LA ARITMÉTICA FUE INVENTADA (UN
DÍA)
Este texto fue escrito como
prólogo a la edición de un libro de Accidents
Polipoètics
Suelo hacerme preguntas como: ¿Cuánta gente hay que cree
en lo que piensa y luego piensa en lo que le da la gana?.
También me hago la comida y otras cosas. Incluso, en ocasiones,
voy de aquí para allá, como un sujeto más. Valga
este preámbulo para que ustedes me conozcan en profundidad. Y
ahora, sepan lo que me sucedió:
El 37 de Perro de 12.992 me
encontré, sin conocer la causa, en un bar dotado de mobiliario,
barra y equipo de sonido. Había dos sectores de público
muy diferenciados y un tercero más discreto. Los dos sectores
importantes estaban constituidos: uno, por personas que seguían
atentamente lo que explicaban dos individuos que se hacían
llamar Accidents Polipoètics, y el otro, también por
otras personas que, en la barra, conspiraban al mismo tiempo contra su
hígado y contra los camareros. El tercer sector lo formaban dos
máquinas de tabaco y un teléfono público.
Recuerdo que, en algún momento, miré hacia la barra. Tras
ella, sobre varios estantes, se alineaban más de cien botellas.
Cada una de ellas, ingerida, podía matar a una persona adulta.
Incluso algunas podían lograr el mismo objetivo con sólo
administrarlas hasta la mitad. ¿Porqué no se legaliza de
una vez el consumo de vaca viva?, pensé. ¿Qué
hipocresía es esta?.
Soy no-fumador pasivo militante, y
encendí un cigarrillo.
Inmediatamente, como si estuvieran
aguardando desde el mesolítico, mil setecientos
auténticos bla bla me miraron (lo cual no era excesivamente
impresionante, ya sabéis: ahora te miro, ahora no,
enfín...) y lo comprendí todo. Fue un momento
difícil. No estaba seguro de que todo fuera a caber en mí
de golpe. Entonces descubrí, como Noé lo había
hecho en su momento, que todo está en mi mente y que, por lo
tanto, aún me quedaba el resto del cuerpo para ir guardando
más cosas (la idea, más o menos, es esa).
Desde aquel momento, sólo
puedo recordar que este es un sitio esférico, que todos,
más o menos, andamos con las extremidades; que no cabe duda,
porque vuelve a estar todo lleno; que parece bastante seguro el hecho
de saberlo, pero que incluso cabría preguntar en voz bastante
alta: ¿Porqué si todas esas historias están hechas
de la materia de la vida, la vida no está hecha de la materia de
Accidents Polipoétics?. Así, las historias se
sucederían unas a otras, prescindiendo de los tediosos
intermedios mecánico-dificultosos, y los personajes
vivirían sus existencias en las bocas accidentales. Y
serían éso que está en nuestra mente: la
pequeña distancia entre lo pequeño y lo grande, entre el
deseo y el tiempo que va a hacer hoy o entre dos minutos y un
chiquillón de años. Todos queremos ser los Accidents
Polipoétics de nuestra vida. Ellos, de hecho, fueron los
primeros en proponérselo.
Larga vida, pues, a los A.A.P.P.
(Aparejadores de Puentes) que construyen esas hermosas pasarelas
sinápticas con sabor a aceituna que tan bien nos sientan a
quienes, como ellos, vivimos en lugares equipados con estaciones
climáticas complementarias, conmocionantes y conminatorias.
Victor Nubla, Junio 1994