(LA) MÚSICA
(COMO) DESTORNILLADOR
Victor Nubla

Esta
recopilación
de artículos recoge una selección de los que fueron
publicados
en la revista Voice entre 1996 y 1999 en la sección "Historia
abreviada
de la música portátil", título inspirado en la
inspiradora
"Historia abreviada de la literatura portátil" de Enrique
Vila-Matas,
además de otro publicado antes en el Diari de Barcelona, dentro
de la sección de opinión donde aparecían
semanalmente
mis colaboraciones. Se intercalan así mismo algunos fragmentos
inéditos
que fueron descartados en su momento y se ha hecho una
corrección
general y una adaptación al formato en que se presentan.
Mi
agradecimiento
especial a Carles Illa y Armando Benito y a todos los lectores amigos
que
estimularon su redacción con sugerencias y ánimos.
"La
música ya no existe, sólo queda la costumbre"
(El
director, en "Ensayo de Orquesta" de F. Fellini)
PRÓLOGO
En fin, no digo
que todo el mundo pueda hacer música (hay mucha gente que no
tiene
tiempo, mucha más que lo tiene, pero no hace nada y mucha otra
que,
aún haciendo música, recrea solamente la memoria de la
música.
"Hago que hago", es expresión castellana que nos acerca mucho
más
al tema que tratamos).
Luego está
lo del sonido. Éso si que es democrático.
Y luego están
los notarios. Los notarios de la música. Ellos vigilan y la
protegen
para que sea como es. O que se quede como está. Hay notarios del
pop, del rock, del folk, de la contemporánea... y géneros
esencialmente notariales en sí mismos. El espacio-tiempo tiene
mucha
ascendencia sobre éstos fenómenos. Hay una
meteorología
permanente de lo que se mueve en el tiempo.
Que todo el mundo
escuche la misma música no es esencialmente (o precisamente)
democrático.
Que todas las músicas tuvieran su lugar y su momento, sí
lo sería. Este concepto lo tomo de Pascal Bussy. La
música
trabaja en el espacio y en el tiempo, luego, deben de haber espacios y
tiempos y combinaciones de ellos para todas las músicas. De
acuerdo,
también hay espacios y tiempos mentales. ¿Los hay
(más
allá de los recuerdos)?. Otra idea del mismo autor: aceptar la
realidad:
admitir que hay músicas magníficas que no conoceremos
jamás.
Aunque podemos ser investigadores y descubridores de nuestros
espacio?tiempos.
Experimentadores del conocimiento. Un poco filósofos, un poco
científicos
¿porqué no?
También los
paisajes sonoros: los sonidos de nuestro entorno cotidiano. Esos
sonidos
son música si los comprendemos inteligentemente. Nunca hay un
paisaje
sonoro desagradable como no hay una música desagradable, lo
único
que hay es inoportunidad. Hay inoportunidades sonoras.
Pero seguro que nos
vamos a entender:
CAPÍTULO PRIMERO
Causaban
a otros el daño que no querían que los otros les
causasen,
siendo éste el principio inmoral en que suele descansar todo el
arte de la guerra".
(Julio
Verne "De la tierra a la Luna")
<>Sabemos por experiencia
que de natural está prohibido a los niños llorar, a los
perros
ladrar, a los músicos tocar en el piso de arriba, a los pobres
quejarse
o a los jóvenes charlar a la puerta de los bares. Y sin embargo,
está permitido a los camiones rugir, a las alarmas dispararse
sólas,
a los helicópteros revolotear sobre la ciudad o a las tracas de
petardos explotar. Hay pues un consenso social, una especie de
autopolicía
estético-sonora y no podemos más que convenir en que
ahí
subyace un rasgo más de la cultura. Sabiendo qué ruidos
molestan
y cuales no a un pueblo determinado, interpretaremos su cultura y,
aunque
ya decía más arriba que no hay sonidos desagradables,
sino
en todo caso inoportunos, no hay más remedio que sospechar que
las
toneladas de fijador cultural, una especie de gomina peligrosa que los
pastores de nuestras sociedades aplican con empeño, tienen como
fin dejar las cosas como se quedan después de manosearlas y no
permitir
variaciones, improvisaciones o libertades palmarias del gusto y del
placer.
Por éso es tan patético lo ridículo y tan
ridículo
lo circunspecto; pero, hecho el calamar, hecho el mero. Más
miedo
da ésto: la policía religiosa de Afganistán ha
considerado
poco oportuno que las mujeres hagan ruido al caminar y lo ha hecho
saber
en forma de prohibición. No ha trascendido a nuestra prensa
local
cuál es el castigo por hacerlo. Seguro que tal medida no es el
capricho
de un oficial con jaqueca. Libros sagrados avalarán con toda
seguridad
la interpretación que se ha hecho de algunos de sus fragmentos.
No soy experto en culturas ajenas. Tampoco lo soy en la que me han
impuesto.
Como nadie lo es en la mía, que es la que yo me he hecho. Y con
el mismo desprecio que en general se prodiga hacia el individuo, pienso
en las comunidades, sus best?sellers aburridos, sus costumbres
atiborradas,
sus folklores ya vacíos, sus religiones, sus
periódicos, sus presentadores de televisión, sus
líderes
y los guardianes de sus prejuicios lamentablemente simétricos.
Hace
tiempo que he pensado que si todo ésto no mejora es porque a
nadie
le interesa. Quiero decir que si pudiera prohibir el ruido más
desagradable
que pudiera darse en mi entorno, no lo haría, aunque si pudiera
cambiar el privilegio por otro, no lo dudaría: todo el mundo a
escuchar
un disco nuevo cada día y a leer todas las revistas de
música,
todas, aunque hubiera que aprender idiomas: críticas de discos y
entrevistas: puro yoga.
>
Claro, tambien podríamos
decir que todo el mundo se dedicase a la pintura, pero he visto
recientemente
una estadística sobre ocio activo cultural y eso es,
mayoritariamente,
lo que le da por hacer a la gente. Y sigo pensando que una cosa es
detener
el tiempo y otra vivir con él. Es como hacer que el tiempo te
siga
(hacer música). Lo llamas y viene. A veces se adelanta un poco,
o se retrasa, husmea por ahí, pero no has de recoger sus
excrementos
con una hoja de periódico. Bueno, si lo haces, procura que sea
con
una hoja de papel pautado, o con un disquete (como palanca), o con una
caña de clarinete bajo, ¿porqué no?. ¿Una
púa
de guitarra para excrementos de chihuahua?
Pero hablemos de
las artes visuales:
"Los
sentidos se perfeccionan ejercitándolos en profundidad y en
extensión,
y da buenos resultados ejercitar la memoria visual no solamente en su
aspecto
musical, sino también en otros:
-Dibujar
el instrumento propio u otro que se ha mirado muchas veces.
-Reproducir
la carátula de varias obras musicales estudiadas, o de libros,
revistas
y similares."
(Rodolfo
Barbacci "Educación de la memoria musical")
"La
música se tiene toda a sí misma, el suyo no es un sistema
subsidiario del que ordena el del resto de la vida psíquica, de
la totalidad de la vida de los hombres, pues las formaciones del
espíritu
objetivo organizan la totalidad de los mundos de la vida. La
música
habita otro espacio, y pedir su traducción a palabra, que su
«interpretación»
se desplace a los órdenes del discurso, del habla, es tan ciego
como equívoco"
(José
Luis Brea, "El espíritu de la música", publicado en
Acción
Paralela)
Que un hertzio
se detuviera en el tiempo, congelado. Eso es teoría. Como la de
la imagen estática que se pudiera mover. La imagen
estática
está quieta y la que se mueve, es imagen en movimiento. La
animación:
Viveza. Concurrencia de gente. Animar: Cobrar ánimo y esfuerzo,
atreverse. Comunicar alegría y movimiento a un concurso de
gente.
Infundir valor. Hacer agradable el aspecto de algún paraje.
Cuesta
de entender la preocupación en torno a las nuevas
tecnologías
que animan las cosas quietas, por parte de los artistas visuales.
Parecen
decir: ¡A la búsqueda del soporte!. Existiendo el cine y
el
video, por ahí andaba todo el mundo con sus galeristas, sus
telas
o sus instalaciones. Para alcanzar esa sensación de resorte
cíclico
cerrado y automático que produce el cd rom no hacía falta
renunciar tan radicalmente a la quietud, a lo plano o a la imagen fija
y enmarcada. ¿Tan inanimada estaba la cosa? Pues no lo
parecía.
La creación
trabaja con ideas, sensaciones y dimensiones. Como dimensión, el
tiempo es materia de trabajo. Y de placer. El tiempo es extenso y
acompaña
a la vida (el loop es una repetición contractual). No hay tantas
meta-personas circulando por ahí, así que...
¿tanta
reflexión, tanta relectura? ¿Cuánta
política?
¡Qué poca invención!
Ante tal falta de
fantasía, no es de extrañar que creamos real lo virtual y
virtualicemos lo real. Y que tomemos en serio lo que es en broma y en
broma
lo que es en serio.
Cuando los músicos
se compraron en el supermercado el Casio SK1 y dejaron el Korg MS20
aparcado
por una temporada, todo el mundo iba a las exposiciones de pintura y,
mientras,
pasábamos de la síntesis analógica al muestreo
digital
sin cambiarnos de ropa. Nos tocábamos físicamente al
saludarnos
y comíamos sardinas con las manos, sólo que la vieja
métrica
se rompía ante complejas organizaciones de sonidos tomadas como
unidad, el mundo de los instrumentos dejaba para siempre de ser el
mismo,
la apropiación y el collage rendían honores a Duchamp, y
Russolo saltaba de alegría en el paraíso futurista, lleno
de máquinas sólas y velocidad. Con "el teclado de
componer
ruidos" (Michaux) los ochenta generaron nuevos modelos culturales
que
impregnaron por igual a la industria o al art brut, generando
imprescindibles
campos vitales no secuenciales, inter-generacionales, interraciales,
inter-culturales
(como ha pasado desde que yo recuerde). El problema es que todo ello
acontecía
en el aire y en el tiempo; sólo un sentido podía
reconocerlo.
Un sentido de las cosas inefables: el oído, como el gusto o como
el tacto. Ah, sí, pero "si no lo veo no lo creo". Y ya
está.
El otro sentido, "el virus que viene del espacio" (Burroughs),
ya
había llegado: palabra y número, todo es posible. Ahora,
el córtex occipital reclama su parte de razón.
Dejémosle,
pero déjense ya de prospectiva. Sean profetas. O actúen.
O cállense.
Hay que recordar
estas cosas de vez en cuando y, desde luego, un libro sobre
música
no es el soporte ideal, porque el gremio visual consume sólo
crítica
y filosofía traducida, pero, por el bien de unos y otros, es
necesaria
una re-ubicación del arte sonoro en el devenir del arte actual,
quizá como paradigma de tranquilidad, valentía o
invención
pura, pero nunca como territorio de irracionalidad, fluir
anestésico
o soporte de los otros sentidos. Lejos de los lenguajes idiolectos de
la
hermenéutica académica, llenos de John Cage pero muy poco
gastronómicos, y de todos aquellos que buscan explicaciones
evidentes
de lo que se explica por sí mismo.
Pueden encontrarse
en la música popular, desde el nivel más abstruso
(tiempos
estos en que lo popular será incomprensible para las nuevas
"academias")
hasta el más sensual, mayores explicaciones sobre nosotros
mismos
que en toda la verborrea o-cultista del artista neoconceptual,
coreógrafo
de las ideas, teórico post-textual.
Triste es que la
mayoría de los músicos sólo conozcan a Kandinsky
como
la mayoría de los artistas "visuales" conocen a John Cage. Peor
es que un aficionado a la música contemporánea sepa tanto
sobre Bruno Munari como un asiduo de los vernissages acerca de Harry
Partch.
El primer y segundo cerebros de la humanidad siguen separados por el
cuerpo
calloso que, en el fondo, es el mundo donde no existe todo lo anterior.
Ciencia, filosofía y punk, ¡volved juntos esta vez!.
CAPÍTULO
SEGUNDO
Con la
música
y nuestra idea de ella pasan muchas cosas raras.
"El
mundo sólo subsiste por la inteligencia del perro"
(Zend-Avesta)
Realmente, lo que
más ha diferenciado al ser humano de sus compañeros de
viaje,
también conocidos como animales, es la cantidad de cosas
relativas
a sí mismo y a los demás que es capaz de guardar,
almacenar
o registrar. Por otra parte, descontando esa necesidad de suplir la
falta
de memoria con la historia, disfrutamos del cariño y la
fidelidad
de los perros, unos seres capaces, como nosotros, de resolver
situaciones
complejas creando patrones psicológicos.
Hay perros famosos
en la historia de la música, como aquel perrito blanco que
escuchaba
un gramófono, ingeniosa forma de publicitar la fidelidad de los
aparatos. Al fin, la fidelidad del can se vería correspondida
por
la de su amo, o mejor dicho, por la representación de la voz de
éste, una máquina más fiel (sin duda) que
cualquier
persona.
Otro perro famoso
y muy singular fue aquella collie que cantó blues con Pink Floyd
en las ruinas de Pompeya, tal como el cine ha podido atestiguar. Y
quizá
fuese injusto no reconocer a la perrita Laika como muy importante para
la historia de la música moderna: no en vano, el avance
tecnológico
que ha permitido la existencia del compact disc, el d.a.t. o el
sampler,
tiene buena parte de su origen en la carrera espacial (o conquista
militar
del espacio exterior), por lo que Laika es a un estudio de
grabación
digital lo que Peter Stuyvesand a la bolsa de Nueva York.
Los de a pie, en
un acercamiento romántico a la publicidad, preferiremos creer
que
el perrito blanco se muestra atento al altavoz porque oye la voz de su
amo, sin embargo resulta dudoso que así sea, ya que al parecer,
las frecuencias que reproduce un cilindro de fonógrafo no son
exactamente
inteligibles para un perro. Lo mismo sucede con nuestros tocadiscos y/o
reproductores en general. No están adaptados ni creados a la
medida
del espectro auditivo del perro. El espectro auditivo de los perros les
permite percibir sonidos a frecuencias mucho más agudas que las
nuestras. Incluso frecuencias que no se pueden transmitir a
través
de altavoces y que completan el timbre propio de cada fuente emisora,
incluída
la voz del amo. Resulta difícil como interpretación
científica
afirmar que el perro oye la voz de su amo en la grabación. No
reconoce
específicamente a su amo, sino que escucha voces que le
recuerdan
a la voz humana, en todo caso, o probablemente sonidos ininteligibles,
por lo que es lícito suponer que aquello es, simplemente, un
sonido
desconocido, vagamente familiar o extraordinariamente chocante. En
cualquier
caso, el animal manifiesta su interés. Por ello deducimos que a
las virtudes del can se une la de la curiosidad intelectual estimulada
por lo nuevo, desconocido y sugerente que se le presenta a
través
del oído. Este dato es fundamental: si fuese un ser humano,
habría
descubierto que la "facilidad" o "dificultad" de comprender una
música
radica en nuestra actitud al escuchar, pues hay músicas
difíciles
que se tocan muy sencillamente y otras de gran aceptación cuya
dificultad
reside en interpretarlas, pero, en cualquier caso, nunca resulta
perjudicial
para el cerebro humano esforzarse por comprender algo (ésto
debería
explicarse en campañas preventivas gratuitas).
Para entendernos,
si cada vez que tenemos hambre comemos el mismo menú, no hemos
sabido
relacionar el placer con la necesidad y si aducimos estar cansados (no
hambrientos) para no escuchar determinadas cosas, cuando el apetito
regresa,
debemos probar cosas nuevas. No hace daño. En definitiva, es
mucho
más "difícil" para un perro, tripular una cápsula
espacial (y morir en el intento) que para una persona escuchar alguna
música
desconocida hasta el momento.
Y ya que hablábamos
de gastronomía, adentrémonos en una suculenta
metáfora.
"Puede
verse que las instrucciones con modos de direccionamiento que utilizan
el valor de una dirección simbólica, deben reubicarse."
(Beivide-Casals-Domingo-Miralles-Viñals-Solé,
"Introducción a los lenguajes máquina y ensamblador del
pdp11",
Departament d'Arquitectura de Computadors, Facultat
d'Informàtica
de Barcelona, 1984)
"Cuando
el espacio de que disponemos no permite plantar muchos árboles,
evidentemente los que nos proporcionan más satisfacciones son
los
que sufren más cambios a lo largo del año."
(Isabel
y Mª del Tura Bovet, "Manual de jardinería", Ed. Cap Roig,
1987)
No cabe la menor
duda de que una de las razones por las que la música genera
opiniones
y sentimientos tan encontrados, es que no se pueden cerrar las orejas.
Sin embargo, la especie humana ha desarrollado hábiles sistemas,
tanto mecánicos como mentales, para solucionar ese problema: uno
de ellos es el easy listening. Otro más, el esnobismo. Algunos
teóricos
apuntan que la danza podría ser otro de tales métodos.
Este mes de agosto
me encontré con un amigo, músico hiperbólico, en
una
de esas playas urbanas donde, si te bañas por la tarde, puedes
ver
crepúsculos de ciencia?ficción. Tras charlar durante
varias
horas sobre los distintos calados, esloras y envergaduras de las tablas
de wind?surf que naufragaban ante nosotros, extrajo de su mochila un
bocadillo
envuelto en papel de aluminio y se lo comió en silencio, momento
que aproveché para dejarme llevar por los retazos de
conversaciones
que el viento llevaba caprichosamente de un lugar a otro de la playa,
junto
con las clásicas plumas de paloma y las gotitas de mar salado.
Cuando
mi amigo terminó su bocadillo, arrugó meticulosamente el
envoltorio, me miró con ojos de atún en escabeche y dijo:
"delicioso".
A continuación
expresó la siguiente idea, que yo me ocupé de grabar
clandestinamente
en mi equipo portátil y que ahora transcribo aquí con
toda
fidelidad:
"Cuando se come,
hay que estar por lo que se come. No se puede engullir sin prestar
atención
a lo que se engulle, pues a un conocido mío éso le
costó
una gastroenteritis producida por un pedazo de badana que nadaba
impunemente
en el estofado de ternera. El comer es un acto individual que
sólo
puede compartirse si todos los que comen juntos están por lo que
comen, lo comentan y lo engrandecen con su dedicación. No existe
la comida rápida. Existe el comer deprisa. La comida puede
prepararse
con mayor o menor velocidad, pero hay que comerla con atención y
deferencia. Y la comida que no valga la pena el tiempo de comerla con
cuidado,
no es propiamente comida, sino suero o pienso para consumo humano. Lo
mismo
puede aplicarse a los otros cuatro sentidos: si sólo leemos los
titulares de los periódicos, debemos hacerlo con mayor cuidado y
lentitud, para llegar a obtener la misma información que si
leyéramos
las noticias completas. Si no acariciamos a los perros y los gatos
hasta
que caen extenuados de placer, deberemos tocarles muy a conciencia la
puntita
del hocico cada vez que se nos acerquen, aunque luego nos lavemos las
manos.
Por lo mismo, si ocultamos nuestros olores cotidianos (corporales,
ambientales)
con esencias y detergentes perfumados, no podremos menos que
profundizar
en los diversos planos aromáticos diseñados por el
perfumista,
su alcance, perdurabilidad y clase social a los que están
dirigidos.
Y en cuanto al oído, despreciando la extraordinaria posibilidad
que nos brinda la reproducción mecánica de escuchar
muchas
veces una misma música, habremos de distinguir, reconocer y
apreciar,
en una sóla escucha, los mil detalles sonoros de una
composición
cualquiera, por más easy listening que sea, puesto que para
hacer
una cosa bien (oir) no hace falta que otro la haya hecho bien (tocar),
a menos que sea al contrario, y resulte que alguien está
haciendo
algo bien (tocar) para que nosotros hagamos algo mal (oir). En otras
palabras:
está bien apreciar la música como acompañante del
cine, de la televisión, de la danza, de la lectura de revistas
del
corazón en las salas de espera de los dentistas o en los
aeropuertos,
pero la música, por si sóla, produce placer auditivo,
cosa
que se localiza en el córtex secundario del hemisferio cerebral
derecho y, aunque se puede bailar sin música, ver sin oir o
esperar
al dentista en el más absoluto silencio, no pararse nunca a
escuchar
música sin hacer ninguna otra cosa es como aplaudir con una
sóla
mano y llegar a la conclusión de que simplemente se hace la
mitad
de ruido."
Dicho ésto,
mi acompañante se incorporó, se sacudió la arena y
se dió un chapuzón en el Mediterráneo, asustando
momentáneamente
a algunos peces y niños con flotador que se encontraban por
allí.
En alguna otra orilla
de aquel mismo mar, se construía a toda prisa un nuevo campo de
refugiados, eufemismo que se refiere al hacinamiento de cientos o miles
de personas que huyen de la guerra, es decir, de la muerte. Esta es la
más elemental actitud pacifista. No hay nada más
pacifista
que un civil masacrado o muerto de hambre o de sed. De la guerra como
negocio,
no hay mucho que decir, sólo que aquellos que se entregan a tal
lucro, lo hacen por dos motivos: o la muerte anónima de los
débiles
les produce anónimos dividendos, o el expolio directo de las
poblaciones
masacradas les permite quedarse con lo poco que tienen los más
pobres.
Detrás de ambas voluntades, encontramos escasa humanidad, y
aún
menos animalidad: sólo la peor de las ignorancias: la ignorancia
de la nada, de la propia nada, alojada en míseras entidades
semi-conscientes,
capaces de realizar complejas operaciones matemáticas, recordar
la fecha del cumpleaños de sus familiares e incluso, leer
poesía.
Mísero negocio,
la depredación de la propia especie. En la guerra, detrás
de cada hombre desarmado está el asesinato del futuro y
detrás
de cada hombre armado, está la muerte del pasado.
Nuestra cultura,
entregada a la estadística y las buenas apariencias, produce
excedentes
de civilización todos los días y, descartando la
posibilidad
de la felicidad de la mayoría de nuestros contemporáneos,
atesora sus propios símbolos y los ajenos con sincero
fetichismo:
el ciudadano puesto al día, un ciudadano normal, pongamos un
obrero
de una fábrica de armas o de minas antipersonales, de un
país
"desarrollado" como España, por ejemplo, escucha las razones de
una legión de asesinos en los noticiarios, mientras toma su
comida
diaria, y al terminar la jornada laboral puede acceder a la cultura, la
historia y el folklore de pueblos que ya no existen, escuchando discos
de músicas "étnicas" en un equipo digital de alta
fidelidad
en su habitación, acondicionada con una potente
calefacción,
mientras se toma un refresco bien enfriado en el frigorífico y,
lo más importante de todo: ha aparcado su automóvil
último
modelo (ya no existen los utilitarios) en el parking inteligente de su
edificio de apartamentos. Por lo tanto, está tranquilo, y puede
conocer las músicas de culturas remotas que sólo
están
a dos horas de avión sabiendo que todos formamos parte de una
"aldea"
global. Las tropas de las Naciones Unidas, las O.N.G., la
televisión
por satélite y hasta la mismísima velocidad de la luz, se
ocupan en todo momento de distribuir fotografías de Ronaldo o
canciones
de Michael Jackson combinadas con los paradigmas de la caducidad: sopas
de sobre y medicamentos, a todos aquellos cuya casa no existe pero, a
lo
mejor, tienen un fusil. Así, la primera virtualidad de gran
alcance
resulta ser la de los mundos ordinales, el primero para el tercero, el
tercero para el primero. Y la segunda, la del dominó
político?económico,
con mayores índices de audiencia que cualquier deporte (donde
una
ficha no representa a muchas personas, sino a una sola, o a dos, al
estilo
del cómic de superhéroes). El día transcurre, la
Navidad
nos parece universal y casi nadie piensa que prácticamente todo
funciona con dinosaurios machacados, pero ahí está
internet:
la última oportunidad. La posibilidad terminal de que el mundo
"desarrollado"
llegue a ponerse de acuerdo para no seguir subdesarrollando al resto
del
mundo. Porque lo que es para entendernos con los que no tienen
internet,
no nos va a servir jamás, sobre todo si ni siquiera tienen
electricidad.
Yo vivo rodeado de
estas cosas. Maravillado. Porque podría ser peor. He
leído
que eso asesinos que hablan en los periódicos, escriben
poesía
y son admiradores del poeta Yeats. Por lo que a mí respecta,
podrían
ser admiradores de Mickey Mouse, pero no he leído nunca a Yeats,
porque William Blake no me deja.
Y ahora, vamos a
hablar del sonido.
"Cuando
Klopstock desafió a Inglaterra
avivó
el orgullo de William Blake
y
el viejo Padre Dios allá arriba
expulsó
aires, eructó y tosió
antes
de lanzar un fuerte juramento que estremeció los cielos
y
de llamar al inglés Blake.
Blake
estaba aliviando sus tripas
en
Lambeth, bajo la alameda.
Se
puso de pie
y
dio tres vueltas, tres.
La
luna al ver aquello, se tornó de color escarlata.
Las
estrellas arrojaron sus copas y huyeron;
todos
los demonios del infierno
saludaron
(a Blake) con gritos nueve veces más fuertes."
(William
Blake)
Igual que existen
el Reino Animal, el Vegetal y el Mineral, el sonido tiene tres
parámetros,
que se han dado en llamar Altura, Intensidad y Timbre*. El primero se
refiere
a la frecuencia, en ciclos por segundo, o hertzios. El segundo al
volúmen,
que se mide en decibelios. El tercero, a la suma de los
armónicos
de cada sonido (en este caso, la unidad es el instrumento, y se le
agrupa
en familias). Para explicar un poco cada uno, veamos algunos ejemplos:
Para hablar de la
altura, no hay nada como el baloncesto, pasión de directores de
algunos programas musicales radiofónicos. Veamos esta cita,
extraída
de la prensa diaria: "...el pívot Nikita Morgunov, ya
anunció
el domingo su marcha para fichar por el Zalguiris Kaunas de Lituania.
‘Es
un golpe bajo, pero Morgunov tiene sus razones: necesita dinero porque
su mujer está embarazada’, explicó el técnico
Stanislav
Eremin". Vemos aquí muchas cosas referentes a la altura. De
entrada, el pívot da un golpe bajo a su equipo, pero éso
es por que es pívot y no necesita ser tan alto como sus
compañeros.
Si no, hubiera dado un golpe de altura. En cualquier caso, todo el
asunto
está en relación con la frecuencia, en este caso, con la
frecuencia con que el equipo de baloncesto del Ejército Ruso
paga
a sus jugadores.
En cuanto a la intensidad,
podemos echar mano una vez más de la prensa diaria: "El
viento
de levante y el paso de una borrasca atlántica
cristalizarán
en bancos de nubes de gran desarrollo con chubascos generalizados,
algunos
muy intensos." Chubascos que, a tenor de lo que define por
"intenso"
el Diccionario de la Real Academia, tendrían un "grado de
energía
en lo físico y en lo moral".
El timbre, es...
¿como lo diría? Ya sé: ¿Porqué,
cuando
alguien toca el vibráfono, siempre hay algún momento en
que
nos parece oír el timbre de un piso donde vivíamos en los
años setenta?
Y ahora,
vamos a
hablar del oído.
*Y
de la misma manera que existe un cuarto reino, el de los hongos, existe
un cuarto parámetro, psicológico.
CAPÍTULO
TERCERO
"¡Qué
soñadora y romántica parece la mirada de esta muchacha en
los años del desarrollo!
En
el cuello se ve una ligera hinchazón del tiroides, que suele ser
frecuente en las muchachas de esta edad. La mirada está
pendiente
de los ojos y los labios del padre; la boca a duras penas
pronunciará
una palabra.
Tal
vez después haya riñas y lágrimas. Así nos
ayudamos. Lo que debemos hacer es dar independencia a los hijos.".
(Dr.
Sigurd Hild, "La educación sexual de los niños")
He tenido noticia
por la prensa de que el gobierno alemán está tratando de
convencer a la Unión Europea para que obligue a los fabricantes
a limitar el volumen de los aparatos estéreo personales (walkman
o discman) y ha propuesto un máximo de 90 decibelios.
Resulta paradójico
que el gobierno de un país productor de automóviles
capaces
de correr a velocidades muy superiores a las que la mayoría de
países
de la Unión Europea admiten para circular por sus ciudades,
carreteras
o autopistas, no confíe en la prudencia de sus súbditos o
en las virtudes de algo llamado "potenciómetro". Porque, a menos
que todo se deba a razones económicas, ¡qué
singular
ética es la suya!: uno es libre de elegir si prefiere matarse o
sólo quedar tetrapléjico con su flamante automóvil
comprado a plazos pero no puede quedarse sordo o simplemente, terminar
confundiendo la f con la s. Vaya.
Digo que no parece
tratarse de un esfuerzo ahorrativo del gobierno alemán, por que
es mucho más barata la pensión de un sordo que la de un
inválido.
Además, el sordo puede acceder a más puestos de trabajo.
Veo más bien confusión en la iniciativa. Una
confusión
que es patente en todos los temas ecológicos. Precisamente, si
observamos
la situación desde un punto de vista ecológico,
reconoceremos
que el usuario del walkman, al proveerse de auriculares, beneficia a su
entorno librándole de toda polución sonora que su
afición
pudiera generar. Esa es una actitud responsable que debería
imitarse:
los gobiernos tendrían que recomendar a los fabricantes de
vehículos
a motor que, mediante un ingenioso sistema de tubos, se pudieran
liberar
los gases de la combustión en la propia cabina del
vehículo,
ahorrando a los demás los graves perjuicios de la
polución.
De la misma manera,
deberían crearse vagones de tren sin televisión
obligatoria,
a la manera de los que existen para no fumadores. La polución
visual,
como la de las películas infumables del estilo "vuelve el padre
de la novia" (que es la que me están inyectando ahora mismo en
el
intercity "Miguel de Unamuno" Barcelona-Hendaya, mientras escribo este
artículo) causa a los modernos Estados graves perjuicios
sociales
y económicos, elevando el déficit de la sanidad
pública,
ya que pueden producir transtornos mentales de la población (los
ferrocarriles españoles incorporan, además, sutiles
métodos
de tortura: ante la inevitabilidad de la imagen, el usuario puede
elegir
entre escuchar la banda sonora de la película (mediante unos
pequeños
auriculares distorsionados) o tratar de digerir el inevitable hilo
musical
a base de orquestas tocando "inolvidables melodías de siempre"
durante
nueve horas).
Siempre hay alguien
tratando de que yo haga lo que él haría si fuera yo pero
que, curiosamente, no hace. Siempre hay alguien redimiéndose en
los demás, siempre hay demasiadas leyes, ordenanzas,
reglamentos,
razones, costumbres, frases hechas, trascendencias, uniformidades y
causas
mayores, que son las aguas menores de los cerebros bienpensantes. Por
éso:
piensa mal y acertarás.
vamos a
cambiar de
tema
CAPÍTULO
CUARTO
MÚSICOS
"Insultó,
le multaron y dejó de comer"
(Oriol
Perucho)
He relatado anteriormente
una conversación que mantuve con mi amigo, al que llamé
"músico
hiperbólico". Durante un tiempo nuestros encuentros me
proporcionaron
material para la reflexión y el plagio. Finalmente,
partió
de viaje y no he vuelto a saber de él.
Le conocí
cuando tocaba en clubs y era abucheado con melones, sandías y
cocos.
Cambiaba de acorde de concierto a concierto y subvencionaba la
Campaña
en Favor de las Grabaciones Efímeras, basada en las siguientes
preguntas:
¿Porqué han de dejar de fabricarse vinilos aunque se
gasten
y deterioren antes? ¿Qué nos importa el ruido de fondo,
los
discos rayados, las cassettes lloronas que se enredan en los cabezales
o la hora que es?
Algún tiempo
después, averigüé que la Campaña en Favor de
las Grabaciones Efímeras (C.F.G.E.) está vinculada a la
Campaña
En General Para Usar Las Cosas Bien (C.E.G.P.U.L.C.B.), un movimiento
internacional
que propone la ética de dar a los robots domésticos un
lugar
adecuado a sus capacidades, sin infra ni supervalorarlos... se evita
con
ello la aparición de síndromes y traumas que dificulten
en
general su buen funcionamiento. Volví a encontrarme con el mismo
músico en un pequeño bar de tamaño considerable.
Sin
darle tiempo a reaccionar, le lancé mi propia pregunta:
¿Qué
pesa más: un kilo de arrobas o un kilo de toneladas? Y me
remitió
directamente al Informe Oficial Sobre Asuntos (I.O.S.A.) nº 7908.
Al día siguiente
saqué un ticket de encerador en la Biblioteca del barrio y
fotocopié
el informe. De vuelta en casa, sentado en mi cómodo triturador
de
basuras, encendí un fósforo y después de darle
varias
chupadas, comencé a leer...
El I.O.S.A. nº
7908 trataba sobre los músicos de jazz que no son de jazz
(están
siendo contabilizados actualmente por Internacional de Gremios S.A.) de
los que se ha descubiertoc que, en términos generales, producen
un 90 % de notas que pasan desapercibidas para ellos mismos. Sin
embargo,
entre los músicos electrónicos se ha podido constatar que
el 90 % de las veces que hacen la misma nota, ésta
también
pasa desapercibida para ellos. Algunos han tratado de dar un sentido
espiritual
y milenarista a estas estadísticas...
Estos estudios se
promovieron a raíz de la investigación oficial sobre
Qué
Fue De La Fusión Entre Los Disidentes Estilísticos de los
80´s (Q.F.D.L.F.E.L.D.E.?80). Esta asociación ha planteado
la siguiente (y compleja pregunta) a todos los estudiosos de la
música
popular de este siglo: ¿Acaso no es aburrido el aburrimiento?
A lo que nosotros
añadimos: ¿Acaso no advirtió con acierto el Padre
Ubú a su capitán, Nicolás Rensky, de que
sólo
hay tres clases de armas (de mierdra, de física y de phinanzas)?
Además, no
sólo en cada persona hay un crítico, sino que en cada
músico
hay una persona, así que imagínense. Es normal que no
exista
casi nada más. Está todo lleno. Rebosante. Vivimos el
"horror
vacui" informativo. Comprendo que haya gente que insulte, le multen y
deje
de comer.
Y es que el asunto
de la crítica es tremendamente complicado. Que si no se puede
ser
sectario. Que si no da tiempo a ir a todas partes. Que si hay que tener
en cuenta los gustos de los lectores. Que si hay que dedicarse a algo
en
esta vida. Que sí, que no, pero está claro que si
tuvieras
que hablar bien sólo de lo que está bien, o
desaparecían
las secciones de cultura y espectáculos de los
periódicos,
o la industria discográfico-mediática, el supermecanismo
cultural/político del Estado y las "familias" culturales
indígenas,
tendrían que cerrar el chiringuito.
Aún acabaremos
creyéndonos que un soporte es un soporte. Pero qué
más
da el soporte si no hay mierdra, física y phinanzas...
Por ello, hay que
animar desde estas líneas a nuestro músico
anónimo,
ya que si no le gusta el compact-disc es porque no le han editado
ninguno
(a mí, por ejemplo, no me gustan los sobresalientes en
matemáticas).
Gracias a las modernas ferias discográficas y a su resonancia en
la prensa, ha comprendido, por fin, que ser independiente no es no ser
dependiente, sino serlo mucho más.
Claro que si no
vendes artículos de primera necesidad, sino soportes
mecánicos
de información personal que, más que artículos,
son
pronombres personales de información mecánica para
soportar...
"Desde luego, -se
dijo- si en cada persona hay un crítico y en cada músico
una persona, los que tienen mundos enteros en la cabeza en otras cosas
se han de ocupar".
Y entonces,
el músico comió, le insultaron y dejó de
multar.
"¡Alabado
sea Dios, bastante le conozco para no tomarlo por otro! Os digo que es
él y si él lo niega no os lo creáis."
(Bocaccio,
Historias de conventos)
"¡Vuelve!
¡Lo ha entendido! ¡Hip hip! ¡Hurra! ¡Sé
hablar el elefante!"
(Hergé,
Los cigarros del Faraón)
"En
ninguna parte hay pipa alguna"
(Michel
Foucault, Ensayo sobre Magritte)
Y el músico
hiperbólico, que nunca había sacado un compact?disc,
consiguió
reunir unos ahorros y ponerse a grabar en un estudio de su ciudad. Al
cabo
de un tiempo, le encontré llamando a la puerta de una
discográfica
independiente local con nombre inglés. "¿Es aquí
donde
pueden sacar mi disco de nueva
música?techno?étnico?experimental?psicodélicoprogresiva,
e, incluso, colocarlo en el mercado internacional?", preguntó.
"If,
if, between, between..." oí que le respondían...
Algunos meses después,
estaba recorriendo algunas tiendas de la ciudad en busca de mi propio
disco,
cuando volví a verle. Me explicó que su c.d. había
aparecido por fin, que algunas emisoras de radio venían
programándolo
gracias a unos contactos personales fruto de su anterior trabajo como
camillero
y a que había regalado algunos ejemplares que la
discográfica
le vendía a precio de distribuidor.
Llevaba varias semanas
visitando los principales establecimientos de la ciudad en los que,
lamentablemente,
no tenían la menor noticia del disco, aunque recordaban a
algún
tipo raro que había preguntado por él.
Fuimos a tomar un
helado de jamón (la merienda preferida de los músicos) y
le manifesté mi entusiasmo por la reciente campaña de
SGAE
en favor de los autores y sus derechos; muy animadamente le
hablé
de cómo mucha gente caería en la cuenta de que esas
melodías
que revolotean por nuestra cabeza al levantarnos de la cama, o
caminando
por la calle, "pertenecen" a alguien, surgieron del trabajo de alguien,
fueron "inventadas" por alguien. Los efectos de tan importante
campaña
harían descubrir a muchos que, sin los autores, la única
música sería esa barahúnda de gritos y silbatos de
las gradas futbolísticas (como tan bien sugería la
campaña).
También era
posible que sirviera para que algún espabilado tratase de
registrar
el "oé, oé, oé" a su nombre, me comentó
pesimistamente.
Le expliqué
que, como autores, no podíamos más que celebrar los
objetivos
de la campaña, que este era un país poco dado a reconocer
ese tipo de cosas y poco versado en diferenciar un impuesto de un
derecho.
Él objetó, mientras dirigía una mirada
melancólica
al televisor del bar que, no en este país, sino en todos, la
mediatización
no tiene parangón y que no hacía muchos años, en
los
bares no había tocadiscos, ni radio, ni televisor. Que la
industria
vende primero y pregunta después.
A ésto siguió
un silencio de ambos, turbado nada más por el sonido de las
máquinas
tragaperras. El músico continuó: ¿qué
campaña
habría que promover para que los editores fonográficos no
defraudasen a los autores jóvenes o minoritarios,
chantajeándolos
con sus derechos de autor, amenazándolos con no publicar su
disco
si no firman un contrato con una editora musical que se quedará
con el 40 o el 50 por ciento de sus derechos. Él sabía
que
la fonográfica y el editor habían pactado repartirse esos
derechos. Era consciente de que la tirada que se había puesto en
circulación no sobrepasaba los 500 discos, sin ninguna
campaña
promocional, excepto la que el propio artista estaba llevando a cabo, y
el control de su difusión era sencillísimo, incluso para
él, que era músico, zurdo y un poco disléxico.
Además,
él había tenido que pagar la grabación del disco,
y estaba convencido de que había resultado más costosa
que
su fabricación. La pregunta del millón era la siguiente:
¿recuperando el editor fonográfico de forma tan directa
su
inversión, ¿qué interés podía tener
en vender el disco si, en la práctica, el comprador
íntegro
de la edición era el autor? En definitiva, ¿qué
negocio
es éste, en el que el comerciante vive de los proveedores y no
de
los clientes?
Mientras mi amigo,
el músico hiperbólico, pagaba su helado y partía
en
dirección a la calle, reconocí para mí que
actividades
tan poco éticas no son aisladas, sino muy frecuentes. No son
condenadas
sino asumidas por el autor, que "se muere de ganas" de sacar un disco.
El editor fonográfico plantea al autor, como una
condición,
el reparto en cuestión y éste acepta, pues es su primera
experiencia discográfica. Tanto sucede con los jóvenes
músicos
de pop, como con aquellos creadores marginales, experimentales. Las
nuevas
músicas y los principiantes son campo abonado para estas
maniobras.
Si algún día el producto alcanza cierta popularidad, pues
vaya suerte y, si no es así, los gastos habrán sido
mínimos...
y esto es lo que hay. Aunque parezca mentira, el derecho de pernada
intelectual
existe. Yo lo he visto. Y no me lo puedo creer. Bueno, sí.
De
todo corazón agradecemos muy sinceramente las muchas
colaboraciones
recibidas en la realización de este trabajo, con el deseo de que
todo ello redunde en un mayor consumo de nuestros maravillosos
quesos..."
(Carlos
García del Cerro y Manuel Arroyo González, "La cocina del
queso español", Alianza Editorial, 1987)
Una de las charlas
que mantuve con el músico hiperbólico causó
sensación
en mi barrio. La reproduzco a continuación:
Músico Hiperbólico-
Oye, pues el otro día leí el último informe de la
Organización Mundial de la Salud sobre enfermedades mentales
humanas,
y decía que están censados 500 millones de enfermos
mentales
en el planeta, divididos en varios grandes grupos.
V.N.- ¿Ah,
sí?
M.H.- Sí,
mira, han censado a 52 millones de esquizofrénicos, 150 millones
de neuróticos, 120 millones de retrasados mentales, 50 millones
de epilépticos y 30 millones de locos.
V.N.- Toma ya.
M.H.- Entonces,
yo hice mis cálculos.
V.N.- Cuenta...
M.H.- Primero, demos
por supuesto que la estadística esté hecha con buena
intención.
Si tenemos en cuenta los numerosos países en que un censo
así
resulta imposible porque ni siquiera hay psiquiatras, más los de
seguro innumerables no censados en los países desarrollados
(pequeñas
neurosis que no dificultan trabajar, esquizoides, esquizotímicos, etc) y añadimos
aquellos que sufren daños neurológicos evolutivos o
profundos
por causa de accidentes, o lesiones cerebrales, más las fobias,
paranoia y reacciones puntuales que el consumo de drogas (especialmente
alcohol) producen momentáneamente y además tenemos en
cuenta
los estados depresivos y de ansiedad causados por los problemas
laborales,
familiares y, en general por la falta de plenitud y satisfacción
vital, psicosomatismo, estrés...
V.N.- ...y teniendo
en cuenta que las zoofobias (gente que mata o tortura animales) y otras
desviaciones de agresividad no inter?humanas, no suelen contemplarse
como
enfermedades mentales, aunque sin duda lo son) y, además, por
tratarse
de una reacción profundamente autodestructiva, consideramos el
racismo
como enfermedad mental de tipo cultural (es decir, muy contagiosa)...
M.H.- Y aún
descartando otras tendencias que podrían llamarse
socio?somáticas,
como el esnobismo o el analfabetismo voluntario, si la población
mundial actual es de 5.292 millones, ¡posiblemente dos terceras
partes
de la humanidad serían enfermos mentales!
V.N.- ¡Difícil
es creer que una proporción semejante permita la existencia de
un
modelo mental "sano" y homologable!
M.H.- Sí,
y también es difícil de creer que dicha proporción
no se pueda trasladar a todos los colectivos, sectores sociales, clases
o gremios, pensando que algunos la sufran en mayor medida que otros.
Por
ejemplo, los políticos, las clases gobernantes, contarían
con un porcentaje similar de enfermos mentales que los albañiles
o los parados o los piragüistas.
V.N.- ¿Estamos,
pues, gobernados por un colectivo cuyas 2/3 partes podrían ser
enfermos
mentales?
M.H.- Buena pregunta.
Y yo también me pregunto: ¿Acaso esa mayoría
universal
no estaría determinando el desenlace de la historia, las
culturas
del mundo, la organización de la convivencia, los modelos de
existencia,
las estructuras políticas y hasta la propia sanidad?
V.N.- Claro, ante
esta proporción de 2 a 1 a favor del desequilibrio, la
inarmonía,
la parcialidad, no cuesta comprender los fanatismos, las leyes
absurdas,
los delitos sin víctima, las desigualdades, la
elucubración
sobre la genética, el pesimismo y hasta el odio.
M.H.- ¿Acaso
los seres humanos no deberían re?orientar su desarrollo y su
evolución
como especie hacia un auténtico auto?ecologismo? ¿Acaso
es
menos grave o peligroso sufrir uno mismo que hacer sufrir a los
demás?
¿No es absolutamente necesaria una terapia universal?
V.N.- ¿Pero
quién podría impartirla? ¿Cómo 2/3
aceptarán
los consejos y la ayuda de 1/3, si esas fracciones están
repetidas,
estratificadas, en todos los ámbitos de la esfera de vida humana?
M.H.- ¿Y
si además ese 1/3 ignora lo que sucede, viéndose abocado
en la mayoría de los casos, en un momento de la vida, a sufrir
en
sí mismo, no el desconocimiento de su minoritaria salud, sino de
la enfermedad ajena?
V.N.- Quizá
son aquellos que votan a los políticos con la sana
intención
de que les dejen en paz, subvencionando la obsesión ajena, los
primeros
en sucumbir al dogma y la ambición psicótica de los
otros,
viendo sus vidas destruídas, obligados a sacrificar ilusiones,
amores
y optimismos a cada embate de los que proyectan su enfermedad mental.
M.H.- Sí,
quizá la tristeza, el dolor y la desgracia sean sólo el
final
de todo ese extraño circuito mental que aquellos que no saben,
no
pueden o no quieren ser felices, proyectan hacia los demás,
haciéndoles
creer que caminan en pos de la felicidad...
V.N.- Quizá
el estricto control del albedrío y de todo aquello que expande
la
mente, de la historia, siempre reescrita por los vencedores a sangre y
sufrimiento, sea un gigantesco mecanismo que pretende hacer extensivo
al
universo entero el fracaso espiritual de aquellos que nunca han
creído
por completo en su propia naturalidad...
M.H.- Abonando,
así, un cáncer cultural de incalculables dimensiones
cuyos
antídotos han sido sistemáticamente destruídos a
lo
largo de los siglos.
V.N. - Pues vaya,
no me va a salir un artículo muy musical tras esta
conversación.
Además, el mismo porcentaje se repetiría entre los
músicos,
los editores discográficos, los periodistas musicales...
M.H.- Bueno,
pero la música existe por sí misma. Es materia. Ya sabes.
V.N.- Uf,
pues menos mal.
"Tan
barrocos se han vuelto estos chicos que incluso se han permitido el
lujo
de tocar el clavicornio"
(De
un artículo sobre Orbital publicado sin firma en el
número
de Junio de 1996 de la revista Play)
"El
ejemplo más claro de compenetración entre "Música
electrónica" y desarrollo tecnológico lo tenemos en una
pareja
clave, el Dr. Roberto Mogol y el música Walter Carlos"
(Artículo
"Sónar'96", de Héctor Moratilla y Francisco Rico,
publicado
en Mondo Sonoro de Junio de 1996)
Estas citas prueban
que la historia de la música moderna podría construirse
así,
a base de clavicornios y sintetizadores mogol y solo habría que
ir añadiendo el sic. de turno (que simplemente quiere decir
"así"
pero que nos descarga muchísimo de lo que dicen los
demás,
permitiendo diferenciar nuestros errores de los ajenos). Y de una
manera
"así" de apócrifa, el músico hiperbólico
desapareció
de mi vida:
Me llamó por
teléfono un 24 de Diciembre:
- Dicen que hasta
dentro de cien años no volverá a haber luna llena en
Nochebuena.
- Ya.
- Pero luna llena
hay cada mes y dentro de cien años, a lo mejor no hay Nochebuena.
-Claro.
Volví a encontrarle
en la noche del cinco al seis de Enero:
- Estoy de incógnito.
- ¿De rey
o de niño?
- De niño.
Entramos en un bar
lleno de paquetes con envoltorio de regalo que vigilaban a sus
respectivos
humanos. Pidió un batido y yo le acompañé con
cerveza.
Debo partir de viaje, me dijo. Ya sabrás que estoy recopilando
un
archivo de folklores imaginarios, y ese trabajo me obliga a viajar con
bastante frecuencia. Esta vez tengo que desplazarme a los Territorios
Conocidos
de la Sociedad Bianual Ronchis, un Estado mental muy activo en el que
se
encuentra trabajando mucha gente. Tienen como objetivo topografiar los
Territorios Desconocidos de la Sociedad Bianual Ronchis. Hace unos
días
cayó en mis manos este
documento -puso sobre
la mesa un arrugado papel azul mecanografiado- si lo lees,
comprenderás
que quiera preparar mi equipo portátil de grabación y
partir
de inmediato.
El "documento" llevaba
un extraño membrete y decía así:
"INFORME RONCHIS
Nº 56
A petición
de: D. Carolino Cordón, Archicémbalo Mayor
Asunto: fractura
espaciotemporal de cúbito y radio sufrida por el
Pentacornetín
honorífico de la Sociedad Bianual Ronchis.
Transcripción
del parte médico del Doctor Sietepuntas:
"En la mañana
de ayer, una fractura espacio-temporal de cúbito y radio que se
encontraba extraviada desde hacía varias semanas, atacó
al
Pentacornetín Honorífico D. Matías
Simpatía,
desplazándole a la sección de herramientas para
ornitología,
donde sufrió diversas contusiones causadas por los golpes de
paraguas
que le propinó el encargado de la sección. El
Pentacornetín,
que intentó refugiarse en el armario de los catalejos, fue
atacado
también por Lisky, el perro guardián de la
sección,
diagnosticándosele mordedura de serpiente en la pantorrilla
izquierda
y luxación del dedo correspondiente a la nota Re. El
Pentacornetín
pudo ser rescatado dos horas después por una brigada de
cocineros
y se encuentra en observación en Enfermerías Ronchis
hasta
que transcurran cuarenta y ocho horas. Se le administran calmantes de
achicoria
y relatos breves de autores clásicos."
firmado: Servicio
Médico de Urgencias Ronchis (S.M.U.R.)
Dr. Sietepuntas
y equipo.
Incidencias: La
melodía de auxilio que el Pentacornetín improvisó
hasta desfallecer en el armario de los catalejos ha sido considerada
una
brillante composición que se incorporará al Repertorio
Ronchis
de Señales Acústicas, según afirmó ayer el
Vicezambomba Raúl Rocambolesco."
Una melodía
sin la nota Re, pensé, y levanté la vista. El
músico
hiperbólico había desaparecido. Los paquetes de regalo
caían
de las sillas (en ocasiones con alarmantes sonidos de vidrio o
porcelana
rotos) afanándose para que sus respectivos humanos terminaran
las
consumiciones.
CAPÍTULO
QUINTO
"He
aquí por qué será quizás a través de
una mejora -aunque acaso despersonalizante- del objeto de uso
común
como se podrá esperar que se logre una sucesiva mejoría
del
gusto aún conrespecto a las obras de arte propiamente dichas, en
las que la despersonalización es más peligrosa".
(Gillo
Dorfles, "El diseño industrial y su estética", Ed. Labor,
1968)
Decía en el
primer capítulo que leer críticas de discos es puro yoga.
Sigo pensándolo. Abren para mí un vasto campo de
sugerencias,
me atrevería a decir, poéticas. Y corresponden al nivel
superior
experimental de la teoría de la improbabilidad. Para mí
es
siempre una experiencia estimulante sumergirme en la lectura de
comentarios
sobre discos que nunca he escuchado. La riqueza del imaginario de
quienes
se aventuran a definir lo inefable es asombrosa. Esos textos contienen
descripciones de músicas que puedo imaginar, crear en mi mente a
partir de lo que de ellas se dice. Y en cierta medida, prefiero que
así
sea, porque ir a la tienda y comprar el disco puede llevar a
desengaños
fatales. Éso me ha ocurrido con alguno de los últimos
discos
que he ido a buscar después de leer acerca de ellos: por
ejemplo,
ninguna crítica sobre Laika advertía que el instrumento
omnipresente
en todos los cortes es la flauta travesera. Tampoco las recensiones
sobre
Ganger hacían referencia a que el disco está echado a
perder
por un saxo malísimo que suena fatal. En el caso de Insecto, las
críticas optaban por la palabra jazz. ¿Hay alguna gota de
jazz en el disco? Ninguna. Por una parte, en los dos primeros casos, la
indefinición nos lleva al concepto de crítica perfecta,
es
decir, intercambiable. En el tercer caso, nos encontramos ante un
ejemplo
de crítica ideal, que es aquella en que su autor describe lo que
le gustaría que fuera aquello que está comentando. A
mí,
lo que de verdad me interesa es la energía poética que
contienen
algunas críticas, cómo su propia idioleccia soslaya
técnicamente
la concreción y se sumerge en un mundo de oblicuidades que,
salvando
las distancias y sin la connotación terrorífica (no
seáis
malpensados), alcanza la sublimidad de las descripciones
lovecraftianas,
que permiten formar una imagen subjetiva a cada lector a base de rodear
magistralmente el objeto con sucesivos círculos de sensaciones.
He hecho una selección
de los fragmentos que más me han impresionado en los
últimos
meses. Están extraídos de la prensa especializada
española.
Juntos, podrían constituir la crítica del disco
más
alucinante que jamás se hubiera grabado. Y estoy tentado de
grabarlo,
aunque si lo hiciese, las críticas que aparecerían
hablarían,
seguro, de otro disco todavía por grabar:
"reflexionan, recopilan
todo lo aprendido por el camino y deciden tensar la cuerda del riesgo"
"una belleza borrascosa y magnética" "que baraja lo desconocido
con los recuerdos, la realidad con el deseo, lo viejo y lo nuevo" "el
mapa
de un paisaje interior trastocado por inviernos inesperados,
ángulos
de seducción y descubrimientos fabulosos" "en la plenitud de su
magma expresivo" "hace de lo versátil y lo ambiguo el punto de
partida
para viajar por llanuras de romanticismo torturado" "esas joyas
atemporales
que uno recuerda haber vivido antes y cuyos sonidos le resultan
familiares
sin saber de dónde vienen" "no entra ni por los ojos ni por el
oído;
lo hace por entre los resquicios de tu pequeño corazón"
"esa
entraña de hermosa demencia" "susurros acústicos,
programaciones
intuídas, paisajes húmedos" "ecos intrigantes,
percusiones
ondulantes" "pequeñas alucinaciones en los límites de la
fidelidad" "trips sonoros que navegan con un vaivén perezoso y
subyugante"
"una obra introspectiva y atmosférica" "un mundo mágico,
irónico, a ratos hermoso y surrealista, en el que esta vez no
hay
concesiones al aburrimiento ni a la medianía" "un viaje al
futuro"
"nuevamente estimulante y comprometido con su presente" "libre del yugo
que atenaza a quienes anteponen innovación a inspiración"
"un halo de experimentación" "un sonido tan especial como
atractivo"
"produciendo extraños efectos en el metabolismo" "para el
disfrute
de oyentes escrupulosos e inusitados" "lleno de detalles planetarios
que
van cautivando" "lúcidos chispazos existenciales" "oxigenantes
susurros"
"insinuantes líneas de aromáticos teclados" "sonoridades
simples pero que brillan intensas y con briznas de delicadeza"
"envolventes,
zumbadores e hipnóticos" "sigilosamente expande su ténue
nube aromática por los rincones de todas las casas" "flores de
improvisación
entre las galaxias" "canciones llenas de matices y detalles que le
hacen
ganar enteros a cada escucha" "la idea de mirar hacia adelante, el
avance,
los cambios (inconscientes en muchos casos) que se producen en y
alrededor
de uno con el paso del tiempo" "es un mundo mitad verdad mitad
ficción"
"otro disco exigente, de interrogación y tesis" "un derroche de
lirismo e imaginación, de fluidez y de diálogo, de
serenidad
y tensión, de matemáticas y poesía" "efectos
crujientes,
con eco y en espiral" "espesos, tensos, multidireccionales" "unos
extraterrestres
submarinos que salen a la superficie" "teclados turbadores y
órganos
aceitosos" "atmósferas mágicas, misteriosas a veces,
sugestivas
siempre" "sonidos perturbadores distribuidos con maestría" "un
recorrido
lleno de emoción y magia" "cuidado tratamiento de las texturas y
las evoluciones" "¿demasiado para un sólo álbum?,
ojalá cunda el ejemplo" "una obra coherente y audaz en su
planteamiento
y desarrollo"
La crítica
postmoderna ha inventado la belleza intercambiable. Es abrumador, es
excesivo
y barroco y tan poco objetivo como en el fondo ha de ser, pero no es
bochornoso
ni seudomusicológico, que para éso sí hace falta
imaginación.
Vean sino, esta otra serie de frases (de las que afortunadamente no se
encuentran tantas):
"música tanto
para el cuerpo como para el cerebro" "antes de la descompresión
final con las sintonías abstractas" "un caudal de talento que es
que se le escapa de las manos al compositor" "una buena muestra de su
estilo,
con temas que basculan entre los tres y los dieciséis minutos"
"esta
música es diferente" "mezcla sonidos acústicos y
eléctricos
con pasmosa facilidad" "dodecafónico y dadaísta" "se
permite
dejar fluir su música sin desmoronarse por ella" "un
tímido
pero a la vez interesantísimo acercamiento al verdadero rock de
vanguardia".
"Se
agradecerá la comunicación de cualquier posible error u
omisión
para su debida rectificación. Asimismo, serán de la mayor
consideración todas cuantas sugerencias se reciban; las cuales,
y previo estudio, quedarán debidamente atendidas si procede.".
(Guía
Urbana de Barcelona, Editorial Pamias, 1984)
En 1877, el mismo
año en que Leonard Mälzel, mecánico
austríaco,
construía el Panharmonicon, una orquesta de 42 autómatas
mecánicos, el físico estadounidense Robert William Wood
inventaba
la luz negra. Ya hacía 45 años que el también
físico
belga Joseph Plateau había puesto en funcionamiento el primer
estroboscopio.
Faltaban 55 y 67 años respectivamente para que algunas de las
verdaderas
celebridades de nuestra era sembraran la semilla de su reconocimiento:
Alfred Nobel en 1932, inventando la nitroglicerina y Werner Von Braun
en
1944, diseñando el misil V2. De la invención del disco
compacto
sólo consta la fecha (1972), pero ya ningún autor.
En los sargazos de
la postmodernidad (éso que se disuelve tan rápidamente en
cuanto se habla de nueva era o revolución techno), somos
pescadores
a la vez que vigilantes de la playa o cousteaus de sus profundidades.
Así
que el excedente cultural de la industria pura y dura nos da tema para
hablar y hasta pensar. Entonces surgen los teóricos de debajo de
los maderos carcomidos procedentes de naufragios desconocidos.
Se levantan las
voces que se deben levantar o no, para dejar bien claro que se
reivindica
lo que existe, ya que, una vez activado el disolvente, entramos en el
territorio
mental de lo globalmente exclusivo, donde el observador depende del
fenómeno
observado, y no al revés.
Se habla de "música
de baile" como si no se pudiera bailar toda la música. La verdad
es que se habla así para referirse a un producto que debe ser
llamado
de alguna manera por la industria y el mercado que trafican con
él.
Las denominaciones mercantiles de los géneros musicales son
polisémicas,
y ésta lo es especialmente (cultura de clubs, techno...). Nada
que
ver con las etiquetas que definen aspectos técnicos de las
innumerables
vertientes de la música popular. Si lo vemos literalmente, nos
encontramos
ante nuevas formas de gimnasia colectiva, no cabe la menor duda, y a
mí
no me parece nada saludable. En cambio, para quien entienda la "salud"
en clave de asepsia, ésto tampoco tiene mucho de saludable. Por
éso los teóricos al uso, esgrimen psico -socio-
espiritualidades
ad hoc.
Pero, una vez generada
una producción teórica en torno al
producto-fenómeno,
es preciso devolver cada concepto a su origen y a partir de
aquí,
contemporizar con buena intención.
Que algo sea "bailable",
implica inmediatamente que otras cosas quizá no lo sean; un
cenicero
no sería "bailable", por ejemplo. Dicho de otra forma, si la
cultura
de los clubs de baile se presenta como trascendente, y así
sucede
cuando el ritual se magnifica y se considera como punto álgido
de
la supuesta evidencia del fin de lo trágico, en una relectura
del
pop (a fin de cuentas, la hicieron con más tranquilidad el soul
o el funk) esperanzada y teorizante que se salta, en plan fosbury,
todos
los pogos habidos y por haber*, ¿qué cuota evolutiva le
queda
a todo lo demás? ¿Porqué son todos tan pesados?
¿En
qué grado el sentimiento de culpa por las culturas amputadas
gravita
sobre este supuesto "renacer" de Dionisos? ¿Porqué los
teorizadores
sobre la moderna música de baile no bailan? ¿Es que
alguien
se creyó el rollo aristocrático del cuarto mundo?.
¿Bailando
llegaremos a ser universalmente felices? ¿Y cuando no bailemos?
Estupendo panorama "decontracté" para la carne de
cañón
de fin de siglo.
* ¿Qué
hacías en los ochenta?
CAPÍTULO
SEXTO
"Creo
-les dijo- que os bañáis a menudo, pues todos los huecos
de las rocas están llenos de agua pura y he visto, cuando me
acercaba
a vuestra asamblea, a varios de vosotros sumergidos en esas
bañeras
naturales. Y la pureza corporal es la imagen de la pureza espiritual."
(Anatole
France, La Isla de los Pingüinos, Fontana-Clásicos
Universales,
1995, Barcelona)
"¡Voy
a ayudarte a encontrar el camino! No es nada grave,
¡tranquilízate...!
Se trata simplemente de cortarte la cabeza..."
(Hergé,
El Loto Azul, Ed. Juventud, 1965, Barcelona)
No debería sorprendernos
que el Mundial de Fútbol de 1998 representase una competencia
importante
para el Doctor Music Festival. No existe tanta diferencia entre ambas
cosas
ni entre sus respectivos públicos; quizá no exista mucha
diferencia, tampoco, entre los objetivos de sus organizadores ni entre
los de sus protagonistas, y no lo digo por las habituales camisetas del
club local que las estrellas del rock suelen enfundarse cuando van de
gira.
No debería
extrañarnos que el mismo evento balompédico sustrajese
público
a programaciones aparentemente más "difíciles",
"inauditas"
o "especiales" que parecen contar con un público estable,
interesado
vivamente por lo que en ellas se ofrece, sino que, finalmente, esa
sería
la razón de que así fuese. Puede deberse también a
que lo retransmitía la televisión, pero eso
añadiría
certeza a lo que aquí se supone.
No debería
sorprendernos leer en un programa de mano del mes de julio de este
año
que (se asistirá) "a una doble sesión de
experimentación
sin límite" en la que un "dirigente" de una "distribuidora
musical
alternativa y de vanguardia", "nos delitará con una
selección
de música electrónica muy selecta", y en la que otro
invitado
"con un criterio variado explora diversos estilos, combinándolos
de forma complementaria"; tales alardes literarios nos devuelven a la
triste
realidad.
No debería
sorprendernos que un programa de la televisión catalana
especializado
en ese sector de la industria musical que constituye el mercado estable
de la música "agradable" no rock con pretensiones, entrevistase
a un músico japonés que lleva muchos años afincado
en Barcelona y habla catalán perfectamente, y le pidiesen que
respondiera
a las preguntas en japonés y ¡¡escribiese las
respuestas
en catalán para subtitular la entrevista!!
No debería
soprenderse Eduardo Haro Tecglen de que la música de Strawinsky
haya irritado al público de Peralada en 1998 como lo hizo en los
años cuarenta la presentación de Petrushka en Madrid,
pero
su extrañeza reconforta, su inquietud es cuerda y
contemporánea,
porque no sabemos cuántos se incorporan a diario en este
país
a esa legión de "personas normales" que presiden "el corte en la
yugular del 'tempo' estético" (ver El País, suplemento
Babelia,
25 de julio. Eduardo Haro Tecglen, "Arte Degenerado") y nos devuelven
de
camino a ese ecosistema intelectual por defecto que, habitado por el
papanatismo,
la mojigatería, la medianía y la ordinariez (al que un
amigo
mío llamaba "el país de la señorita pepis"),
está
siempre dispuesto a aflorar sin ninguna razón y ningún
motivo
(o nada más faltaría) retrasando, como siempre, aquello
que
Sebastià Gasch proclamaba así: "Es preciso oponerse
rotundamente
a la sensibilidad lánguida... es preciso, pues, exigir un arte
intenso.
Un arte fuerte. Repitámoslo. Creemos en la hiperestesia
artística"
(citado en la revista Margen), a pesar de que "hay que recordar que la
mayor parte de la gente no tiene ninguna razón para que no le
guste
la música creativa" (entrevista a Nick Didkovsky, en la revista
Margen). En cualquier caso, es verano, una preciosa libélula
lleva
tres dias intentando atravesar el vidrio de la galería de casa
para
estar de vuelta en el patio, donde seguramente ya nadie la espera, y
las
hormigas han decidido instalar una nueva cabaña de pulgones en
la
mata de laurel; con toda seguridad prosperará: el año
anterior
acabaron con la gardenia.
"-Es
un suceso muy extraño. En toda mi vida no me había
encontrado
ante un caso de envenenamiento por nicotina. Ni el doctor Davis tampoco.
-Yo
creí que se trataba de una enfermedad motivada por fumar
demasiado.
-Si
he de decir la verdad, yo también lo creía. Pero el
doctor
dice que el alcaloide puro es un líquido inodoro que bastan unas
gotas para matar a un hombre casi instantáneamente.
Sir
Carlos lanzó una exclamación de sorpresa.
-¡Un
veneno activísimo!
-En
efecto, Sir Carlos. Sin embargo, se emplea para usos comunes. En
solución,
se utiliza para regar los rosales.
-¿Para
los rosales? -murmuró Sir Carlos-. ¿Dónde lo he
oído?"
(Agatha
Christie Mallowan, "Tragedia en tres actos" (1943), Ed.
Molino-Círculo
de Lectores, 1981)
Valga la cita para
agradecer a Carles Illa los consejos que vertió en el tema de la
jardinería al final de mi humilde mini?estertor del
número
pasado. Como se ve, la unión entre el nuevo y el viejo mundo
aportó
inocentes maneras de humear (a pesar de lo que digan), de los que la
química
extrajo alcaloides de poderes mucho más temibles en tanto que
aislados
de sus compañeros de viaje biológico (cosa que nadie
dice).
Debo decir que hace algún tiempo, mi amigo (y a pesar de
artista,
etno?biólogo) Francisco López, me transmitió
cautelosamente
el conocimiento de la existencia del "Lotus". Es el "Lotus" un
compuesto
químico de extraordinario efecto sobre el mundo de las hormigas.
Todos sabemos que el pulgón que se cría en las flores y
tallos
tiernos de muchas plantas forma la cabaña de la que los
hormigueros
disfrutan, y que en incansable actividad tutelan las que
podríamos
llamar hormigas cow boy, encargadas de pastorear esos rollizos odres de
sustancias altamente nutritivas para ellas, que ordeñan
incansables
y trasladan de cañada en transhumancias primaverales cuando la
planta
huésped las diña por floración, digamos,
interrupta.
Pues el "Lotus", cuya composición contiene nada menos que un
0,1%
de permetrín y un 99,9% de "excipientes", actúa de la
siguiente
manera: se hace una bolita de algodón del tamaño de un
garbanzo,
se empapa de "Lotus" y se coloca en el pie o la cruz de los arbustos o
árboles afectados. Hasta aquí las escuetas indicaciones y
especificaciones que incorpora el envase. Vean lo que sucede a
continuación:
durante dos o tres días, las hormigas se van concentrando
alrededor
de la "bolita". De hecho, con un poco de observación, veremos
que
aquellas que la perciben primero, corren hacia el hormiguero y
transmiten
la noticia a las que encuentran, y
éstas, a su vez, a las siguientes pero, en lugar de huir, todas
afluyen a la "bolita". En el transcurso de las horas, la concurrencia
va
aumentando sin abandonos, hasta que el observador, entomólogo
aficionado
o amateur de la jardinería afectado por la plaga, se plantea
quién
diablos debe estar haciendo las tareas cotidianas del hormiguero, pues
parece que allí dentro no quede nadie. Y debe ser más o
menos
así. El caso es que durante un día más o menos,
cientos
de hormigas rodean la "bolita" en actitud gregaria y (aquí
apúntense
esbozos de psicología insectil: "desconcertada", "suspendida",
"abandonada",
"inusual", "humana", etc), formando a su alrededor algo que asemeja
convincentemente
a un loto. De ahí, supongo, el nombre. Transcurrido el trance,
abandonan
la zona en un plis plas (digamos que se ponen de acuerdo y ponen pies
en
polvorosa en una particular "lemmingmanía") y nunca,
créanme,
mientras la bolita permanezca, volverán a acercarse a la planta.
El producto tiene registro 87?37?00296 y está fabricado por
Insecticidas
Vinyals. Se vende en las droguerías por un precio realmente
módico
y no tengo ni idea de lo que es el permetrín, mucho menos de
qué
tipo de excipientes constituyen tan alto porcentaje del producto, pero
funciona. No en vano me lo recomendó Francisco López, con
quien hablo a menudo sobre la percepción "a escala", es decir,
sobre
la relación entre la percepción cultural y la
percepción
"total".
Yo soy partidario
de que la misma conversión de medidas que es necesaria para
meterse
en el mundo de las hormigas y los pulgones sin escapar del nuestro,
como
cuando leemos fábulas o las recordamos, es necesaria hoy
día
para escuchar música mediante reproductores que "representan" lo
que se grabó. Es una facultad que no acostumbramos a apreciar en
nosotros pero que disfrutamos en todo momento, y que nos permite, por
ejemplo,
escuchar un disco y reconocer una orquesta.
Me explico: es el
mecanismo que usamos para oír, digamos, una grabación de
los Conciertos de Brandenburgo por Britten, con el volumen de una
cadena
hi?fi, sin tener que imaginarnos una orquesta de músicos
diminutos,
pulcramente dispuestos sobre la mesa, con sus instrumentos en
miniatura,
como Gulliver o Alicia podrían verlo. Creo que nadie usa la
imaginación
para eso, lo cual celebro. No debe ser bueno usar la imaginación
para la música, pues no precisa de imágenes, pero es
inadmisible
construir con ella "imaginarios planos", coartadas para el tiempo real,
como viene sucediendo, ya que en el fondo, toda la
música que
no está hecha exclusivamente para ser reproducida en un
reproductor,
vaya, es una especie de música entomológica,
música
documental o fabulosa, llena de asideros, y aquella que se gestiona
para
bobinas tiene, cuanto menos, el privilegio de aflorar en el oyente una
interpretación, lo cual es mucho. Eso me recuerda algo que me
explicaron
una noche: nunca la televisión sustituirá al cine por una
sencilla razón: el formato de la pantalla es completamente
distinto.
Al cine le ha sucedido el automóvil, que tiene el mismo formato
de pantalla (el vidrio frontal). Ello explicaría que la
principal
causa de accidentes automovilísticos sea la distracción
del
conductor. Al ver el exterior como en una película de
cinemascope,
hay una tendencia a la relajación de consecuencias por todos
conocidas.
Usando las palabras de Carles P. Illa: "Y como esto (glups),
páginas
y páginas." Aunque no creo que deje de quejarme (mosquearme,
más bien) en el próximo capítulo.
"La
verdad es que en mis tentaciones he visto a muchos seres
híbridos,
no solamente mujeres serpientes y mujeres peces, sino seres formados
más
incoherentemente aún, como hombres cuyo cuerpo estaba hecho por
una marmita, por una campana, por un reloj, por un aparador lleno de
alimentos
y de vajilla, y aun por una casa con sus puertas y ventanas, a
través
de las cuales se veían personas ocupadas en quehaceres
domésticos."
(Anatole
France, "La isla de los pingüinos")
"El
intento del jazz es el de sacar el mundo a la superficie. Las otras
músicas
tienen un sentido más recóndito, más
subterráneo
y más religioso, un sentido introspectivo y letal"
(Ramón
Gómez de la Serna, "Ismos")
Actualmente, como todo
el mundo sabe, nuestras comunicaciones por la red telefónica
dependen
de una empresa que se cobra el dinero de las conexiones fallidas a
internet,
instala teléfonos públicos que no devuelven cambio, y
utiliza
una red estatal que pagaron nuestros bisabuelos con Primo de Rivera,
luego
nuestros abuelos, luego nuestros padres y nosotros hasta hace muy poco
tiempo, a través de los impuestos. Sin embargo te cobran una
cuota
por conectarte, como si el cable gastara más si va más
lleno.
Y desde luego, debe ir lleno, porque se ha puesto de moda la
telefonía.
Todo el mundo tiene en su casa algo parecido a centralitas con llamadas
en espera, contestadores, buzones de voz, llamadas a tres. Espero que
tanta
comunicación verbal permita hacer circular la noticia de que el
siglo XX no se acaba en diciembre de este año. Parece mentira
que,
por no saber contar, haya que establecer un "debate científico"
(como pedía un político portugués el otro
día)
para una tontería semejante. En fin, Arthur C. Clarke se
inventó
los satélites artificiales hace algunas décadas y alguien
mucho más avispado creó el teléfono móvil
con
el que, para llamar a un vecino, hay que enviar la señal a un
montón
de sitios hasta que llega a un satélite que orbita la tierra y
la
devuelve. Atrás quedó la radio, barata, ecológica,
capaz de alcanzar todo el planeta, aunque lo suficientemente voluminosa
y complicada como para usarla sólo cuando es necesaria, y no
para
cualquier tontería. Claro que, para qué laboratorios como
los Bell van a gastar un dólar en perfeccionarla, miniaturizarla
y ergonomizarla, si sólo se podría cobrar por el aparato
y la antena, pero no por la refracción de sus emisiones en las
capas
altas de la atmósfera. Ahora la ciencia usa el marketig para
elegir
qué usos civiles se pueden dar a los avances militares. Tal es
el
modelo actual de trabajo en los Estados Unidos. En nuestro país,
como es tan difícil ganarse la vida como científico, las
grandes mentes están habitualmente alojadas en los consejos
directivos
de las empresas dedicadas a la comercialización de la
tecnología
que nos llega de los países avanzados. Grandes lumbreras,
capaces
de verdadero ensañamiento a la hora de sacarle dinero al
ciudadano
que se conecta a internet. Así, mientras en Estados Unidos se
disfruta
de una "tarifa plana" (visto desde aquí, más que un
derecho,
parece un disfrute), en España, usar la red de redes es
prohibitivo,
caro, caótico, alucinante... y un gran negocio para la
compañía
que mantiene el monopolio de facto.
Os preguntaréis
porqué tanto Estados Unidos por aquí y por allá.
Bueno,
estaba pensando en que hay dos teorías sobre el orígen
del
jazz. Una, la publicó Pascal Comelade hace algunos años,
demostrando el orígen ampurdanés del género. La
otra,
más divulgada, es la que establece su afroamericanidad. Pensaba
en ello a proposito del discurso posmoderno y un poco de andar por casa
del mestizaje. Si bien no cabe duda de que, por suerte, no hay
géneros
modernos "puros", más cierto es que aquellos antiguos y "puros",
sólo parecen interesar a los puristas. Atención, la
pureza
existirá siempre que establezcamos un punto de orígen
histórico;
el flamenco es un género puro si lo observamos a partir de
determinado momento. No
cabe
duda de que no surgió de la nada, y en su composición
intervienen
músicas más antiguas. Lo mismo sucede con el jazz y por
eso
se tiene la decencia de hablar de músicas "afroamericanas". Algo
parecido ocurre con aspectos más tremendos de las culturas
humanas,
como cuando alguien se atribuye "pureza" étnica y se proclama
perteneciente
a un grupo exclusivo, defiende esa exclusividad y la preserva de
contagio.
Yo respeto todas las "opiniones", pero si alguien se tomase la molestia
de contar, como en el caso del "debate sobre el final del milenio", se
daría cuenta de que en el neolítico, con suerte,
vivían
en el continente cien mil humanos. Así que todos somos primos. A
lo mejor la falta de conciencia acaba siendo simplemente un problema
fruto
de la consanguinidad universal, porque si no, que alguien me explique
qué
tiene de mestizaje sacarle partido al tercer mundo para darle color al
primero. Y éso es igual, en el fondo, si tenemos en cuenta que
la
mayoría de la gente que escucha "fusiones" y "mestizajes"
musicales
con verdadera militancia, es incapaz de escucharse entero undisco de
jazz,
a solas, y sin hacer ninguna otra cosa al mismo tiempo. Denles a oir el
"A Love Supreme" de Coltrane en una de esas versiones de cuarenta
minutos
y les verán sudar. Parece que vivimos en un mundo extremadamente
complicado, pero la verdad es que las cosas son sumamente sencillas.
Como
decía mi amigo Juan Crek, casi nadie se toma la molestia diaria
de tener conciencia de porqué se hace de día y de noche.
Antes nombraba a Arthur C. Clarke. Además de científico,
es un famoso escritor; la sobrevalorada película de Stanley
Kubrik,
"2001, una odisea del espacio" está basada en una
narración
suya. Este hombre, que unos días antes de recibir la
máxima
condecoración británica de manos de la Reina,
advirtió
públicamente que era un pederasta y así no tuvo que ir a
recoger la medalla, publicó hace mucho tiempo una pequeña
novela llamada "El fin de la infancia", que me gustaría
recomendar.
En ella presenta una línea de pensamiento con la que me siento
afín:
nuestra sociedad es lamentablemente infantiloide: lo poco adulto que
representa
ser adulto, en términos de humanidad, y lo difícil que va
a ser, cada vez que alguien sea consciente de ello, que no se distraiga
inmediatamente por el vuelo de una mosca o el de un misil tomahawk
cruzando
la pantalla de su televisor.
OTROS TEXTOS