CIENCIA RECREATIVA         V. Nubla

No se sabe con exactitud la fecha en que Torres Quevedo inventó el ajedrecista mecánico. Quevedo, que había nacido en 1852, tuvo la suerte de morir en 1936.
Sólo tenía 16 años cuando el estadounidense Michael Kally inventó el alambre de espino. 78 años antes, Nicolás Appert inventó las latas de conserva para alimentar a las tropas napoleónicas.
El abrelatas no se le ocurrió a nadie hasta la guerra de secesión norteamericana, probablemente porque ya no se usaban tanto las bayonetas y la tropa necesitaba abrir las latas de alguna manera.

Volviendo al alambre de espino, cabe decir que siete años antes de su invención, el estadounidense Richard Jordan Gatlin creó la ametralladora. Y veintiún años después, la factoría Dum?Dum, en Calcuta, las temibles balas del mismo nombre. Todo ello gracias a la balistita, la dinamita, la nitroglicerina y la gelatina explosiva, que fueron cuatro grandes momentos creativos de Alfred Nobel, hacia 1887, por los que nunca recibió ningún premio. Sólo cincuenta y ocho años más tarde, el estadounidense Openheimer, el matemático italiano Enrico Fermi, que decía que los húngaros son extraterrestres, y la austríaca Lise Meitner, se pusieron en serio con la bomba atómica y la inventaron todos a la vez. Fermi se lo tomó a pecho y el mismo año puso una bomba de fisión nuclear a la que llamó Fermina. Precisamente, cien años antes, William George Armstrong había desarrollado el cañón rayado de retrocarga, para hacerle los honores al armero suízo Samuel Pauli, que hacía ya 42 años que había dado al mundo el cartucho cerrado de retrocarga. Seis años habían pasado desde que el químico también suizo, Paul Herman Müller, inventara el DDT.

En 1859, Edwin L. Drake, apodado "el coronel", ideó la explotación del petróleo por excavación y perforación. Faltaban tres años para que Ferdinand Carré consiguiese fabricar hielo; hacía 51 que Friedrich Krupp había comenzado a hacer lingotes, los mismos que, hasta lo de Drake, habían transcurrido desde que Henry Ford inventó la fabricación en serie. Cincuenta años después, Chester Carlson, en norteamérica, inventó la fotocopia y, no consta la fecha, aunque sí el nombre, del inventor del fotomatón: fue el mecánico ruso Yosif Anatol.

Cuando la primera fotocopia (que tiene mucho menos valor histórico que la segunda, la tercera, etc.) salía por la bandeja de la fotocopiadora, se cumplían 531 años de la fabricación de las primeras granadas de mano en Casalmaggiore, Cremona, Italia, 473 años antes de que Karl Landsteiner, en Austria, determinase los grupos sanguíneos, a los cien años justos de la invención de la imprescindible máquina impresora de números en billetes de banco por el mecánico británico Joseph Bramah.

Volvamos a los autómatas; Leonard Mälzel, mecánico austríaco, creó en 1877 el Panharmonicon, una orquesta musical formada por 42 autómatas. Verdadero precursor de muchos aspectos de la música actual, llevaba trabajando en sus autómatas desde que, 61 años antes, había inventado el metrónomo.

< style="font-family: arial;">Y volvamos a las automáticas, todo comenzó con John Moses Browning, en Estados Unidos, año 1896, pistola de 7,65. Ciento cincuenta años antes, Joaquín Rodríguez "Costillares", inventa la suerte de matar a volapié. Otros dos peninsulares ilustres: Joaquín Bustamante y Quevedo, inventor del famoso torpedo Bustamante, alrededor de 1870 e Isidor Cabanyes d'Olcinelles, padre del torpedo submarino en 1888, que probaron primero contra peces y diversas rocas, hasta que hubo suficientes submarinos para encontrar alguno y alcanzarle.

El alemán Siemens probó primero con el tranvía de raíles conductores (1879), al ver que la gente se electrocutaba al pisar los raíles, concibió el tranvía eléctrico en 1881 y el trolebús en 1892. Su compatriota Krupp, al que ya hemos citado antes, había diseñado el cañón de acero cuarenta y cinco años antes, y 91 después, Otto Hahn, de la misma nacionalidad, publicaba la teoría de la fisión del uranio, a sólo seis años del desarrollo de la V2 de Werner von Braun, que lo consiguió 174 años después de que el mecánico angloindú Joseph Bramah, del que ya hemos dicho antes que era autor de la máquina numeradora de billetes de banco, inventase el WC.

publicado en la revista del FAD, Barcelona, 1999
lectura en Conservas, Barcelona, 19/03/1999

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