(LA) MÚSICA (COMO) DESTORNILLADOR

Victor Nubla
 
 


 

Esta recopilación de artículos recoge una selección de los que fueron publicados en la revista Voice entre 1996 y 1999 en la sección "Historia abreviada de la música portátil", título inspirado en la inspiradora "Historia abreviada de la literatura portátil" de Enrique Vila-Matas, además de otro publicado antes en el Diari de Barcelona, dentro de la sección de opinión donde aparecían semanalmente mis colaboraciones. Se intercalan así mismo algunos fragmentos inéditos que fueron descartados en su momento y se ha hecho una corrección general y una adaptación al formato en que se presentan.

Mi agradecimiento especial a Carles Illa y Armando Benito y a todos los lectores amigos que estimularon su redacción con sugerencias y ánimos.
 
 
 
 

 
 

"La música ya no existe, sólo queda la costumbre"

(El director, en "Ensayo de Orquesta" de F. Fellini)


 
 
PRÓLOGO

En fin, no digo que todo el mundo pueda hacer música (hay mucha gente que no tiene tiempo, mucha más que lo tiene, pero no hace nada y mucha otra que, aún haciendo música, recrea solamente la memoria de la música. "Hago que hago", es expresión castellana que nos acerca mucho más al tema que tratamos).

Luego está lo del sonido. Éso si que es democrático.

Y luego están los notarios. Los notarios de la música. Ellos vigilan y la protegen para que sea como es. O que se quede como está. Hay notarios del pop, del rock, del folk, de la contemporánea... y géneros esencialmente notariales en sí mismos. El espacio-tiempo tiene mucha ascendencia sobre éstos fenómenos. Hay una meteorología permanente de lo que se mueve en el tiempo.

Que todo el mundo escuche la misma música no es esencialmente (o precisamente) democrático. Que todas las músicas tuvieran su lugar y su momento, sí lo sería. Este concepto lo tomo de Pascal Bussy. La música trabaja en el espacio y en el tiempo, luego, deben de haber espacios y tiempos y combinaciones de ellos para todas las músicas. De acuerdo, también hay espacios y tiempos mentales. ¿Los hay (más allá de los recuerdos)?. Otra idea del mismo autor: aceptar la realidad: admitir que hay músicas magníficas que no conoceremos jamás. Aunque podemos ser investigadores y descubridores de nuestros espacio?tiempos. Experimentadores del conocimiento. Un poco filósofos, un poco científicos ¿porqué no?

También los paisajes sonoros: los sonidos de nuestro entorno cotidiano. Esos sonidos son música si los comprendemos inteligentemente. Nunca hay un paisaje sonoro desagradable como no hay una música desagradable, lo único que hay es inoportunidad. Hay inoportunidades sonoras.

Pero seguro que nos vamos a entender:

CAPÍTULO PRIMERO

 
 
 

Causaban a otros el daño que no querían que los otros les causasen, siendo éste el principio inmoral en que suele descansar todo el arte de la guerra".

(Julio Verne "De la tierra a la Luna")


 
 
<>Sabemos por experiencia que de natural está prohibido a los niños llorar, a los perros ladrar, a los músicos tocar en el piso de arriba, a los pobres quejarse o a los jóvenes charlar a la puerta de los bares. Y sin embargo, está permitido a los camiones rugir, a las alarmas dispararse sólas, a los helicópteros revolotear sobre la ciudad o a las tracas de petardos explotar. Hay pues un consenso social, una especie de autopolicía estético-sonora y no podemos más que convenir en que ahí subyace un rasgo más de la cultura. Sabiendo qué ruidos molestan y cuales no a un pueblo determinado, interpretaremos su cultura y, aunque ya decía más arriba que no hay sonidos desagradables, sino en todo caso inoportunos, no hay más remedio que sospechar que las toneladas de fijador cultural, una especie de gomina peligrosa que los pastores de nuestras sociedades aplican con empeño, tienen como fin dejar las cosas como se quedan después de manosearlas y no permitir variaciones, improvisaciones o libertades palmarias del gusto y del placer. Por éso es tan patético lo ridículo y tan ridículo lo circunspecto; pero, hecho el calamar, hecho el mero. Más miedo da ésto: la policía religiosa de Afganistán ha considerado poco oportuno que las mujeres hagan ruido al caminar y lo ha hecho saber en forma de prohibición. No ha trascendido a nuestra prensa local cuál es el castigo por hacerlo. Seguro que tal medida no es el capricho de un oficial con jaqueca. Libros sagrados avalarán con toda seguridad la interpretación que se ha hecho de algunos de sus fragmentos. No soy experto en culturas ajenas. Tampoco lo soy en la que me han impuesto. Como nadie lo es en la mía, que es la que yo me he hecho. Y con el mismo desprecio que en general se prodiga hacia el individuo, pienso en las comunidades, sus best?sellers aburridos, sus costumbres atiborradas, sus folklores ya vacíos, sus religiones, sus periódicos, sus presentadores de televisión, sus líderes y los guardianes de sus prejuicios lamentablemente simétricos. Hace tiempo que he pensado que si todo ésto no mejora es porque a nadie le interesa. Quiero decir que si pudiera prohibir el ruido más desagradable que pudiera darse en mi entorno, no lo haría, aunque si pudiera cambiar el privilegio por otro, no lo dudaría: todo el mundo a escuchar un disco nuevo cada día y a leer todas las revistas de música, todas, aunque hubiera que aprender idiomas: críticas de discos y entrevistas: puro yoga.

Claro, tambien podríamos decir que todo el mundo se dedicase a la pintura, pero he visto recientemente una estadística sobre ocio activo cultural y eso es, mayoritariamente, lo que le da por hacer a la gente. Y sigo pensando que una cosa es detener el tiempo y otra vivir con él. Es como hacer que el tiempo te siga (hacer música). Lo llamas y viene. A veces se adelanta un poco, o se retrasa, husmea por ahí, pero no has de recoger sus excrementos con una hoja de periódico. Bueno, si lo haces, procura que sea con una hoja de papel pautado, o con un disquete (como palanca), o con una caña de clarinete bajo, ¿porqué no?. ¿Una púa de guitarra para excrementos de chihuahua?

Pero hablemos de las artes visuales:

 
 

"Los sentidos se perfeccionan ejercitándolos en profundidad y en extensión, y da buenos resultados ejercitar la memoria visual no solamente en su aspecto musical, sino también en otros:
-Dibujar el instrumento propio u otro que se ha mirado muchas veces.
-Reproducir la carátula de varias obras musicales estudiadas, o de libros, revistas y similares."

(Rodolfo Barbacci "Educación de la memoria musical")

"La música se tiene toda a sí misma, el suyo no es un sistema subsidiario del que ordena el del resto de la vida psíquica, de la totalidad de la vida de los hombres, pues las formaciones del espíritu objetivo organizan la totalidad de los mundos de la vida. La música habita otro espacio, y pedir su traducción a palabra, que su «interpretación» se desplace a los órdenes del discurso, del habla, es tan ciego como equívoco"

(José Luis Brea, "El espíritu de la música", publicado en Acción Paralela)


 
 
Que un hertzio se detuviera en el tiempo, congelado. Eso es teoría. Como la de la imagen estática que se pudiera mover. La imagen estática está quieta y la que se mueve, es imagen en movimiento. La animación: Viveza. Concurrencia de gente. Animar: Cobrar ánimo y esfuerzo, atreverse. Comunicar alegría y movimiento a un concurso de gente. Infundir valor. Hacer agradable el aspecto de algún paraje. Cuesta de entender la preocupación en torno a las nuevas tecnologías que animan las cosas quietas, por parte de los artistas visuales. Parecen decir: ¡A la búsqueda del soporte!. Existiendo el cine y el video, por ahí andaba todo el mundo con sus galeristas, sus telas o sus instalaciones. Para alcanzar esa sensación de resorte cíclico cerrado y automático que produce el cd rom no hacía falta renunciar tan radicalmente a la quietud, a lo plano o a la imagen fija y enmarcada. ¿Tan inanimada estaba la cosa? Pues no lo parecía.
La creación trabaja con ideas, sensaciones y dimensiones. Como dimensión, el tiempo es materia de trabajo. Y de placer. El tiempo es extenso y acompaña a la vida (el loop es una repetición contractual). No hay tantas meta-personas circulando por ahí, así que... ¿tanta reflexión, tanta relectura? ¿Cuánta política? ¡Qué poca invención!
Ante tal falta de fantasía, no es de extrañar que creamos real lo virtual y virtualicemos lo real. Y que tomemos en serio lo que es en broma y en broma lo que es en serio.
Cuando los músicos se compraron en el supermercado el Casio SK1 y dejaron el Korg MS20 aparcado por una temporada, todo el mundo iba a las exposiciones de pintura y, mientras, pasábamos de la síntesis analógica al muestreo digital sin cambiarnos de ropa. Nos tocábamos físicamente al saludarnos y comíamos sardinas con las manos, sólo que la vieja métrica se rompía ante complejas organizaciones de sonidos tomadas como unidad, el mundo de los instrumentos dejaba para siempre de ser el mismo, la apropiación y el collage rendían honores a Duchamp, y Russolo saltaba de alegría en el paraíso futurista, lleno de máquinas sólas y velocidad. Con "el teclado de componer ruidos" (Michaux) los ochenta generaron nuevos modelos culturales que impregnaron por igual a la industria o al art brut, generando imprescindibles campos vitales no secuenciales, inter-generacionales, interraciales, inter-culturales (como ha pasado desde que yo recuerde). El problema es que todo ello acontecía en el aire y en el tiempo; sólo un sentido podía reconocerlo. Un sentido de las cosas inefables: el oído, como el gusto o como el tacto. Ah, sí, pero "si no lo veo no lo creo". Y ya está. El otro sentido, "el virus que viene del espacio" (Burroughs), ya había llegado: palabra y número, todo es posible. Ahora, el córtex occipital reclama su parte de razón. Dejémosle, pero déjense ya de prospectiva. Sean profetas. O actúen. O cállense.
Hay que recordar estas cosas de vez en cuando y, desde luego, un libro sobre música no es el soporte ideal, porque el gremio visual consume sólo crítica y filosofía traducida, pero, por el bien de unos y otros, es necesaria una re-ubicación del arte sonoro en el devenir del arte actual, quizá como paradigma de tranquilidad, valentía o invención pura, pero nunca como territorio de irracionalidad, fluir anestésico o soporte de los otros sentidos. Lejos de los lenguajes idiolectos de la hermenéutica académica, llenos de John Cage pero muy poco gastronómicos, y de todos aquellos que buscan explicaciones evidentes de lo que se explica por sí mismo.
Pueden encontrarse en la música popular, desde el nivel más abstruso (tiempos estos en que lo popular será incomprensible para las nuevas "academias") hasta el más sensual, mayores explicaciones sobre nosotros mismos que en toda la verborrea o-cultista del artista neoconceptual, coreógrafo de las ideas, teórico post-textual.
Triste es que la mayoría de los músicos sólo conozcan a Kandinsky como la mayoría de los artistas "visuales" conocen a John Cage. Peor es que un aficionado a la música contemporánea sepa tanto sobre Bruno Munari como un asiduo de los vernissages acerca de Harry Partch. El primer y segundo cerebros de la humanidad siguen separados por el cuerpo calloso que, en el fondo, es el mundo donde no existe todo lo anterior. Ciencia, filosofía y punk, ¡volved juntos esta vez!.

 
 
 
 
 
 
 
 

CAPÍTULO SEGUNDO

Con la música y nuestra idea de ella pasan muchas cosas raras.
 
 

"El mundo sólo subsiste por la inteligencia del perro"
(Zend-Avesta)

 
 

Realmente, lo que más ha diferenciado al ser humano de sus compañeros de viaje, también conocidos como animales, es la cantidad de cosas relativas a sí mismo y a los demás que es capaz de guardar, almacenar o registrar. Por otra parte, descontando esa necesidad de suplir la falta de memoria con la historia, disfrutamos del cariño y la fidelidad de los perros, unos seres capaces, como nosotros, de resolver situaciones complejas creando patrones psicológicos.
Hay perros famosos en la historia de la música, como aquel perrito blanco que escuchaba un gramófono, ingeniosa forma de publicitar la fidelidad de los aparatos. Al fin, la fidelidad del can se vería correspondida por la de su amo, o mejor dicho, por la representación de la voz de éste, una máquina más fiel (sin duda) que cualquier persona.

Otro perro famoso y muy singular fue aquella collie que cantó blues con Pink Floyd en las ruinas de Pompeya, tal como el cine ha podido atestiguar. Y quizá fuese injusto no reconocer a la perrita Laika como muy importante para la historia de la música moderna: no en vano, el avance tecnológico que ha permitido la existencia del compact disc, el d.a.t. o el sampler, tiene buena parte de su origen en la carrera espacial (o conquista militar del espacio exterior), por lo que Laika es a un estudio de grabación digital lo que Peter Stuyvesand a la bolsa de Nueva York.
Los de a pie, en un acercamiento romántico a la publicidad, preferiremos creer que el perrito blanco se muestra atento al altavoz porque oye la voz de su amo, sin embargo resulta dudoso que así sea, ya que al parecer, las frecuencias que reproduce un cilindro de fonógrafo no son exactamente inteligibles para un perro. Lo mismo sucede con nuestros tocadiscos y/o reproductores en general. No están adaptados ni creados a la medida del espectro auditivo del perro. El espectro auditivo de los perros les permite percibir sonidos a frecuencias mucho más agudas que las nuestras. Incluso frecuencias que no se pueden transmitir a través de altavoces y que completan el timbre propio de cada fuente emisora, incluída la voz del amo. Resulta difícil como interpretación científica afirmar que el perro oye la voz de su amo en la grabación. No reconoce específicamente a su amo, sino que escucha voces que le recuerdan a la voz humana, en todo caso, o probablemente sonidos ininteligibles, por lo que es lícito suponer que aquello es, simplemente, un sonido desconocido, vagamente familiar o extraordinariamente chocante. En cualquier caso, el animal manifiesta su interés. Por ello deducimos que a las virtudes del can se une la de la curiosidad intelectual estimulada por lo nuevo, desconocido y sugerente que se le presenta a través del oído. Este dato es fundamental: si fuese un ser humano, habría descubierto que la "facilidad" o "dificultad" de comprender una música radica en nuestra actitud al escuchar, pues hay músicas difíciles que se tocan muy sencillamente y otras de gran aceptación cuya dificultad reside en interpretarlas, pero, en cualquier caso, nunca resulta perjudicial para el cerebro humano esforzarse por comprender algo (ésto debería explicarse en campañas preventivas gratuitas).
Para entendernos, si cada vez que tenemos hambre comemos el mismo menú, no hemos sabido relacionar el placer con la necesidad y si aducimos estar cansados (no hambrientos) para no escuchar determinadas cosas, cuando el apetito regresa, debemos probar cosas nuevas. No hace daño. En definitiva, es mucho más "difícil" para un perro, tripular una cápsula espacial (y morir en el intento) que para una persona escuchar alguna música desconocida hasta el momento.
Y ya que hablábamos de gastronomía, adentrémonos en una suculenta metáfora.

 

"Puede verse que las instrucciones con modos de direccionamiento que utilizan el valor de una dirección simbólica, deben reubicarse."

(Beivide-Casals-Domingo-Miralles-Viñals-Solé, "Introducción a los lenguajes máquina y ensamblador del pdp11", Departament d'Arquitectura de Computadors, Facultat d'Informàtica de Barcelona, 1984)

"Cuando el espacio de que disponemos no permite plantar muchos árboles, evidentemente los que nos proporcionan más satisfacciones son los que sufren más cambios a lo largo del año."

(Isabel y Mª del Tura Bovet, "Manual de jardinería", Ed. Cap Roig, 1987)

No cabe la menor duda de que una de las razones por las que la música genera opiniones y sentimientos tan encontrados, es que no se pueden cerrar las orejas. Sin embargo, la especie humana ha desarrollado hábiles sistemas, tanto mecánicos como mentales, para solucionar ese problema: uno de ellos es el easy listening. Otro más, el esnobismo. Algunos teóricos apuntan que la danza podría ser otro de tales métodos.
Este mes de agosto me encontré con un amigo, músico hiperbólico, en una de esas playas urbanas donde, si te bañas por la tarde, puedes ver crepúsculos de ciencia?ficción. Tras charlar durante varias horas sobre los distintos calados, esloras y envergaduras de las tablas de wind?surf que naufragaban ante nosotros, extrajo de su mochila un bocadillo envuelto en papel de aluminio y se lo comió en silencio, momento que aproveché para dejarme llevar por los retazos de conversaciones que el viento llevaba caprichosamente de un lugar a otro de la playa, junto con las clásicas plumas de paloma y las gotitas de mar salado. Cuando mi amigo terminó su bocadillo, arrugó meticulosamente el envoltorio, me miró con ojos de atún en escabeche y dijo: "delicioso".
A continuación expresó la siguiente idea, que yo me ocupé de grabar clandestinamente en mi equipo portátil y que ahora transcribo aquí con toda fidelidad:
"Cuando se come, hay que estar por lo que se come. No se puede engullir sin prestar atención a lo que se engulle, pues a un conocido mío éso le costó una gastroenteritis producida por un pedazo de badana que nadaba impunemente en el estofado de ternera. El comer es un acto individual que sólo puede compartirse si todos los que comen juntos están por lo que comen, lo comentan y lo engrandecen con su dedicación. No existe la comida rápida. Existe el comer deprisa. La comida puede prepararse con mayor o menor velocidad, pero hay que comerla con atención y deferencia. Y la comida que no valga la pena el tiempo de comerla con cuidado, no es propiamente comida, sino suero o pienso para consumo humano. Lo mismo puede aplicarse a los otros cuatro sentidos: si sólo leemos los titulares de los periódicos, debemos hacerlo con mayor cuidado y lentitud, para llegar a obtener la misma información que si leyéramos las noticias completas. Si no acariciamos a los perros y los gatos hasta que caen extenuados de placer, deberemos tocarles muy a conciencia la puntita del hocico cada vez que se nos acerquen, aunque luego nos lavemos las manos. Por lo mismo, si ocultamos nuestros olores cotidianos (corporales, ambientales) con esencias y detergentes perfumados, no podremos menos que profundizar en los diversos planos aromáticos diseñados por el perfumista, su alcance, perdurabilidad y clase social a los que están dirigidos. Y en cuanto al oído, despreciando la extraordinaria posibilidad que nos brinda la reproducción mecánica de escuchar muchas veces una misma música, habremos de distinguir, reconocer y apreciar, en una sóla escucha, los mil detalles sonoros de una composición cualquiera, por más easy listening que sea, puesto que para hacer una cosa bien (oir) no hace falta que otro la haya hecho bien (tocar), a menos que sea al contrario, y resulte que alguien está haciendo algo bien (tocar) para que nosotros hagamos algo mal (oir). En otras palabras: está bien apreciar la música como acompañante del cine, de la televisión, de la danza, de la lectura de revistas del corazón en las salas de espera de los dentistas o en los aeropuertos, pero la música, por si sóla, produce placer auditivo, cosa que se localiza en el córtex secundario del hemisferio cerebral derecho y, aunque se puede bailar sin música, ver sin oir o esperar al dentista en el más absoluto silencio, no pararse nunca a escuchar música sin hacer ninguna otra cosa es como aplaudir con una sóla mano y llegar a la conclusión de que simplemente se hace la mitad de ruido."
Dicho ésto, mi acompañante se incorporó, se sacudió la arena y se dió un chapuzón en el Mediterráneo, asustando momentáneamente a algunos peces y niños con flotador que se encontraban por allí.

En alguna otra orilla de aquel mismo mar, se construía a toda prisa un nuevo campo de refugiados, eufemismo que se refiere al hacinamiento de cientos o miles de personas que huyen de la guerra, es decir, de la muerte. Esta es la más elemental actitud pacifista. No hay nada más pacifista que un civil masacrado o muerto de hambre o de sed. De la guerra como negocio, no hay mucho que decir, sólo que aquellos que se entregan a tal lucro, lo hacen por dos motivos: o la muerte anónima de los débiles les produce anónimos dividendos, o el expolio directo de las poblaciones masacradas les permite quedarse con lo poco que tienen los más pobres. Detrás de ambas voluntades, encontramos escasa humanidad, y aún menos animalidad: sólo la peor de las ignorancias: la ignorancia de la nada, de la propia nada, alojada en míseras entidades semi-conscientes, capaces de realizar complejas operaciones matemáticas, recordar la fecha del cumpleaños de sus familiares e incluso, leer poesía.

Mísero negocio, la depredación de la propia especie. En la guerra, detrás de cada hombre desarmado está el asesinato del futuro y detrás de cada hombre armado, está la muerte del pasado.
Nuestra cultura, entregada a la estadística y las buenas apariencias, produce excedentes de civilización todos los días y, descartando la posibilidad de la felicidad de la mayoría de nuestros contemporáneos, atesora sus propios símbolos y los ajenos con sincero fetichismo: el ciudadano puesto al día, un ciudadano normal, pongamos un obrero de una fábrica de armas o de minas antipersonales, de un país "desarrollado" como España, por ejemplo, escucha las razones de una legión de asesinos en los noticiarios, mientras toma su comida diaria, y al terminar la jornada laboral puede acceder a la cultura, la historia y el folklore de pueblos que ya no existen, escuchando discos de músicas "étnicas" en un equipo digital de alta fidelidad en su habitación, acondicionada con una potente calefacción, mientras se toma un refresco bien enfriado en el frigorífico y, lo más importante de todo: ha aparcado su automóvil último modelo (ya no existen los utilitarios) en el parking inteligente de su edificio de apartamentos. Por lo tanto, está tranquilo, y puede conocer las músicas de culturas remotas que sólo están a dos horas de avión sabiendo que todos formamos parte de una "aldea" global. Las tropas de las Naciones Unidas, las O.N.G., la televisión por satélite y hasta la mismísima velocidad de la luz, se ocupan en todo momento de distribuir fotografías de Ronaldo o canciones de Michael Jackson combinadas con los paradigmas de la caducidad: sopas de sobre y medicamentos, a todos aquellos cuya casa no existe pero, a lo mejor, tienen un fusil. Así, la primera virtualidad de gran alcance resulta ser la de los mundos ordinales, el primero para el tercero, el tercero para el primero. Y la segunda, la del dominó político?económico, con mayores índices de audiencia que cualquier deporte (donde una ficha no representa a muchas personas, sino a una sola, o a dos, al estilo del cómic de superhéroes). El día transcurre, la Navidad nos parece universal y casi nadie piensa que prácticamente todo funciona con dinosaurios machacados, pero ahí está internet: la última oportunidad. La posibilidad terminal de que el mundo "desarrollado" llegue a ponerse de acuerdo para no seguir subdesarrollando al resto del mundo. Porque lo que es para entendernos con los que no tienen internet, no nos va a servir jamás, sobre todo si ni siquiera tienen electricidad.

Yo vivo rodeado de estas cosas. Maravillado. Porque podría ser peor. He leído que eso asesinos que hablan en los periódicos, escriben poesía y son admiradores del poeta Yeats. Por lo que a mí respecta, podrían ser admiradores de Mickey Mouse, pero no he leído nunca a Yeats, porque William Blake no me deja.

Y ahora, vamos a hablar del sonido.

 
 

"Cuando Klopstock desafió a Inglaterra
avivó el orgullo de William Blake
y el viejo Padre Dios allá arriba
expulsó aires, eructó y tosió
antes de lanzar un fuerte juramento que estremeció los cielos
y de llamar al inglés Blake.
Blake estaba aliviando sus tripas
en Lambeth, bajo la alameda.
Se puso de pie
y dio tres vueltas, tres.
La luna al ver aquello, se tornó de color escarlata.
Las estrellas arrojaron sus copas y huyeron;
todos los demonios del infierno
saludaron (a Blake) con gritos nueve veces más fuertes."

(William Blake)


 
 
 
 
Igual que existen el Reino Animal, el Vegetal y el Mineral, el sonido tiene tres parámetros, que se han dado en llamar Altura, Intensidad y Timbre*. El primero se refiere a la frecuencia, en ciclos por segundo, o hertzios. El segundo al volúmen, que se mide en decibelios. El tercero, a la suma de los armónicos de cada sonido (en este caso, la unidad es el instrumento, y se le agrupa en familias). Para explicar un poco cada uno, veamos algunos ejemplos:
Para hablar de la altura, no hay nada como el baloncesto, pasión de directores de algunos programas musicales radiofónicos. Veamos esta cita, extraída de la prensa diaria: "...el pívot Nikita Morgunov, ya anunció el domingo su marcha para fichar por el Zalguiris Kaunas de Lituania. ‘Es un golpe bajo, pero Morgunov tiene sus razones: necesita dinero porque su mujer está embarazada’, explicó el técnico Stanislav Eremin". Vemos aquí muchas cosas referentes a la altura. De entrada, el pívot da un golpe bajo a su equipo, pero éso es por que es pívot y no necesita ser tan alto como sus compañeros. Si no, hubiera dado un golpe de altura. En cualquier caso, todo el asunto está en relación con la frecuencia, en este caso, con la frecuencia con que el equipo de baloncesto del Ejército Ruso paga a sus jugadores.
En cuanto a la intensidad, podemos echar mano una vez más de la prensa diaria: "El viento de levante y el paso de una borrasca atlántica cristalizarán en bancos de nubes de gran desarrollo con chubascos generalizados, algunos muy intensos." Chubascos que, a tenor de lo que define por "intenso" el Diccionario de la Real Academia, tendrían un "grado de energía en lo físico y en lo moral".
El timbre, es... ¿como lo diría? Ya sé: ¿Porqué, cuando alguien toca el vibráfono, siempre hay algún momento en que nos parece oír el timbre de un piso donde vivíamos en los años setenta?

 
 

Y ahora, vamos a hablar del oído.
 

*Y de la misma manera que existe un cuarto reino, el de los hongos, existe un cuarto parámetro, psicológico.
 
 

CAPÍTULO TERCERO
 
 
 

"¡Qué soñadora y romántica parece la mirada de esta muchacha en los años del desarrollo!
En el cuello se ve una ligera hinchazón del tiroides, que suele ser frecuente en las muchachas de esta edad. La mirada está pendiente de los ojos y los labios del padre; la boca a duras penas pronunciará una palabra.
Tal vez después haya riñas y lágrimas. Así nos ayudamos. Lo que debemos hacer es dar independencia a los hijos.".

(Dr. Sigurd Hild, "La educación sexual de los niños")



 
 
 
He tenido noticia por la prensa de que el gobierno alemán está tratando de convencer a la Unión Europea para que obligue a los fabricantes a limitar el volumen de los aparatos estéreo personales (walkman o discman) y ha propuesto un máximo de 90 decibelios.
Resulta paradójico que el gobierno de un país productor de automóviles capaces de correr a velocidades muy superiores a las que la mayoría de países de la Unión Europea admiten para circular por sus ciudades, carreteras o autopistas, no confíe en la prudencia de sus súbditos o en las virtudes de algo llamado "potenciómetro". Porque, a menos que todo se deba a razones económicas, ¡qué singular ética es la suya!: uno es libre de elegir si prefiere matarse o sólo quedar tetrapléjico con su flamante automóvil comprado a plazos pero no puede quedarse sordo o simplemente, terminar confundiendo la f con la s. Vaya.
Digo que no parece tratarse de un esfuerzo ahorrativo del gobierno alemán, por que es mucho más barata la pensión de un sordo que la de un inválido. Además, el sordo puede acceder a más puestos de trabajo. Veo más bien confusión en la iniciativa. Una confusión que es patente en todos los temas ecológicos. Precisamente, si observamos la situación desde un punto de vista ecológico, reconoceremos que el usuario del walkman, al proveerse de auriculares, beneficia a su entorno librándole de toda polución sonora que su afición pudiera generar. Esa es una actitud responsable que debería imitarse: los gobiernos tendrían que recomendar a los fabricantes de vehículos a motor que, mediante un ingenioso sistema de tubos, se pudieran liberar los gases de la combustión en la propia cabina del vehículo, ahorrando a los demás los graves perjuicios de la polución.
De la misma manera, deberían crearse vagones de tren sin televisión obligatoria, a la manera de los que existen para no fumadores. La polución visual, como la de las películas infumables del estilo "vuelve el padre de la novia" (que es la que me están inyectando ahora mismo en el intercity "Miguel de Unamuno" Barcelona-Hendaya, mientras escribo este artículo) causa a los modernos Estados graves perjuicios sociales y económicos, elevando el déficit de la sanidad pública, ya que pueden producir transtornos mentales de la población (los ferrocarriles españoles incorporan, además, sutiles métodos de tortura: ante la inevitabilidad de la imagen, el usuario puede elegir entre escuchar la banda sonora de la película (mediante unos pequeños auriculares distorsionados) o tratar de digerir el inevitable hilo musical a base de orquestas tocando "inolvidables melodías de siempre" durante nueve horas).
Siempre hay alguien tratando de que yo haga lo que él haría si fuera yo pero que, curiosamente, no hace. Siempre hay alguien redimiéndose en los demás, siempre hay demasiadas leyes, ordenanzas, reglamentos, razones, costumbres, frases hechas, trascendencias, uniformidades y causas mayores, que son las aguas menores de los cerebros bienpensantes. Por éso: piensa mal y acertarás.

 

vamos a cambiar de tema
 
 
 
 
 
 
 

CAPÍTULO CUARTO

MÚSICOS

"Insultó, le multaron y dejó de comer"

(Oriol Perucho)


 
 
He relatado anteriormente una conversación que mantuve con mi amigo, al que llamé "músico hiperbólico". Durante un tiempo nuestros encuentros me proporcionaron material para la reflexión y el plagio. Finalmente, partió de viaje y no he vuelto a saber de él.
Le conocí cuando tocaba en clubs y era abucheado con melones, sandías y cocos. Cambiaba de acorde de concierto a concierto y subvencionaba la Campaña en Favor de las Grabaciones Efímeras, basada en las siguientes preguntas: ¿Porqué han de dejar de fabricarse vinilos aunque se gasten y deterioren antes? ¿Qué nos importa el ruido de fondo, los discos rayados, las cassettes lloronas que se enredan en los cabezales o la hora que es?
Algún tiempo después, averigüé que la Campaña en Favor de las Grabaciones Efímeras (C.F.G.E.) está vinculada a la Campaña En General Para Usar Las Cosas Bien (C.E.G.P.U.L.C.B.), un movimiento internacional que propone la ética de dar a los robots domésticos un lugar adecuado a sus capacidades, sin infra ni supervalorarlos... se evita con ello la aparición de síndromes y traumas que dificulten en general su buen funcionamiento. Volví a encontrarme con el mismo músico en un pequeño bar de tamaño considerable. Sin darle tiempo a reaccionar, le lancé mi propia pregunta: ¿Qué pesa más: un kilo de arrobas o un kilo de toneladas? Y me remitió directamente al Informe Oficial Sobre Asuntos (I.O.S.A.) nº 7908.
Al día siguiente saqué un ticket de encerador en la Biblioteca del barrio y fotocopié el informe. De vuelta en casa, sentado en mi cómodo triturador de basuras, encendí un fósforo y después de darle varias chupadas, comencé a leer...
El I.O.S.A. nº 7908 trataba sobre los músicos de jazz que no son de jazz (están siendo contabilizados actualmente por Internacional de Gremios S.A.) de los que se ha descubiertoc que, en términos generales, producen un 90 % de notas que pasan desapercibidas para ellos mismos. Sin embargo, entre los músicos electrónicos se ha podido constatar que el 90 % de las veces que hacen la misma nota, ésta también pasa desapercibida para ellos. Algunos han tratado de dar un sentido espiritual y milenarista a estas estadísticas...
Estos estudios se promovieron a raíz de la investigación oficial sobre Qué Fue De La Fusión Entre Los Disidentes Estilísticos de los 80´s (Q.F.D.L.F.E.L.D.E.?80). Esta asociación ha planteado la siguiente (y compleja pregunta) a todos los estudiosos de la música popular de este siglo: ¿Acaso no es aburrido el aburrimiento?
A lo que nosotros añadimos: ¿Acaso no advirtió con acierto el Padre Ubú a su capitán, Nicolás Rensky, de que sólo hay tres clases de armas (de mierdra, de física y de phinanzas)?
Además, no sólo en cada persona hay un crítico, sino que en cada músico hay una persona, así que imagínense. Es normal que no exista casi nada más. Está todo lleno. Rebosante. Vivimos el "horror vacui" informativo. Comprendo que haya gente que insulte, le multen y deje de comer.
Y es que el asunto de la crítica es tremendamente complicado. Que si no se puede ser sectario. Que si no da tiempo a ir a todas partes. Que si hay que tener en cuenta los gustos de los lectores. Que si hay que dedicarse a algo en esta vida. Que sí, que no, pero está claro que si tuvieras que hablar bien sólo de lo que está bien, o desaparecían las secciones de cultura y espectáculos de los periódicos, o la industria discográfico-mediática, el supermecanismo cultural/político del Estado y las "familias" culturales indígenas, tendrían que cerrar el chiringuito.
Aún acabaremos creyéndonos que un soporte es un soporte. Pero qué más da el soporte si no hay mierdra, física y phinanzas...
Por ello, hay que animar desde estas líneas a nuestro músico anónimo, ya que si no le gusta el compact-disc es porque no le han editado ninguno (a mí, por ejemplo, no me gustan los sobresalientes en matemáticas). Gracias a las modernas ferias discográficas y a su resonancia en la prensa, ha comprendido, por fin, que ser independiente no es no ser dependiente, sino serlo mucho más.
Claro que si no vendes artículos de primera necesidad, sino soportes mecánicos de información personal que, más que artículos, son pronombres personales de información mecánica para soportar...
"Desde luego, -se dijo- si en cada persona hay un crítico y en cada músico una persona, los que tienen mundos enteros en la cabeza en otras cosas se han de ocupar".
Y entonces,  el músico comió, le insultaron y dejó  de multar.


 
 

"¡Alabado sea Dios, bastante le conozco para no tomarlo por otro! Os digo que es él y si él lo niega no os lo creáis."

 (Bocaccio, Historias de conventos)

"¡Vuelve! ¡Lo ha entendido! ¡Hip hip! ¡Hurra! ¡Sé hablar el elefante!"

 (Hergé, Los cigarros del Faraón)

"En ninguna parte hay pipa alguna"

 (Michel Foucault, Ensayo sobre Magritte)


 
 
 
 
Y el músico hiperbólico, que nunca había sacado un compact?disc, consiguió reunir unos ahorros y ponerse a grabar en un estudio de su ciudad. Al cabo de un tiempo, le encontré llamando a la puerta de una discográfica independiente local con nombre inglés. "¿Es aquí donde pueden sacar mi disco de nueva música?techno?étnico?experimental?psicodélicoprogresiva, e, incluso, colocarlo en el mercado internacional?", preguntó. "If, if, between, between..." oí que le respondían...
Algunos meses después, estaba recorriendo algunas tiendas de la ciudad en busca de mi propio disco, cuando volví a verle. Me explicó que su c.d. había aparecido por fin, que algunas emisoras de radio venían programándolo gracias a unos contactos personales fruto de su anterior trabajo como camillero y a que había regalado algunos ejemplares que la discográfica le vendía a precio de distribuidor.
Llevaba varias semanas visitando los principales establecimientos de la ciudad en los que, lamentablemente, no tenían la menor noticia del disco, aunque recordaban a algún tipo raro que había preguntado por él.
Fuimos a tomar un helado de jamón (la merienda preferida de los músicos) y le manifesté mi entusiasmo por la reciente campaña de SGAE en favor de los autores y sus derechos; muy animadamente le hablé de cómo mucha gente caería en la cuenta de que esas melodías que revolotean por nuestra cabeza al levantarnos de la cama, o caminando por la calle, "pertenecen" a alguien, surgieron del trabajo de alguien, fueron "inventadas" por alguien. Los efectos de tan importante campaña harían descubrir a muchos que, sin los autores, la única música sería esa barahúnda de gritos y silbatos de las gradas futbolísticas (como tan bien sugería la campaña).
También era posible que sirviera para que algún espabilado tratase de registrar el "oé, oé, oé" a su nombre, me comentó pesimistamente.
Le expliqué que, como autores, no podíamos más que celebrar los objetivos de la campaña, que este era un país poco dado a reconocer ese tipo de cosas y poco versado en diferenciar un impuesto de un derecho. Él objetó, mientras dirigía una mirada melancólica al televisor del bar que, no en este país, sino en todos, la mediatización no tiene parangón y que no hacía muchos años, en los bares no había tocadiscos, ni radio, ni televisor. Que la industria vende primero y pregunta después.
A ésto siguió un silencio de ambos, turbado nada más por el sonido de las máquinas tragaperras. El músico continuó: ¿qué campaña habría que promover para que los editores fonográficos no defraudasen a los autores jóvenes o minoritarios, chantajeándolos con sus derechos de autor, amenazándolos con no publicar su disco si no firman un contrato con una editora musical que se quedará con el 40 o el 50 por ciento de sus derechos. Él sabía que la fonográfica y el editor habían pactado repartirse esos derechos. Era consciente de que la tirada que se había puesto en circulación no sobrepasaba los 500 discos, sin ninguna campaña promocional, excepto la que el propio artista estaba llevando a cabo, y el control de su difusión era sencillísimo, incluso para él, que era músico, zurdo y un poco disléxico. Además, él había tenido que pagar la grabación del disco, y estaba convencido de que había resultado más costosa que su fabricación. La pregunta del millón era la siguiente: ¿recuperando el editor fonográfico de forma tan directa su inversión, ¿qué interés podía tener en vender el disco si, en la práctica, el comprador íntegro de la edición era el autor? En definitiva, ¿qué negocio es éste, en el que el comerciante vive de los proveedores y no de los clientes?
Mientras mi amigo, el músico hiperbólico, pagaba su helado y partía en dirección a la calle, reconocí para mí que actividades tan poco éticas no son aisladas, sino muy frecuentes. No son condenadas sino asumidas por el autor, que "se muere de ganas" de sacar un disco. El editor fonográfico plantea al autor, como una condición, el reparto en cuestión y éste acepta, pues es su primera experiencia discográfica. Tanto sucede con los jóvenes músicos de pop, como con aquellos creadores marginales, experimentales. Las nuevas músicas y los principiantes son campo abonado para estas maniobras. Si algún día el producto alcanza cierta popularidad, pues vaya suerte y, si no es así, los gastos habrán sido mínimos... y esto es lo que hay. Aunque parezca mentira, el derecho de pernada intelectual existe. Yo lo he visto. Y no me lo puedo creer. Bueno, sí.

 

De todo corazón agradecemos muy sinceramente las muchas colaboraciones recibidas en la realización de este trabajo, con el deseo de que todo ello redunde en un mayor consumo de nuestros maravillosos quesos..."

(Carlos García del Cerro y Manuel Arroyo González, "La cocina del queso español", Alianza Editorial, 1987)


 
 
 
 

Una de las charlas que mantuve con el músico hiperbólico causó sensación en mi barrio. La reproduzco a continuación:

Músico Hiperbólico- Oye, pues el otro día leí el último informe de la Organización Mundial de la Salud sobre enfermedades mentales humanas, y decía que están censados 500 millones de enfermos mentales en el planeta, divididos en varios grandes grupos.
V.N.- ¿Ah, sí?
M.H.- Sí, mira, han censado a 52 millones de esquizofrénicos, 150 millones de neuróticos, 120 millones de retrasados mentales, 50 millones de epilépticos y 30 millones de locos.
V.N.- Toma ya.
M.H.- Entonces, yo hice mis cálculos.
V.N.- Cuenta...
M.H.- Primero, demos por supuesto que la estadística esté hecha con buena intención. Si tenemos en cuenta los numerosos países en que un censo así resulta imposible porque ni siquiera hay psiquiatras, más los de seguro innumerables no censados en los países desarrollados (pequeñas neurosis que no dificultan trabajar, esquizoides, esquizotímicos,
etc) y añadimos aquellos que sufren daños neurológicos evolutivos o profundos por causa de accidentes, o lesiones cerebrales, más las fobias, paranoia y reacciones puntuales que el consumo de drogas (especialmente alcohol) producen momentáneamente y además tenemos en cuenta los estados depresivos y de ansiedad causados por los problemas laborales, familiares y, en general por la falta de plenitud y satisfacción vital, psicosomatismo, estrés...

V.N.- ...y teniendo en cuenta que las zoofobias (gente que mata o tortura animales) y otras desviaciones de agresividad no inter?humanas, no suelen contemplarse como enfermedades mentales, aunque sin duda lo son) y, además, por tratarse de una reacción profundamente autodestructiva, consideramos el racismo como enfermedad mental de tipo cultural (es decir, muy contagiosa)...
M.H.- Y aún descartando otras tendencias que podrían llamarse socio?somáticas, como el esnobismo o el analfabetismo voluntario, si la población mundial actual es de 5.292 millones, ¡posiblemente dos terceras partes de la humanidad serían enfermos mentales!
V.N.- ¡Difícil es creer que una proporción semejante permita la existencia de un modelo mental "sano" y homologable!
M.H.- Sí, y también es difícil de creer que dicha proporción no se pueda trasladar a todos los colectivos, sectores sociales, clases o gremios, pensando que algunos la sufran en mayor medida que otros. Por ejemplo, los políticos, las clases gobernantes, contarían con un porcentaje similar de enfermos mentales que los albañiles o los parados o los piragüistas.
V.N.- ¿Estamos, pues, gobernados por un colectivo cuyas 2/3 partes podrían ser enfermos mentales?
M.H.- Buena pregunta. Y yo también me pregunto: ¿Acaso esa mayoría universal no estaría determinando el desenlace de la historia, las culturas del mundo, la organización de la convivencia, los modelos de existencia, las estructuras políticas y hasta la propia sanidad?
V.N.- Claro, ante esta proporción de 2 a 1 a favor del desequilibrio, la inarmonía, la parcialidad, no cuesta comprender los fanatismos, las leyes absurdas, los delitos sin víctima, las desigualdades, la elucubración sobre la genética, el pesimismo y hasta el odio.
M.H.- ¿Acaso los seres humanos no deberían re?orientar su desarrollo y su evolución como especie hacia un auténtico auto?ecologismo? ¿Acaso es menos grave o peligroso sufrir uno mismo que hacer sufrir a los demás? ¿No es absolutamente necesaria una terapia universal?
V.N.- ¿Pero quién podría impartirla? ¿Cómo 2/3 aceptarán los consejos y la ayuda de 1/3, si esas fracciones están repetidas, estratificadas, en todos los ámbitos de la esfera de vida humana?
M.H.- ¿Y si además ese 1/3 ignora lo que sucede, viéndose abocado en la mayoría de los casos, en un momento de la vida, a sufrir en sí mismo, no el desconocimiento de su minoritaria salud, sino de la enfermedad ajena?
V.N.- Quizá son aquellos que votan a los políticos con la sana intención de que les dejen en paz, subvencionando la obsesión ajena, los primeros en sucumbir al dogma y la ambición psicótica de los otros, viendo sus vidas destruídas, obligados a sacrificar ilusiones, amores y optimismos a cada embate de los que proyectan su enfermedad mental.
M.H.- Sí, quizá la tristeza, el dolor y la desgracia sean sólo el final de todo ese extraño circuito mental que aquellos que no saben, no pueden o no quieren ser felices, proyectan hacia los demás, haciéndoles creer que caminan en pos de la felicidad...
V.N.- Quizá el estricto control del albedrío y de todo aquello que expande la mente, de la historia, siempre reescrita por los vencedores a sangre y sufrimiento, sea un gigantesco mecanismo que pretende hacer extensivo al universo entero el fracaso espiritual de aquellos que nunca han creído por completo en su propia naturalidad...
M.H.- Abonando, así, un cáncer cultural de incalculables dimensiones cuyos antídotos han sido sistemáticamente destruídos a lo largo de los siglos.
V.N. - Pues vaya, no me va a salir un artículo muy musical tras esta conversación. Además, el mismo porcentaje se repetiría entre los músicos, los editores discográficos, los periodistas musicales...
M.H.-  Bueno, pero la música existe por sí misma. Es materia. Ya sabes.
V.N.-  Uf, pues menos mal.

 
 
 
 

"Tan barrocos se han vuelto estos chicos que incluso se han permitido el lujo de tocar el clavicornio"

(De un artículo sobre Orbital publicado sin firma en el número de Junio de 1996 de la revista Play)

"El ejemplo más claro de compenetración entre "Música electrónica" y desarrollo tecnológico lo tenemos en una pareja clave, el Dr. Roberto Mogol y el música Walter Carlos"

(Artículo "Sónar'96", de Héctor Moratilla y Francisco Rico, publicado en Mondo Sonoro de Junio de 1996)


 
 

Estas citas prueban que la historia de la música moderna podría construirse así, a base de clavicornios y sintetizadores mogol y solo habría que ir añadiendo el sic. de turno (que simplemente quiere decir "así" pero que nos descarga muchísimo de lo que dicen los demás, permitiendo diferenciar nuestros errores de los ajenos). Y de una manera "así" de apócrifa, el músico hiperbólico desapareció de mi vida:

Me llamó por teléfono un 24 de Diciembre:
- Dicen que hasta dentro de cien años no volverá a haber luna llena en Nochebuena.
- Ya.
- Pero luna llena hay cada mes y dentro de cien años, a lo mejor no hay Nochebuena.
-Claro.
Volví a encontrarle en la noche del cinco al seis de Enero:
- Estoy de incógnito.
- ¿De rey o de niño?
- De niño.
Entramos en un bar lleno de paquetes con envoltorio de regalo que vigilaban a sus respectivos humanos. Pidió un batido y yo le acompañé con cerveza. Debo partir de viaje, me dijo. Ya sabrás que estoy recopilando un archivo de folklores imaginarios, y ese trabajo me obliga a viajar con bastante frecuencia. Esta vez tengo que desplazarme a los Territorios Conocidos de la Sociedad Bianual Ronchis, un Estado mental muy activo en el que se encuentra trabajando mucha gente. Tienen como objetivo topografiar los Territorios Desconocidos de la Sociedad Bianual Ronchis. Hace unos días cayó en mis manos este

documento -puso sobre la mesa un arrugado papel azul mecanografiado- si lo lees, comprenderás que quiera preparar mi equipo portátil de grabación y partir de inmediato.

El "documento" llevaba un extraño membrete y decía así:

"INFORME RONCHIS Nº 56

A petición de: D. Carolino Cordón, Archicémbalo Mayor

Asunto: fractura espaciotemporal de cúbito y radio sufrida por el Pentacornetín honorífico de la Sociedad Bianual Ronchis.

Transcripción del parte médico del Doctor Sietepuntas:

"En la mañana de ayer, una fractura espacio-temporal de cúbito y radio que se encontraba extraviada desde hacía varias semanas, atacó al Pentacornetín Honorífico D. Matías Simpatía, desplazándole a la sección de herramientas para ornitología, donde sufrió diversas contusiones causadas por los golpes de paraguas que le propinó el encargado de la sección. El Pentacornetín, que intentó refugiarse en el armario de los catalejos, fue atacado también por Lisky, el perro guardián de la sección, diagnosticándosele mordedura de serpiente en la pantorrilla izquierda y luxación del dedo correspondiente a la nota Re. El Pentacornetín pudo ser rescatado dos horas después por una brigada de cocineros y se encuentra en observación en Enfermerías Ronchis hasta que transcurran cuarenta y ocho horas. Se le administran calmantes de achicoria y relatos breves de autores clásicos."

firmado: Servicio Médico de Urgencias Ronchis (S.M.U.R.)
Dr. Sietepuntas y equipo.
Incidencias: La melodía de auxilio que el Pentacornetín improvisó hasta desfallecer en el armario de los catalejos ha sido considerada una brillante composición que se incorporará al Repertorio Ronchis de Señales Acústicas, según afirmó ayer el Vicezambomba Raúl Rocambolesco."

Una melodía sin la nota Re, pensé, y levanté la vista. El músico hiperbólico había desaparecido. Los paquetes de regalo caían de las sillas (en ocasiones con alarmantes sonidos de vidrio o porcelana rotos) afanándose para que sus respectivos humanos terminaran las consumiciones.

 
 
 

CAPÍTULO QUINTO
 

"He aquí por qué será quizás a través de una mejora -aunque acaso despersonalizante- del objeto de uso común como se podrá esperar que se logre una sucesiva mejoría del gusto aún conrespecto a las obras de arte propiamente dichas, en las que la despersonalización es más peligrosa".

(Gillo Dorfles, "El diseño industrial y su estética", Ed. Labor, 1968)


 
Decía en el primer capítulo que leer críticas de discos es puro yoga. Sigo pensándolo. Abren para mí un vasto campo de sugerencias, me atrevería a decir, poéticas. Y corresponden al nivel superior experimental de la teoría de la improbabilidad. Para mí es siempre una experiencia estimulante sumergirme en la lectura de comentarios sobre discos que nunca he escuchado. La riqueza del imaginario de quienes se aventuran a definir lo inefable es asombrosa. Esos textos contienen descripciones de músicas que puedo imaginar, crear en mi mente a partir de lo que de ellas se dice. Y en cierta medida, prefiero que así sea, porque ir a la tienda y comprar el disco puede llevar a desengaños fatales. Éso me ha ocurrido con alguno de los últimos discos que he ido a buscar después de leer acerca de ellos: por ejemplo, ninguna crítica sobre Laika advertía que el instrumento omnipresente en todos los cortes es la flauta travesera. Tampoco las recensiones sobre Ganger hacían referencia a que el disco está echado a perder por un saxo malísimo que suena fatal. En el caso de Insecto, las críticas optaban por la palabra jazz. ¿Hay alguna gota de jazz en el disco? Ninguna. Por una parte, en los dos primeros casos, la indefinición nos lleva al concepto de crítica perfecta, es decir, intercambiable. En el tercer caso, nos encontramos ante un ejemplo de crítica ideal, que es aquella en que su autor describe lo que le gustaría que fuera aquello que está comentando. A mí, lo que de verdad me interesa es la energía poética que contienen algunas críticas, cómo su propia idioleccia soslaya técnicamente la concreción y se sumerge en un mundo de oblicuidades que, salvando las distancias y sin la connotación terrorífica (no seáis malpensados), alcanza la sublimidad de las descripciones lovecraftianas, que permiten formar una imagen subjetiva a cada lector a base de rodear magistralmente el objeto con sucesivos círculos de sensaciones.
He hecho una selección de los fragmentos que más me han impresionado en los últimos meses. Están extraídos de la prensa especializada española. Juntos, podrían constituir la crítica del disco más alucinante que jamás se hubiera grabado. Y estoy tentado de grabarlo, aunque si lo hiciese, las críticas que aparecerían hablarían, seguro, de otro disco todavía por grabar:

"reflexionan, recopilan todo lo aprendido por el camino y deciden tensar la cuerda del riesgo" "una belleza borrascosa y magnética" "que baraja lo desconocido con los recuerdos, la realidad con el deseo, lo viejo y lo nuevo" "el mapa de un paisaje interior trastocado por inviernos inesperados, ángulos de seducción y descubrimientos fabulosos" "en la plenitud de su magma expresivo" "hace de lo versátil y lo ambiguo el punto de partida para viajar por llanuras de romanticismo torturado" "esas joyas atemporales que uno recuerda haber vivido antes y cuyos sonidos le resultan familiares sin saber de dónde vienen" "no entra ni por los ojos ni por el oído; lo hace por entre los resquicios de tu pequeño corazón" "esa entraña de hermosa demencia" "susurros acústicos, programaciones intuídas, paisajes húmedos" "ecos intrigantes, percusiones ondulantes" "pequeñas alucinaciones en los límites de la fidelidad" "trips sonoros que navegan con un vaivén perezoso y subyugante" "una obra introspectiva y atmosférica" "un mundo mágico, irónico, a ratos hermoso y surrealista, en el que esta vez no hay concesiones al aburrimiento ni a la medianía" "un viaje al futuro" "nuevamente estimulante y comprometido con su presente" "libre del yugo que atenaza a quienes anteponen innovación a inspiración" "un halo de experimentación" "un sonido tan especial como atractivo" "produciendo extraños efectos en el metabolismo" "para el disfrute de oyentes escrupulosos e inusitados" "lleno de detalles planetarios que van cautivando" "lúcidos chispazos existenciales" "oxigenantes susurros" "insinuantes líneas de aromáticos teclados" "sonoridades simples pero que brillan intensas y con briznas de delicadeza" "envolventes, zumbadores e hipnóticos" "sigilosamente expande su ténue nube aromática por los rincones de todas las casas" "flores de improvisación entre las galaxias" "canciones llenas de matices y detalles que le hacen ganar enteros a cada escucha" "la idea de mirar hacia adelante, el avance, los cambios (inconscientes en muchos casos) que se producen en y alrededor de uno con el paso del tiempo" "es un mundo mitad verdad mitad ficción" "otro disco exigente, de interrogación y tesis" "un derroche de lirismo e imaginación, de fluidez y de diálogo, de serenidad y tensión, de matemáticas y poesía" "efectos crujientes, con eco y en espiral" "espesos, tensos, multidireccionales" "unos extraterrestres submarinos que salen a la superficie" "teclados turbadores y  órganos aceitosos" "atmósferas mágicas, misteriosas a veces, sugestivas siempre" "sonidos perturbadores distribuidos con maestría" "un recorrido lleno de emoción y magia" "cuidado tratamiento de las texturas y las evoluciones" "¿demasiado para un sólo álbum?, ojalá cunda el ejemplo" "una obra coherente y audaz en su planteamiento y desarrollo"

La crítica postmoderna ha inventado la belleza intercambiable. Es abrumador, es excesivo y barroco y tan poco objetivo como en el fondo ha de ser, pero no es bochornoso ni seudomusicológico, que para éso sí hace falta imaginación. Vean sino, esta otra serie de frases (de las que afortunadamente no se encuentran tantas):

"música tanto para el cuerpo como para el cerebro" "antes de la descompresión final con las sintonías abstractas" "un caudal de talento que es que se le escapa de las manos al compositor" "una buena muestra de su estilo, con temas que basculan entre los tres y los dieciséis minutos" "esta música es diferente" "mezcla sonidos acústicos y eléctricos con pasmosa facilidad" "dodecafónico y dadaísta" "se permite dejar fluir su música sin desmoronarse por ella" "un tímido pero a la vez interesantísimo acercamiento al verdadero rock de vanguardia".

 
 

"Se agradecerá la comunicación de cualquier posible error u omisión para su debida rectificación. Asimismo, serán de la mayor consideración todas cuantas sugerencias se reciban; las cuales, y previo estudio, quedarán debidamente atendidas si procede.".

(Guía Urbana de Barcelona, Editorial Pamias, 1984)


 

En 1877, el mismo año en que Leonard Mälzel, mecánico austríaco, construía el Panharmonicon, una orquesta de 42 autómatas mecánicos, el físico estadounidense Robert William Wood inventaba la luz negra. Ya hacía 45 años que el también físico belga Joseph Plateau había puesto en funcionamiento el primer estroboscopio. Faltaban 55 y 67 años respectivamente para que algunas de las verdaderas celebridades de nuestra era sembraran la semilla de su reconocimiento: Alfred Nobel en 1932, inventando la nitroglicerina y Werner Von Braun en 1944, diseñando el misil V2. De la invención del disco compacto sólo consta la fecha (1972), pero ya ningún autor.

En los sargazos de la postmodernidad (éso que se disuelve tan rápidamente en cuanto se habla de nueva era o revolución techno), somos pescadores a la vez que vigilantes de la playa o cousteaus de sus profundidades. Así que el excedente cultural de la industria pura y dura nos da tema para hablar y hasta pensar. Entonces surgen los teóricos de debajo de los maderos carcomidos procedentes de naufragios desconocidos.
Se levantan las voces que se deben levantar o no, para dejar bien claro que se reivindica lo que existe, ya que, una vez activado el disolvente, entramos en el territorio mental de lo globalmente exclusivo, donde el observador depende del fenómeno observado, y no al revés.
Se habla de "música de baile" como si no se pudiera bailar toda la música. La verdad es que se habla así para referirse a un producto que debe ser llamado de alguna manera por la industria y el mercado que trafican con él. Las denominaciones mercantiles de los géneros musicales son polisémicas, y ésta lo es especialmente (cultura de clubs, techno...). Nada que ver con las etiquetas que definen aspectos técnicos de las innumerables vertientes de la música popular. Si lo vemos literalmente, nos encontramos ante nuevas formas de gimnasia colectiva, no cabe la menor duda, y a mí no me parece nada saludable. En cambio, para quien entienda la "salud" en clave de asepsia, ésto tampoco tiene mucho de saludable. Por éso los teóricos al uso, esgrimen psico -socio- espiritualidades ad hoc.

Pero, una vez generada una producción teórica en torno al producto-fenómeno, es preciso devolver cada concepto a su origen y a partir de aquí, contemporizar con buena intención.
Que algo sea "bailable", implica inmediatamente que otras cosas quizá no lo sean; un cenicero no sería "bailable", por ejemplo. Dicho de otra forma, si la cultura de los clubs de baile se presenta como trascendente, y así sucede cuando el ritual se magnifica y se considera como punto álgido de la supuesta evidencia del fin de lo trágico, en una relectura del pop (a fin de cuentas, la hicieron con más tranquilidad el soul o el funk) esperanzada y teorizante que se salta, en plan fosbury, todos los pogos habidos y por haber*, ¿qué cuota evolutiva le queda a todo lo demás? ¿Porqué son todos tan pesados? ¿En qué grado el sentimiento de culpa por las culturas amputadas gravita sobre este supuesto "renacer" de Dionisos? ¿Porqué los teorizadores sobre la moderna música de baile no bailan? ¿Es que alguien se creyó el rollo aristocrático del cuarto mundo?. ¿Bailando llegaremos a ser universalmente felices? ¿Y cuando no bailemos? Estupendo panorama "decontracté" para la carne de cañón de fin de siglo.

* ¿Qué hacías en los ochenta?
 
 

CAPÍTULO SEXTO 


"Creo -les dijo- que os bañáis a menudo, pues todos los huecos de las rocas están llenos de agua pura y he visto, cuando me acercaba a vuestra asamblea, a varios de vosotros sumergidos en esas bañeras naturales. Y la pureza corporal es la imagen de la pureza espiritual."

(Anatole France, La Isla de los Pingüinos, Fontana-Clásicos Universales, 1995, Barcelona)

"¡Voy a ayudarte a encontrar el camino! No es nada grave, ¡tranquilízate...! Se trata simplemente de cortarte la cabeza..."

(Hergé, El Loto Azul, Ed. Juventud, 1965, Barcelona)

No debería sorprendernos que el Mundial de Fútbol de 1998 representase una competencia importante para el Doctor Music Festival. No existe tanta diferencia entre ambas cosas ni entre sus respectivos públicos; quizá no exista mucha diferencia, tampoco, entre los objetivos de sus organizadores ni entre los de sus protagonistas, y no lo digo por las habituales camisetas del club local que las estrellas del rock suelen enfundarse cuando van de gira.
No debería extrañarnos que el mismo evento balompédico sustrajese público a programaciones aparentemente más "difíciles", "inauditas" o "especiales" que parecen contar con un público estable, interesado vivamente por lo que en ellas se ofrece, sino que, finalmente, esa sería la razón de que así fuese. Puede deberse también a que lo retransmitía la televisión, pero eso añadiría certeza a lo que aquí se supone.
No debería sorprendernos leer en un programa de mano del mes de julio de este año que (se asistirá) "a una doble sesión de experimentación sin límite" en la que un "dirigente" de una "distribuidora musical alternativa y de vanguardia", "nos delitará con una selección de música electrónica muy selecta", y en la que otro invitado "con un criterio variado explora diversos estilos, combinándolos de forma complementaria"; tales alardes literarios nos devuelven a la triste realidad.
No debería sorprendernos que un programa de la televisión catalana especializado en ese sector de la industria musical que constituye el mercado estable de la música "agradable" no rock con pretensiones, entrevistase a un músico japonés que lleva muchos años afincado en Barcelona y habla catalán perfectamente, y le pidiesen que respondiera a las preguntas en japonés y ¡¡escribiese las respuestas en catalán para subtitular la entrevista!!
No debería soprenderse Eduardo Haro Tecglen de que la música de Strawinsky haya irritado al público de Peralada en 1998 como lo hizo en los años cuarenta la presentación de Petrushka en Madrid, pero su extrañeza reconforta, su inquietud es cuerda y contemporánea, porque no sabemos cuántos se incorporan a diario en este país a esa legión de "personas normales" que presiden "el corte en la yugular del 'tempo' estético" (ver El País, suplemento Babelia, 25 de julio. Eduardo Haro Tecglen, "Arte Degenerado") y nos devuelven de camino a ese ecosistema intelectual por defecto que, habitado por el papanatismo, la mojigatería, la medianía y la ordinariez (al que un amigo mío llamaba "el país de la señorita pepis"), está siempre dispuesto a aflorar sin ninguna razón y ningún motivo (o nada más faltaría) retrasando, como siempre, aquello que Sebastià Gasch proclamaba así: "Es preciso oponerse rotundamente a la sensibilidad lánguida... es preciso, pues, exigir un arte intenso. Un arte fuerte. Repitámoslo. Creemos en la hiperestesia artística" (citado en la revista Margen), a pesar de que "hay que recordar que la mayor parte de la gente no tiene ninguna razón para que no le guste la música creativa" (entrevista a Nick Didkovsky, en la revista Margen). En cualquier caso, es verano, una preciosa libélula lleva tres dias intentando atravesar el vidrio de la galería de casa para estar de vuelta en el patio, donde seguramente ya nadie la espera, y las hormigas han decidido instalar una nueva cabaña de pulgones en la mata de laurel; con toda seguridad prosperará: el año anterior acabaron con la gardenia.
 

 
 
"-Es un suceso muy extraño. En toda mi vida no me había encontrado ante un caso de envenenamiento por nicotina. Ni el doctor Davis tampoco.
-Yo creí que se trataba de una enfermedad motivada por fumar demasiado.
-Si he de decir la verdad, yo también lo creía. Pero el doctor dice que el alcaloide puro es un líquido inodoro que bastan unas gotas para matar a un hombre casi instantáneamente.
Sir Carlos lanzó una exclamación de sorpresa.
-¡Un veneno activísimo!
-En efecto, Sir Carlos. Sin embargo, se emplea para usos comunes. En solución, se utiliza para regar los rosales.
-¿Para los rosales? -murmuró Sir Carlos-. ¿Dónde lo he oído?"

(Agatha Christie Mallowan, "Tragedia en tres actos" (1943), Ed. Molino-Círculo de Lectores, 1981)

 

Valga la cita para agradecer a Carles Illa los consejos que vertió en el tema de la jardinería al final de mi humilde mini?estertor del número pasado. Como se ve, la unión entre el nuevo y el viejo mundo aportó inocentes maneras de humear (a pesar de lo que digan), de los que la química extrajo alcaloides de poderes mucho más temibles en tanto que aislados de sus compañeros de viaje biológico (cosa que nadie dice). Debo decir que hace algún tiempo, mi amigo (y a pesar de artista, etno?biólogo) Francisco López, me transmitió cautelosamente el conocimiento de la existencia del "Lotus". Es el "Lotus" un compuesto químico de extraordinario efecto sobre el mundo de las hormigas. Todos sabemos que el pulgón que se cría en las flores y tallos tiernos de muchas plantas forma la cabaña de la que los hormigueros disfrutan, y que en incansable actividad tutelan las que podríamos llamar hormigas cow boy, encargadas de pastorear esos rollizos odres de sustancias altamente nutritivas para ellas, que ordeñan incansables y trasladan de cañada en transhumancias primaverales cuando la planta huésped las diña por floración, digamos, interrupta. Pues el "Lotus", cuya composición contiene nada menos que un 0,1% de permetrín y un 99,9% de "excipientes", actúa de la siguiente manera: se hace una bolita de algodón del tamaño de un garbanzo, se empapa de "Lotus" y se coloca en el pie o la cruz de los arbustos o árboles afectados. Hasta aquí las escuetas indicaciones y especificaciones que incorpora el envase. Vean lo que sucede a continuación: durante dos o tres días, las hormigas se van concentrando alrededor de la "bolita". De hecho, con un poco de observación, veremos que aquellas que la perciben primero, corren hacia el hormiguero y transmiten la noticia a las que encuentran, y éstas, a su vez, a las siguientes pero, en lugar de huir, todas afluyen a la "bolita". En el transcurso de las horas, la concurrencia va aumentando sin abandonos, hasta que el observador, entomólogo aficionado o amateur de la jardinería afectado por la plaga, se plantea quién diablos debe estar haciendo las tareas cotidianas del hormiguero, pues parece que allí dentro no quede nadie. Y debe ser más o menos así. El caso es que durante un día más o menos, cientos de hormigas rodean la "bolita" en actitud gregaria y (aquí apúntense esbozos de psicología insectil: "desconcertada", "suspendida", "abandonada", "inusual", "humana", etc), formando a su alrededor algo que asemeja convincentemente a un loto. De ahí, supongo, el nombre. Transcurrido el trance, abandonan la zona en un plis plas (digamos que se ponen de acuerdo y ponen pies en polvorosa en una particular "lemmingmanía") y nunca, créanme, mientras la bolita permanezca, volverán a acercarse a la planta. El producto tiene registro 87?37?00296 y está fabricado por Insecticidas Vinyals. Se vende en las droguerías por un precio realmente módico y no tengo ni idea de lo que es el permetrín, mucho menos de qué tipo de excipientes constituyen tan alto porcentaje del producto, pero funciona. No en vano me lo recomendó Francisco López, con quien hablo a menudo sobre la percepción "a escala", es decir, sobre la relación entre la percepción cultural y la percepción "total".

Yo soy partidario de que la misma conversión de medidas que es necesaria para meterse en el mundo de las hormigas y los pulgones sin escapar del nuestro, como cuando leemos fábulas o las recordamos, es necesaria hoy día para escuchar música mediante reproductores que "representan" lo que se grabó. Es una facultad que no acostumbramos a apreciar en nosotros pero que disfrutamos en todo momento, y que nos permite, por ejemplo, escuchar un disco y reconocer una orquesta.
Me explico: es el mecanismo que usamos para oír, digamos, una grabación de los Conciertos de Brandenburgo por Britten, con el volumen de una cadena hi?fi, sin tener que imaginarnos una orquesta de músicos diminutos, pulcramente dispuestos sobre la mesa, con sus instrumentos en miniatura, como Gulliver o Alicia podrían verlo. Creo que nadie usa la imaginación para eso, lo cual celebro. No debe ser bueno usar la imaginación para la música, pues no precisa de imágenes, pero es inadmisible construir con ella "imaginarios planos", coartadas para el tiempo real, como viene sucediendo, ya que en el fondo, toda la
música que no está hecha exclusivamente para ser reproducida en un reproductor, vaya, es una especie de música entomológica, música documental o fabulosa, llena de asideros, y aquella que se gestiona para bobinas tiene, cuanto menos, el privilegio de aflorar en el oyente una interpretación, lo cual es mucho. Eso me recuerda algo que me explicaron una noche: nunca la televisión sustituirá al cine por una sencilla razón: el formato de la pantalla es completamente distinto. Al cine le ha sucedido el automóvil, que tiene el mismo formato de pantalla (el vidrio frontal). Ello explicaría que la principal causa de accidentes automovilísticos sea la distracción del conductor. Al ver el exterior como en una película de cinemascope, hay una tendencia a la relajación de consecuencias por todos conocidas. Usando las palabras de Carles P. Illa: "Y como esto (glups), páginas y páginas." Aunque no creo que deje de quejarme (mosquearme, más bien) en el próximo capítulo.

"La verdad es que en mis tentaciones he visto a muchos seres híbridos, no solamente mujeres serpientes y mujeres peces, sino seres formados más incoherentemente aún, como hombres cuyo cuerpo estaba hecho por una marmita, por una campana, por un reloj, por un aparador lleno de alimentos y de vajilla, y aun por una casa con sus puertas y ventanas, a través de las cuales se veían personas ocupadas en quehaceres domésticos."

(Anatole France, "La isla de los pingüinos")

"El intento del jazz es el de sacar el mundo a la superficie. Las otras músicas tienen un sentido más recóndito, más subterráneo y más religioso, un sentido introspectivo y letal"

(Ramón Gómez de la Serna, "Ismos")

Actualmente, como todo el mundo sabe, nuestras comunicaciones por la red telefónica dependen de una empresa que se cobra el dinero de las conexiones fallidas a internet, instala teléfonos públicos que no devuelven cambio, y utiliza una red estatal que pagaron nuestros bisabuelos con Primo de Rivera, luego nuestros abuelos, luego nuestros padres y nosotros hasta hace muy poco tiempo, a través de los impuestos. Sin embargo te cobran una cuota por conectarte, como si el cable gastara más si va más lleno. Y desde luego, debe ir lleno, porque se ha puesto de moda la telefonía. Todo el mundo tiene en su casa algo parecido a centralitas con llamadas en espera, contestadores, buzones de voz, llamadas a tres. Espero que tanta comunicación verbal permita hacer circular la noticia de que el siglo XX no se acaba en diciembre de este año. Parece mentira que, por no saber contar, haya que establecer un "debate científico" (como pedía un político portugués el otro día) para una tontería semejante. En fin, Arthur C. Clarke se inventó los satélites artificiales hace algunas décadas y alguien mucho más avispado creó el teléfono móvil con el que, para llamar a un vecino, hay que enviar la señal a un montón de sitios hasta que llega a un satélite que orbita la tierra y la devuelve. Atrás quedó la radio, barata, ecológica, capaz de alcanzar todo el planeta, aunque lo suficientemente voluminosa y complicada como para usarla sólo cuando es necesaria, y no para cualquier tontería. Claro que, para qué laboratorios como los Bell van a gastar un dólar en perfeccionarla, miniaturizarla y ergonomizarla, si sólo se podría cobrar por el aparato y la antena, pero no por la refracción de sus emisiones en las capas altas de la atmósfera. Ahora la ciencia usa el marketig para elegir qué usos civiles se pueden dar a los avances militares. Tal es el modelo actual de trabajo en los Estados Unidos. En nuestro país, como es tan difícil ganarse la vida como científico, las grandes mentes están habitualmente alojadas en los consejos directivos de las empresas dedicadas a la comercialización de la tecnología que nos llega de los países avanzados. Grandes lumbreras, capaces de verdadero ensañamiento a la hora de sacarle dinero al ciudadano que se conecta a internet. Así, mientras en Estados Unidos se disfruta de una "tarifa plana" (visto desde aquí, más que un derecho, parece un disfrute), en España, usar la red de redes es prohibitivo, caro, caótico, alucinante... y un gran negocio para la compañía que mantiene el monopolio de facto.

Os preguntaréis porqué tanto Estados Unidos por aquí y por allá. Bueno, estaba pensando en que hay dos teorías sobre el orígen del jazz. Una, la publicó Pascal Comelade hace algunos años, demostrando el orígen ampurdanés del género. La otra, más divulgada, es la que establece su afroamericanidad. Pensaba en ello a proposito del discurso posmoderno y un poco de andar por casa del mestizaje. Si bien no cabe duda de que, por suerte, no hay géneros modernos "puros", más cierto es que aquellos antiguos y "puros", sólo parecen interesar a los puristas. Atención, la pureza existirá siempre que establezcamos un punto de orígen histórico; el flamenco es un género puro si lo observamos a partir de determinado momento. No cabe duda de que no surgió de la nada, y en su composición intervienen músicas más antiguas. Lo mismo sucede con el jazz y por eso se tiene la decencia de hablar de músicas "afroamericanas". Algo parecido ocurre con aspectos más tremendos de las culturas humanas, como cuando alguien se atribuye "pureza" étnica y se proclama perteneciente a un grupo exclusivo, defiende esa exclusividad y la preserva de contagio. Yo respeto todas las "opiniones", pero si alguien se tomase la molestia de contar, como en el caso del "debate sobre el final del milenio", se daría cuenta de que en el neolítico, con suerte, vivían en el continente cien mil humanos. Así que todos somos primos. A lo mejor la falta de conciencia acaba siendo simplemente un problema fruto de la consanguinidad universal, porque si no, que alguien me explique qué tiene de mestizaje sacarle partido al tercer mundo para darle color al primero. Y éso es igual, en el fondo, si tenemos en cuenta que la mayoría de la gente que escucha "fusiones" y "mestizajes" musicales con verdadera militancia, es incapaz de escucharse entero undisco de jazz, a solas, y sin hacer ninguna otra cosa al mismo tiempo. Denles a oir el "A Love Supreme" de Coltrane en una de esas versiones de cuarenta minutos y les verán sudar. Parece que vivimos en un mundo extremadamente complicado, pero la verdad es que las cosas son sumamente sencillas. Como decía mi amigo Juan Crek, casi nadie se toma la molestia diaria de tener conciencia de porqué se hace de día y de noche. Antes nombraba a Arthur C. Clarke. Además de científico, es un famoso escritor; la sobrevalorada película de Stanley Kubrik, "2001, una odisea del espacio" está basada en una narración suya. Este hombre, que unos días antes de recibir la máxima condecoración británica de manos de la Reina, advirtió públicamente que era un pederasta y así no tuvo que ir a recoger la medalla, publicó hace mucho tiempo una pequeña novela llamada "El fin de la infancia", que me gustaría recomendar. En ella presenta una línea de pensamiento con la que me siento afín: nuestra sociedad es lamentablemente infantiloide: lo poco adulto que representa ser adulto, en términos de humanidad, y lo difícil que va a ser, cada vez que alguien sea consciente de ello, que no se distraiga inmediatamente por el vuelo de una mosca o el de un misil tomahawk cruzando la pantalla de su televisor.

 
 

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