Parece
el calor, pero es la temperatura; para aquellos que redibujaron sus
circunvoluciones
cerebrales, es un día más y un universo con los cajones
sistemáticamente
desordenados; una estadística que se actualiza sin parar
mediante
escáners de la realidad aparente y que luego hay que guardar; en
alguna parte; en algún lugar preferente; con señales que
lo identifiquen o como sea. Pero el número de cajones, los
pasillos
llenos de estantes, los archivos siempre cambiantes, no tienen
identificación.
Probablemente no hay etiquetas con letras y números. No hay
orden
alfabético, alfanumérico, ni por tamaños ni por
fechas,
ni por tipos ni por años; más bien, sólo, por
estados.
Alterados.
Chichi
cerebro-liso es un soponcio tirado: habla todos los días con los
gatos de su barrio. ¡¡No sabéis lo agradecido que
está
de haber podido disfrutarlo!!
El
calor, que le produce algo de asma, le está haciendo pensar:
"debo
disminuir el consumo de tabaco". Y cuando el sol se decide seriamente a
iluminar a los del otro lado, se queda quieto y callado, esperando
leves
brisas que refresquen su cuerpo abochornado. "Soy un picatoste", se
dice,
aunque al fin matiza: "...pero blando". Y es que el calor arruga,
aplasta,
presiona, succiona... Y sin embargo, sigue siendo su mejor aliado.
Porque
funde los deseos y los hace bebida, flujo perfumado, glándula
secreta,
voluntad de cambio. Chichi es ahora cerebro re-utilizado, el día
y la noche no son
la
misma cosa, y él tampoco. Nadie lo es (dos veces, a
sí
mismo, nadie se es el mismo). Puede dividir el día en dos
días,
la noche en tres noches, el año en mil años. Sin
daño...
y piensa: Sudor. Cuerpos. Calor. Sol. Paseos recordados. Este tiempo
¡Es
el dios Verano! Con su poder hace suyos nuestros cuerpos. Luego,
encuentro
en los parterres los macizos agostados y el zumbido de las moscas;
recuerdo
que sé cómo apartar las abejas de los vasos y hasta coger
las ortigas con las manos, eludiendo su veneno, por un viejo y leve
pacto.
Y éso quiero disfrutar con los humanos. Y así, sigue
pensando:
El calor ha dilatado los espacios. Aquello que nos une y nos separa, el
aire condensado, se convierte en mermelada de deseos, en engrudo
transparente.
En poción de almas... En pegamento de impacto.
Ahora,
mira a su alrededor: En la puerta, un cartel reza: Líbrame, San
Clorato, de tener toda la vida pies de pato. En el vestíbulo, un
silloncito hace juego por la banda. En el salón, el hábil
equilibrio de colores, sostiene castillos de naipes. En el cuarto de
baño,
el espacio está tan bien aprovechado, que se calculan las
reservas
para varios años. Y aquí estamos nosotros, encaramados a
la silla por detrás. Y aquí estamos nosotros, enredaderas
de anti-dios. Poned un aluvión de avisos de nada: todo el mundo
responderá. Nada pongáis: porque de nada servirá.
Y
tras verter estas selectas amenazas, comprueba que la vista, desde la
terraza,
no es nada cansada. El lugar es tan céntrico, que se ha creado
una
circunferencia a su alrededor. Tiene muy buena combinación, los
mayores expertos en cajas fuertes se ven incapaces de descubrirla.
Cuenta
con toda clase de servicios y convierte el resultado a la unidad de
medida
correspondiente. Y aquí estamos nosotros, bloqueando el ascensor
desde afuera. Y aquí estamos nosotros, pedazos de
hormigón
con alas. Dad una vuelta en el helicóptero: veréis
paisajes
nevados. No la déis: de lejos seréis observados.
Una
vez ha proferido estas simples amenazas, comprenderemos que el barrio
es
pintoresco, ya que tiene casas. Sus vecinos viven unos junto a otros.
En
los comercios se comercia. Ningún gato habla. Y aquí
estamos
nosotros,enseñando a los perros a coger un palo. Y aquí
estamos
nosotros, pozo ciego de la sabiduría. Relinchad en las cocinas:
alguien os cocinará. Atraed cosas opuestas: son los principios
de
la realidad.
Dichas
ya las amenazas, el atardecer trae la tarde. El amanecer, la
mañana.
Hay eclipses de dos clases. Y Julio es el mediodía del
año.
Y
en el balcón, aprovechando la brisa que precede al ocaso, nos
sentaremos
a la mesa y escribiremos con rapidez esta oración:
Aprendan.
Lluevan y coman. Deleiten, disfruten y afeiten. Sean mezquinos tintos,
en una sola palabra (Mezquinos San Clemente).
¡Ay,
candela; unidad de luminosidad! ¡Ruegue por nosotros el segundo
atómico!
¡Que nuestras almas pesen al menos un kilogramo!. ¡Viva los
huesos de tu pelvis! Sólo soy un amigo de lo propio, un cautivo
ciudadano apátrida de la mente. Cultura y transposición
son
la votiva verdad, voluntad vacilante e hiriente, que juega en el
confín
de caucho de nuestras casacas, en nuestros camastros. A la luz de una
bombilla;
en asociación con una empresa de servicios. Anhelante.
Alucinante.
Inmediato y colectivo. Apasionante y apisonador.
En
el estofado de mi vida, la conclusión es vertebral.
Chichi
cerebro-liso trata de escuchar a los grillos y reflexiona: Antes me
preocupó
saber cómo funciona el mundo. ¡Pero descubrí cosas!
¡Cosas
como que los propietarios de perros comen compulsivamente!
¡Temblad
ante las personas justas, que incluso saben que los propietarios de
perros
comen compulsivamente! Lo único justo es el tiempo y el paisaje
está codificado.
Desde
luego que lo está: El mundo es un espectáculo en la calle
y un cuadro en casa. Un drama en la familia. Una novela para cada uno.
Todas las canciones son de amor y los poemas nos relacionan con los
animales;
la mejor obra de ingeniería es el proceso de
autorreprogramación
de nuestra mente; todo jardín es natural y un ciclo
místico
es ir pasando por las edades de nuestros antepasados... Por éso,
en un tratado de derecho romano se dice claramente que cierto bronce
presenta
peculiaridades "de relieve" o que "unas tablillas" tienen "un papel muy
importante". Alguien cree que ha llegado para vengar al mar universal
de
admiraciones, la mayor extensión conocida de sargazos mentales.
Debería saber que el tiempo fue definido como cuarta
dimensión
por Herman Minkowski en 1908.
¡Las
uñas son los dientes de las manos!
Y
lo bueno de cualquier forma de pensamiento es que tarde o temprano
tiene
que cambiar. No en vano los animales hablaban hasta que se inventaron
las
armas.
En
un mueble, tras una puerta, hay una caja que contiene los dos
antídotos
contra el fanatismo y la paranoia: Son el Gancho de Plata de la
Misantropía
y la Esfera Cristalina de la Indiferencia. El Gancho nos aleja de los
demás.
La Esfera nos hace considerar.

OTOÑO.
Es
otoño, porque se lo han dicho. Y trae los olores del verano
tardío.
Y los vientos espectaculares que desplazan a las bandadas de palomas.
Es
la misma razón que mueve los filetes de carne alojados en la
concavidad
lateral del chasis, de hermoso y sucio color caqui y olor a gasolina.
Otoño,
voces humanas.
Chichi
cerebro-liso, despierta sin sudor. Algunas mañanas están
tan vivas que le arrancan de las sábanas y le dicen a la cara:
mira
las nubes cómo cambian en el cielo, mira la piel bronceada,
cómo
parece terciopelo con este sol cambiante...
Ah...
pero los besos al principio de un verano, ¿qué son al
final
de otro verano?
El
cuerpo sudoroso, ya no respiraba con el aire. Atmósfera
caliente,
(engrudo maravilloso) no había frontera. Ahora llueve, hace
viento
y nos cubrimos con sábanas que huelen a baúl o armario.
¡Nuestra
temperatura vuelve a existir! "¿Y qué hago yo con ella?",
se pregunta.
Los
atardeceres son ahora como reproducciones del final del verano.
Y
todas las narices goteando...
La
nariz de Chichi cerebro-liso gotea mientras disfruta del viento
encorajinado,
del último sol de la tarde y de la deliciosa llegada de la
segunda
y espesa cerveza que recorre su sangre y le hace sentirse sobre una
amable
almohadilla de
sensaciones.
Sol de atardecer que todavía trae los ecos de voces
despreocupadas
en las playas.
¡Verano,
quédate unos días más para que pueda desear el
invierno...!
Pero
el verano ya no está.
¡Guarda
en tu vientre el molde de mi cuerpo anfibio para que el próximo
año encuentre de nuevo el lugar para flotar, jugar y beber por
sorpresa
tu agua que hace eructar!, (suplica, apelando a la memoria de las
aguas).
Pero Septiembre tiene color de ciruela, de higo, de pera. Del verde al
azul.
La
agitación de las ramas de los árboles, las nubes que no
detienen
su marcha.... la ropa con la que Chichi cerebro-liso cubre su cuerpo al
atardecer...
¡Pagoda!
¡Promontorio! ¡Pez! ¡Piedra pómez y diluvios!
¡Pescados! ¡Amanitas! ¡Lupas de comercio!
¡Encendedores
de ciudad y caramelos!
¡Sombras
de las estatuas que alfombran las alfombras de hojas en los paseos de
otoño!
¡Lejana indumentaria! ¡Hipoteca de los dioses que, en
racimos,
trajiste ángeles verdes, granos de sol y cazuelas de barro!
¡Seca
nuestra voluntad tu admirable aguja de madera! ¡Escondemos a
nuestros
hijos cuando tú llegas, envueltos los bolsillos en el aliento
húmedo
del averno!
Entonces,
la luz toma el color de las moras y éstas, el de la tierra
pálida
y el viento taciturno pule las rocas blancas -de un lugar a otro- a
través
del negro del cielo, agitado también.
¿Esperas
que creamos en los peligros del bosque metálico que tus
alabanzas
construyeron sobre el mar?
¿Con
medios olvidados abriremos las cáscaras de aquellos frutos sin
alas?
¿Dan
comedores en las cocinas del pan?
¿Existen
los mamuts -aquellos nobles y gentiles peces, orgullo de las
profundidades
cristalinas-?
¿Tienes
hora, por favor?
Una
suave intensidad colma los espacios, avanza expandiéndose en
pequeños
detalles sin foco, puntos humanos en las paredes cálidas, el
dulce
comienzo del otoño tras la ventana; estructuras para la voz que
se vierten en el sueño de escribir...
¡Hagamos
que construyes ese muro tanto tiempo aplazado que separa nuestra
humanidad
de tu talento!
¡Derecho
brutal, muéstranos el intestino de la almendra!
¡Colección
de hojas! ¿Acaso no has notado que escondemos en bolsillos
fríos
a los hijos de nuestra esperanza?
¿Y
no bebes de la tibia hiel de nuestro miedo?
¿Te
agarras quizás a nuestros sueños mientras soñamos
que nos sueña tu terror?
¡Confúndete
con el perfil de esquinas mal iluminadas! ¡Allí estaremos!
¡Dispuestos como siempre para el ritual humeante de la olla
cotidiana!
¡Llenos y vacíos! ¡Ciegos y hartos! ¡Mudos y
cojos,
como la vieja estación de las mentiras!
Atrapados
en el pozo lleno de gasolina, comprendemos tus motivos para extender la
codicia entre las piedras. No pocas veces te hemos ayudado, convencidos
de las buenas intenciones que se alojan en tu tercera cavidad branquial
inutilizada.
Sabemos
que nos escuchas. Algunos se han dormido, confiados en tu excelente
audición.
¡Escoge
una buena botella! ¡Créala a partir de un diente mellado!
¡Demos alguna vuelta y estaremos preparados! Es posible que
tú
no inventases la poesía y ni siquiera nadie ha dicho que contra
tí tenga alguna clase de poder la poesía. Gran
incógnita
y misterio de naves oxidadas: La esencia de tu No es el duplicado del
mundo
oscuro e incierto de los moldes de las palabras. Algunos afirman haber
reconocido al avestruz de forma romboidal que ata con correas los
niños
a las sillas.
¡Cinco
ojos!
Y
el depósito para las correas.
Caracteres
de imprenta estampados en lacre recorren su piel. ¡Apreciado
viaje
turístico! ¡Irrepetible!. Madera astillada que
tiene
hilachas prendidas, manchadas de humo, de alguna tela fuerte pero ya
vieja.
Así le llamamos. Pero no es ése su nombre. Ni
tampoco:
ruido de utensilios de cocina metálicos, paredes de azulejos que
solidifican una bruma extrañamente nítida.
(Hay
patos ?hay porciones?, canciones ?jamones? y monjas montadas en
camiones,
que discurren junto a él. Y aunque no nos oyen, mantienen el
equilibrio.)
¡Canta
con nosotros tu canción que es nuestro silencio!
¡Jugaremos
a tus pasatiempos de cuadrículas con las más
pequeñas
canicas! ¡Te lo debemos! ¡Salta! ¡Eres la forma
bidimensional
de cierto miedo! ¡Saluda! ¡Estás en presencia del
lejano
vestigio de una última burbuja de pantano! ¡Léela!
Y nosotros te reconoceremos. Cada ser humano caminará con
docenas
de pies. ¿Acaso te ocupas de grifos y agua?
¿Válvulas?
¿Sabes donde estamos? No estás, y lo sabemos. Pero
recoges
toallas de sueños mal puestos, mientras te prodigas en nuevos
alcances
hacia los sentidos, fétidas ventosas que traen el mar al viento
y sumergen las montañas en el río. Es una apuesta donde
se
entra perdiendo. Falso regalo para las tardes de tormenta. Quizá
temamos demasiado la llegada del nombre de la barba y con él, su
filiación completa: número de pelos, color, forma y
disposición
a las bromas para suelos. Enumeraremos tus cualidades basándonos
en la opinión de Gallina Rompehuevos, un mutante consistente en
masa de galletas: frío y horrible como el colofón de un
edificio
accidental. Curiosamente, ovoidal. Y algo lúgubre (especialmente
los anagramas laterales). Conciso y muy, muy terrenal.
Lástima.
Ni
dejando de creer en ello, Chichi?cerebro liso podría despellejar
algo así en este avispero de letras y sólo letras y
puntos,
pues el objeto de sus execraciones no contiene número alguno.

PRIMAVERA.
Dicen
que, cuando se prepara una lechuga, se sienten agradablemente relajados
todos los que están en la habitación. Algunos objetos de
la decoración pueden sufrir el mismo efecto. Vecinos que se
encuentren
cerca, también. Algún perro que pase por allí.
Chichi
cerebro-liso, si no se hallase lejos, pero en este momento se entrega a
sus pensamientos en un antiguo bar:
...escojan
su candela radiante los sábados por la tarde. Beban. Suden. Y
duerman
por todas partes. Y alabado sea el pilón. Alabado sea bendito de
alabastro el Pilón. Alabado sea el pilón y su cuenco
gastado
donde fui bautizado con aquel camisón por mi llevado.
Camisón
del pilón, aún te recuerdo, eras más viejo que yo.
Mis piececitos al extremo, mi ejemplar de "Primeros Auxilios" bajo el
brazo.
Y un intenso deseo de hacer pipí. Así era yo a los
pocos días de edad: todo un percebe imperceptible...
Señora,
cuando vaya al bar, lleve a su perro atado con un collar.
Inclínese
al comentar el nuevo corte de pelo del extravagante animal, que yo
miraré
su escote granado y usted verá que yo la miro y con éso,
los dos, ya habremos salido ganando.
Perro
de la señora, ¡oh! perro, en las colillas del suelo
interesado.
Tu nariz no tiene pelo y tus patas son cuatro.
¡Mmmm!
¡Flujo de automóviles! Al menos, algo hemos puesto a punto
tras esta serie desafortunada de experimentos con final feliz: hemos
obtenido
resultados desapetecidos y no estamos muy seguros de la efectividad que
el aparato tendrá una vez aplicado al mundo infantil. Hasta hoy,
trabajábamos en el mundo infantil propiamente dicho y
alimentado
en Navidad por los ejemplos vivos, pero éso ha terminado ya;
afortunadamente.
Deseamos sustituir el cultivo experimental por un curtido experimental
que tenga capacidad antropofágica y antropomórfica.
¿Llegaremos
a conseguirlo? ¿Llagaremos al pobre mirlo con tanto ir y venir
sobre
sus patas traseras (y únicas). A él, que canta tan bien?
No puede ser. Esto no puede ser cierto. Volvamos a la realidad:
aquí
sólo hay personas y algunos animales. Nada más puede
esperarse.
Tan
sólo un lamentable acercarse de cada ser
al
pobre aspecto que debió tener
cuando
era un texto para aprender
en
el colegio de su memez.
Y
si torcemos por la avenida, caminando bajo los porches, parece como si
alguien, algunos, se encargasen de tomar las decisiones. No son las
cosas
específicamente complicadas para ellos, pero alcanzan una
plenitud
de campo de operaciones cuando se reúnen todos en torno a su
mesa
de deliberación... Qué maestría, qué lujoso
lupanar deviene su trabazón intelectual... Y nosotros recogiendo
llaves envueltas en hojas de col, enterrándolas dentro de
cajitas
de cartón y mirando de reojo los confines de la ciudad mientras
bailamos la danza del turista. Y de todos. A uno de ellos
conocí.
Le llamaban Robinalot, el cubreliebres. Zamfa. Bribón.
Cartelano.
Rimpante. Y un gusano. Así era Robinalot. Gusano sarape, hermano
de abate. Un tipo neumático. Aliterado constantemente por los
cambios
de significado que introducía la oficina estatal
"apriétate
los melones" de su barrio. Era simpático, pero muy a su manera.
Rendía lo suficiente para alimentar su sexo complementario
autónomo,
pero poco más. Confundía los nombres, las caras, los
culos,
se confundía a sí mismo con frecuencia y lo que es
aún
peor, se confundía con otros. Robinalot era también un
orinador
de primera categoría, que orinaba a distancias de siete y ocho
metros,
aún a través de las paredes y con un tráfico muy
intenso.
Recuerdo que tenía problemas para andar porque, al ser diestro,
daba todos los pasos con el mismo pie y sufría frecuentes y
dolorosas
caídas. Robinalot era un pedazo de burro y muchos amigos le
pidieron
que intentase rebuznar, pero sólo conseguía imitar
convincentemente
el canto del gallo. Era, en fin, Robinalot, el más estruendoso
potro
de baño que nunca hubiera sido localizado. Y también
andaba
por allí un tal Garchón, (el buitre nauseabundo).
Recuerdo
que Garchón decía: ¡Caca!, y estaba intentando
decir:
¿Qué hago yo aquí?. Otras veces decía:
¡Caca!,
y lo que quería decir era: Yo. En ocasiones también
decía:
yo. Pero siempre acompañado de caca. Así:
Caca,
yo. O: Yo caca. Garchón era pura caca, por éso era
conocido
como "el buitre nauseabundo". Su cuerpo se componía de
piernas,
brazos y extremidades. Su cerebro cayó de su cabeza, extenuado,
a los pocos días de funcionamiento. Desde entonces,
Garchón
garchaba sin descanso. No podía hacer otra cosa. Garchaba y
garchaba,
interrumpiéndose solamente para dormir y hacer caca. A comer
él
le llamaba, igualmente, garchar y se quedaba tan garcho. Estaba
convencido
de que los demás se alimentaban de caca de Garchón, por
éso
la repartía indiscriminadamente entre sus allegados, vecinos y
víctimas.
Garchón era, según cierto retrato robot, el autor y
responsable
de su propia existencia y agente, por lo tanto, de su condición
de buitre nauseabundo, un finisecular atributo de buitre practicado a
butrón
en el tejido social, vulgar y repelente, que le rodeaba por todas
partes
menos por una, llamada, a menudo, aunque no respondía nunca...
Y
la verdad es que, jaleando galgos, algunos han hecho su fortuna.Aunque
lo más habitual es que veamos a los galgos, notemos el intenso
olor
de aceite rancio para freir patatas y veamos comer churros a los
ángeles
de aquí, algo sin igual y realmente delicioso. Churros con
chocolate,
por ejemplo, y sexo perfumado con voz grave. Y todo, todo aquello que
sabemos,
puesto al día en el viejo juego de lo que es y lo que quiero.
Hay
vidas detrás. Nada humano (o sí) pero eternamente
esférico
con la ayuda que da el fuego y la noche; y la ciudad, la necesidad y
los
rayos de chispa verde que recorren cada estreno de la
pobre?propia?prima?realidad.
Haciendo cosas, midiendo el olvido de las cosas, haciendo ovillos con
medidas
intuidas de: abstracto sentido del sonido, estado similar al que
imagina
una parte muy pequeña de la nada: yo y mi deseo: del cuerpo que
no es mío y de algo que no es cuerpo, se encarna puramente en el
deseo: es la llama de un cambio de las formas en el terreno de la forma
inamovible: en la mentira nueva; en la vieja mentira que se miente con
los dedos. Sabiendo lo que son los dedos: las antenas que detectan
algún
calor ajeno, por ejemplo, o la parte activa de la mano y también
símbolo de oportuno placer: en la boca, el dedo. Luego, y es
posible
que por eso: a los galgos jaleo...
Ahora
bien: Queridos armaduras. Hoy, que parecía ser el primer
día
de primavera... era, precisamente, el último del invierno.
¿Cómo
será mañana?
El
más absoluto caos, que se aloja en mi mente como en todas las
demás
cochinillas de la humedad, hoy ha aflorado, resumen y prólogo,
fotografía
del autor, y en color. Avance primaveral de los momentos que se agolpan
en cajones selectivos aleatorios insidiosos propios. Carambolas
fingidas
y jugadas demasiado afortunadas. Pelos de la vida. Rutinas falsas.
Ausencia
de soledad acompañada. Carencia de soledad compartida. Valencia,
ciudad tan visitada. Valencia... pasos amortiguados por la cerveza en
las
calles de piedra. Primavera, fuego y agua. Aromas que caminan en la
tarde.
Neptuno
y las mujeres. Una visión diferente de lo que asusta a la gente.
¿Dónde estamos? Crece el año, crece el sol y
crecen
los seres que reciben su bendición cálida. Nos retorcemos
en estas cáscaras de córcholis que recubren nuestra
inexistencia.
Y pica la piel. Pincha aquí y allá, mientras hacemos la
paz
en la incongruencia y miles de millones de seres humanos no quieren
distinguir
entre la conciencia y la conveniencia. Percibimos la luz de una forma
tan
subjetiva, que se hace de noche de repente y de día en cualquier
momento. Sin relación. Sin segundos intentos. Pero ahorramos con
firmeza para gastar compulsivamente. La coherencia de lo imaginario
reparará
los desperfectos de la maquinaria del conocimiento causados por las
preferencias
de lo ideológico... En cuanto al sufrimiento de los seres
vivos...
también viene producido por causas naturales.

INVIERNO.
He
visto los cuerpos sin vida, los cuerpos sin alma, las naturalezas
escuetas
que transportaban los signos a través de los andenes, por las
calles.
He visto a todos esos seres que cargan sus pesados destinos en forma de
zapatilla deportiva, lucir los fragmentos de su piel a través de
sus identificaciones reglamentarias. ¿Es verdad que todos se
preguntan
qué hacen aquí? ¿Es cierto que todos se sienten
así?
Sus
artilugios; un hombre con una bolsa de papel, una chica con
prismáticos,
una familia con coche de bebé, y las zapatillas deportivas...
Una
fiesta de bufandas, maletines, regalos empaquetados y zapatillas
deportivas.
He visto todas esas caras y he oído sus hablares, conocido sus
inquietudes.
Una fiesta del tiempo inminente.
He
visto muchos que miraban sorprendidos algún reflejo en el tubo
de
soporte y se preguntaban: ¿dónde estoy?
¿Porqué
estoy aquí? ¿Y hasta cuándo? ¿Y
porqué?
¿Cómo es que ha sido así? He visto gente que en su
mirada te dice: "no molestes, pero si quieres saber algo, en esta
historia
hay malos y buenos, y yo soy de los buenos." He visto sus manos sobre
regazos
de franela, ceñidas por relojes que salen en televisión.
¿Qué han hecho de su gradación de centelleo?
¿Y
de su personal artilugio lumínico? ¿Perdieron su
corazón
de ballena? ¿También su colofón automático?
Con
densas polvaredas de anteojos ahumados, se cubre de certeza la pista en
alta mar y muestra su dureza el puño antiguo trabado en el
esfínter
de la tierra.
Grave
estructura hueca.
Presión.
Y
el dragón dice: Era láminas, yo.
Y
era.
Viscosa
sustancia, entre lámina y lámina, era también.
Orgánicamente,
me movía. No había estructura que se comparase en belleza.
Al
desplegar los paneles emergía, poderosa, mi cabeza: El
dragón
ha llegado, el fuego todo lo quema. Canciones populares sigilan el
sonido
de la guerra.
¡No
estoy seguro de que se encuentre mi nombre en la lista de espera.!
Aquí
se bautizan catapultas con los dedos de las manos. Catapultas viejas
asisten
a los actos. Simultáneamente, a salvaje iniciación se
somete
a los extraños. Todo ello conmueve sin emergencia a los
asistentes,
que han cerrado las compuertas para entregarse en cuerpo y alma al
nuevo
vendaval televisivo: La Chola de Cuarto Mediante. Y todo el mundo se
queda
solo. Sólo como una almeja. Sólo en el gozne de sí
mismo, con su hígado. Y luego, cuando hayan pasado los
búfalos
y los ñandúes hayan asfaltado a sus congéneres,
los
pipos (y Sara Le Bon, radiante tras haber cumplido los cinco
años,
explique públicamente porqué usa calcetines transparentes
de piel de ñandú con adornos de ceja de pipo), todo
volverá
a la normalidad más estupenda con el nuevo concurso
"Atrápame
Esa Alfombrilla", que se producirá en cinco minutos a pesar de
durar
sesenta y dos.
Estoy
seguro de cuál es la historia, parece haber descubierto Chichi
cerebro-liso:
Estoy seguro de cual es el recurso. Estoy en ello: está en mi
historia.
Gira mi cabeza varias veces a última hora de la tarde. Este es
el
extraño mes en el que acaba el año... Así,
detenido
en la calle, escruto. Tarde o temprano se mostrará con total
seguridad
mi enemigo nefando
y
oculto, pertrechado de mi bilis, que frecuenta los bares que yo nunca
visito.
Una mentira más cae entonces por el lado oeste de la mesa. No
estás
tú entre todo éso. No te he visto ahí, en la
oscuridad
del secreto semanal. Tampoco en la terraza, a la que se asoman los
humanos
romperrodillas. En definitiva: No estamos en ningún lugar.
Está
demostrado. El último que pasó por aquí
dejó
una nota: Si surge alguna dificultad, esperen diez mil años.
Así
que, actualmente, este es un mundo de mierda voladora.
Y
de sordos estéreo. De pedos insinceros. De dedos sin manos. De
miedos
sin ogro. De ogros sin dedos. De falsos acuerdos. De olvidos
instantáneos.
De perros humanos. De humanos sin perro. De hijos no deseados. De
padres
no deseados. De urgencias sin prisa. De conciencias como cloacas. De
jabón
para conciencias. De manifiestos infectos. De falsos corderos. De
humanistas
pendencieros. De filósofos tontos. De artistas nada solteros. De
ratas con sombrero. De mentes enanas. De razones falsas. De cacas
colgadas
en las ventanas de pequeños rascacielos para espantar a los
pájaros.
De policías para objetos, de objetos para pájaros, de
rascacielos
falsos, de agujeros en el cielo. De cielos sin explicación y
explicaciones
para corderos. De vidas con precio, de silencios con precio, de precios
impagables, de horas, tiempos y minutos para relojes de pulsera,
relojes
de pared, argollas, orejeras y relojes de marcar. Este es un mundo de
escupitajos
bien explicados, trampas bien aplicadas y razones de estado. De estados
nada alterados, de ritmos ingenuos, de cachorros ahogados, de
principios
físicos, de finales nada físicos. De verdades neutrales y
recubrimientos morales. De cabezas sin cuerpo, de videntes ciegos, de
hermandades
de sangre, de planos y mapas y pistas de caza. De venenos mortales. De
muertes accidentales. Este mundo es algo totalmente verosímil
muy
parecido al infierno.
Y
si alguien se fija, los verá. Ya han sido vistos otras veces. Su
cabello helado, el aliento escapando por el fieltro gastado. Cada
mirada,
un fusil cargado y en la cruz de sus monturas, el recuerdo anclado de
sus
otras vidas.
Aquella
imagen que nos mostramos para no desfallecer:
el
inacabable fin de la guerra entre un dios y los humanos.
VOB
IRL
T
U
CNA