre los bailarines, haciéndoles caer.
-Bienvenido a Nobor -le dijo un poste de señales, dándose
la vuelta y resultando ser un oficial togado del Servicio de Acogida de
Viajeros- diríjase a la salida, no se entretenga -continuó-
hay muchas amortiguaciones en el lanzapuerto desde que se modificó
la ley de inmigración.
Atravesó la terminal y se encontró en la Avenida Glo,
vía principal de Nobor Puá.
CAPÍTULO XIII
"Viaje a las montañas. Asista a las extraordinarias lluvias de
gallinas", animaba un cine-cartel. ģRazón, aquíī. Había
recorrido las calles de Nobor Puá, admirado por la extravagante
arquitectura de aquella ciudad portuaria y también probó
el delicioso bocadillo de crisantemos, la especialidad de la isla. Deambulando,
había dado en un callejón silencioso y vacío, paralelo
al paseo marítimo. Fincas con los postigos cerrados y palmeras centenarias
lo flanqueaban. Un edificio pintado de blanco lo cerraba al final. Aunque
la construcción era de estilo marinero, mostraba una fachada pretenciosa,
cargada de conjuntos de figuras en terracota, la mayoría de las
cuales parecían ser reproducciones sin valor. Sobre la casa, se
proyectaba el cine-cartel que había llamado la atención de
Pérez.
Subió la corta escalinata, empujó la puerta que parecía
recién pintada de verde oliva y buscó un pañuelo para
quitarse la pintura de la mano.
-¿En qué puedo servirle? -en el interior, un tipo con
albornoz que llevaba un libro bajo el brazo, se había detenido al
verle. Se encontraban en un largo pasillo en penumbra.
-Estoy interesado en un viaje a las montañas.
-Ah, bien. Venga conmigo; sígame.
El individuo echó a andar pasillo adelante, girándose
de vez en cuando para comprobar que le seguía. Lucía un estrecho
bigotillo y fumaba en pipa, dejando tras él una nube aromática.
Mientras arrastraba las zapatillas de baño por el viejo suelo rojo,
le dijo:
-Es en la piscina. Yo iba precisamente para allá. Pregunte por
Ramón, el cachalote.
-¿Piscina? -dijo Pérez, e inmediatamente pasaron bajo
un arco, torcieron a la izquierda y se encontró ante la piscina.
En aquel momento estarían bañándose unas diez mil
personas, pero parecía vacía. Tenía el tamaño
de un lago mediano y extensiones de césped que formaban auténticos
valles la rodeaban, dando lugar a una agricultura fértil basada
fundamentalmente en los frutales. Se distinguían al menos tres poblaciones
importantes desde el primer piso de la casa, en donde se encontraban, a
varios kilómetros de escalinatas húmedas y pétreas
de distancia. Vendedores de paraguas y cerveza las recorrían, gritando
sus reclamos; la mayoría eran ex-oficiales de la policía
de inmigración, separados del servicio a causa de la nueva ley.
-¡Venga, venga, tenemos que bajar, no se quede ahí!
Asombrado, Pérez comenzó el descenso. Aquí y allá,
gente sentada o tumbada tomaba el sol o charlaba en grupos. Los escalones
de piedra eran muy anchos; el descenso, largo.Al cabo de unas dos horas,
llegaron al nivel del agua.
-¿Ve el surtidor, ahí?, ése es Ramón. Silbe.
Pérez silbó y un joven ejemplar de cachalote asomó
la cabeza, desplazando una ola que ahogó a trescientas personas
que se bañaban cerca de allí.
-¡Hola! -dijo, animoso, el cachalote.
-¡Hola! -contestó Pérez.
-¿Quién eres?
-Me llamo Pérez. Tú debes ser Ramón, ¿no
es así?
-Ése soy yo -dijo el cachalote dando un orgulloso coletazo que
acabó con los integrantes de una incipiente colonia pesquera que
se había instalado en la zona de trampolines, a unos diez kilómetros
de allí.
-Estoy realmente interesado en viajar a las montañas.
-Ah... comprendo, te has cansado de esta vida sin preocupaciones...
¿Cuántos años llevas aquí? ¿Naciste
en la piscina?
-He llegado recientemente a Nobor. Mi objetivo es ir a las montañas.
Tengo algo que hacer allí.
-Algo... ¿legal?
-Algo importante.
-Bien, nada más fácil. ¿Ves el otro extremo de
la piscina?
-No.
-Es lógico. Está muy lejos.
-¿Y bien?
-Allí están las montañas.
-Caramba.
El cachalote dió un gracioso tirabuzón en el aire con
el impulso de su cola y se sumergió lanzando chorros de espuma.
Un maremoto de notable capacidad destructiva asoló la zona de casetas
de alquiler, donde hacía unos años que se habían instalado
mil familias en régimen de mancomunidad.
Pérez se alejó del borde de la piscina, buscando una
zona intermedia, que recorría los valles sucesivos sor