1. la percepción del sonido (alturas, timbres, ritmos) se realiza en el córtex secundario derecho de nuestro cerebro. La percepción de la voz, en cambio, tiene lugar en el córtex secundario izquierdo. Ésta es una de las manifestaciones más llamativas de lo que llamamos "lateralización de los hemisferios cerebrales" (algo que se produce a pesar de la reconocida plasticidad del cerebro).
2. El sentido del oído, además de tener un papel fundamental en nuestra percepción tridimensional (especialmente, el órgano del oído; equilibrio, etc). En cuanto se refiere a la percepción de esas alturas, timbres y ritmos (lo que entendemos por música), detenta una particular capacidad en el ámbito de lo que entendemos como 4ª dimensión (Herman Minkowski, 1901): El tiempo. Vamos a ver porqué.
3. El oído colabora en la percepción de lo ancho, lo largo y lo alto, especialmente cuando el sentido de la vista no puede trabajar. El tacto puede colaborar con él. Pero en condiciones de visibilidad normales, esta tarea corresponde al sentido de la vista. Sentido al que podríamos considerar en el punto más alto de la pirámide sensorial. Quizá debido a que permite comprender tres dimensiones. Aquellas que nos resultan imprescindibles para vivir plenamente el espacio. El sentido de la vista es el que predomina culturalmente, aquél que se considera básico en la educación y en casi todas las actividades humanas; es especialmente el que simboliza nuestro "control" del mundo físico.
4.
En cuanto al oído, teniendo en cuenta esa
"especialización"
que sugiere la lateralización, la región de la
percepción
sonora que se encuentra en el córtex secundario del hemisferio
derecho
parece estar dedicada exclusivamente al placer melómano, lo cual
a mi entender, no deja de parecer anómalo. ¿Una parte tan
importante de nuestra capacidad cerebral sólo para la
música
(para el placer)?.
Ya
hemos visto en otros momentos de clariaudiencias que otros sonidos,
aquellos
que pueden afectar a nuestra superviviencia, se perciben, mucho
más
instintivamente, en el córtex primario de ambos hemisferios.
5.
Si hacemos el esfuerzo de acercarnos a la percepción emocional
de
la música, la forma aparentemente espontánea en que
escuchamos
la música, no podemos dejar de constatar ciertos
fenómenos
particularmente chocantes.
Por
ejemplo, cuando escuchamos por primera vez una música, podemos
predecir
muchas veces qué va a ser lo siguiente que aparecerá. Sin
duda, en las músicas populares, ese trayecto está
anunciado
de una forma nada oculta. Cuando la música incrementa su
complicación,
su "extrañeza", sólo nos permite comprenderla en
presente.
Es decir, la música es un medio para averiguar el futuro. "Su "
futuro, por supuesto. La música crea mapas del tiempo que
podemos
"interpretar" y, por lo tanto, abarcar,independientemente del punto en
que nos encontremos.
6. Es como si viajásemos por primera vez por una carretera y pudiésemos ver lo que se encuentra muchos kilómetros más allá, aunque lo oculten montañas, desniveles o distancias inabarcables. Sólo en el caso de la música, el campo no es espacial, sino temporal. A la facultad de ver el futuro le llamamos premonición o clarividencia. A la facultad de oír el futuro le podríamos llamar Clariaudiencia.
7. Y probablemente, a la potencialidad de percepción extratemporal que obviamos a diario mientras la practicamos automáticamente, deberíamos llamarla "mapa del tiempo", y a la música, vehículo. Y todo sería mucho más sencillo. También más saludable y evolutivo. Qué lástima que no tengamos tiempo para ello, viviendo la inmediatez de la cultura visual...
8. Solemos creer que el ser humano evoluciona porque algunos de sus representantes exprimen sus cerebros para idear nuevas herramientas, capaces de crear nuevos vehículos, nuevas velocidades. Y es posible que los beneficiarios de ese esfuerzo (que acaba siendo colectivo), podríamos evolucionar más individualmente, usando nuestro cerebro como herramienta evolutiva. Quizá el cerebro, además de estar lleno de software sea un hardware tremendamente poderoso, a condición de que lo usemos literalmente. Así que aquí se acaban las metáforas.
Barcelona,
8 de julio de 2002

F I N D E L A Z O N A C L A R I A U D I E N C I A S . P U E D E E N T R A R E N L A Z O N A M C O