VERANO.

Parece el calor, pero es la temperatura; para aquellos que redibujaron sus circunvoluciones cerebrales, es un día más y un universo con los cajones sistemáticamente desordenados; una estadística que se actualiza sin parar mediante escáners de la realidad aparente y que luego hay que guardar; en alguna parte; en algún lugar preferente; con señales que lo identifiquen o como sea. Pero el número de cajones, los pasillos llenos de estantes, los archivos siempre cambiantes, no tienen identificación. Probablemente no hay etiquetas con letras y números. No hay orden alfabético, alfanumérico, ni por tamaños ni por fechas, ni por tipos ni por años; más bien, sólo, por estados. Alterados.
Chichi cerebro-liso es un soponcio tirado: habla todos los días con los gatos de su barrio. ¡¡No sabéis lo agradecido que está de haber podido disfrutarlo!!
El calor, que le produce algo de asma, le está haciendo pensar: "debo disminuir el consumo de tabaco". Y cuando el sol se decide seriamente a iluminar a los del otro lado, se queda quieto y callado, esperando leves brisas que refresquen su cuerpo abochornado. "Soy un picatoste", se dice, aunque al fin matiza: "...pero blando". Y es que el calor arruga, aplasta, presiona, succiona... Y sin embargo, sigue siendo su mejor aliado. Porque funde los deseos y los hace bebida, flujo perfumado, glándula secreta, voluntad de cambio. Chichi es ahora cerebro re-utilizado, el día y la noche no son
 la misma cosa, y  él tampoco. Nadie lo es (dos veces, a sí mismo, nadie se es el mismo). Puede dividir el día en dos días, la noche en tres noches, el año en mil años. Sin daño... y piensa: Sudor. Cuerpos. Calor. Sol. Paseos recordados. Este tiempo ¡Es el dios Verano! Con su poder hace suyos nuestros cuerpos. Luego, encuentro en los parterres los macizos agostados y el zumbido de las moscas; recuerdo que sé cómo apartar las abejas de los vasos y hasta coger las ortigas con las manos, eludiendo su veneno, por un viejo y leve pacto. Y éso quiero disfrutar con los humanos. Y así, sigue pensando: El calor ha dilatado los espacios. Aquello que nos une y nos separa, el aire condensado, se convierte en mermelada de deseos, en engrudo transparente. En poción de almas... En pegamento de impacto.
Ahora, mira a su alrededor: En la puerta, un cartel reza: Líbrame, San Clorato, de tener toda la vida pies de pato. En el vestíbulo, un silloncito hace juego por la banda. En el salón, el hábil equilibrio de colores, sostiene castillos de naipes. En el cuarto de baño, el espacio está tan bien aprovechado, que se calculan las reservas para varios años. Y aquí estamos nosotros, encaramados a la silla por detrás. Y aquí estamos nosotros, enredaderas de anti-dios. Poned un aluvión de avisos de nada: todo el mundo responderá. Nada pongáis: porque de nada servirá.
Y tras verter estas selectas amenazas, comprueba que la vista, desde la terraza,  no es nada cansada. El lugar es tan céntrico, que se ha creado una circunferencia a su alrededor. Tiene muy buena combinación, los mayores expertos en cajas fuertes se ven incapaces de descubrirla. Cuenta con toda clase de servicios y convierte el resultado a la unidad de medida correspondiente. Y aquí estamos nosotros, bloqueando el ascensor desde afuera. Y aquí estamos nosotros, pedazos de hormigón con alas. Dad una vuelta en el helicóptero: veréis paisajes nevados. No la déis: de lejos seréis observados.
Una vez ha proferido estas simples amenazas, comprenderemos que el barrio es pintoresco, ya que tiene casas. Sus vecinos viven unos junto a otros. En los comercios se comercia. Ningún gato habla. Y aquí estamos nosotros,enseñando a los perros a coger un palo. Y aquí estamos nosotros, pozo ciego de la sabiduría. Relinchad en las cocinas: alguien os cocinará. Atraed cosas opuestas: son los principios de la realidad.
Dichas ya las amenazas, el atardecer trae la tarde. El amanecer, la mañana. Hay eclipses de dos clases. Y Julio es el mediodía del año.
Y en el balcón, aprovechando la brisa que precede al ocaso, nos sentaremos a la mesa y escribiremos con rapidez esta oración:
Aprendan. Lluevan y coman. Deleiten, disfruten y afeiten. Sean mezquinos tintos, en una sola palabra (Mezquinos San Clemente).
¡Ay, candela; unidad de luminosidad! ¡Ruegue por nosotros el segundo atómico! ¡Que nuestras almas pesen al menos un kilogramo!. ¡Viva los huesos de tu pelvis! Sólo soy un amigo de lo propio, un cautivo ciudadano apátrida de la mente. Cultura y transposición son la votiva verdad, voluntad vacilante e hiriente, que juega en el confín de caucho de nuestras casacas, en nuestros camastros. A la luz de una bombilla; en asociación con una empresa de servicios. Anhelante. Alucinante. Inmediato y colectivo. Apasionante y apisonador.
En el estofado de mi vida, la conclusión es vertebral.
Chichi cerebro-liso trata de escuchar a los grillos y reflexiona: Antes me preocupó saber cómo funciona el mundo. ¡Pero descubrí cosas!
¡Cosas como que los propietarios de perros comen compulsivamente! ¡Temblad ante las personas justas, que incluso saben que los propietarios de perros comen compulsivamente! Lo único justo es el tiempo y el paisaje está codificado.
Desde luego que lo está: El mundo es un espectáculo en la calle y un cuadro en casa. Un drama en la familia. Una novela para cada uno. Todas las canciones son de amor y los poemas nos relacionan con los animales; la mejor obra de ingeniería es el proceso de autorreprogramación de nuestra mente; todo jardín es natural y un ciclo místico es ir pasando por las edades de nuestros antepasados... Por éso, en un tratado de derecho romano se dice claramente que cierto bronce presenta peculiaridades "de relieve" o que "unas tablillas" tienen "un papel muy importante". Alguien cree que ha llegado para vengar al mar universal de admiraciones, la mayor extensión conocida de sargazos mentales. Debería saber que el tiempo fue definido como cuarta dimensión por Herman Minkowski en 1908.
¡Las uñas son los dientes de las manos!
Y lo bueno de cualquier forma de pensamiento es que tarde o temprano tiene que cambiar. No en vano los animales hablaban hasta que se inventaron las armas.
En un mueble, tras una puerta, hay una caja que contiene los dos antídotos contra el fanatismo y la paranoia: Son el Gancho de Plata de la Misantropía y la Esfera Cristalina de la Indiferencia. El Gancho nos aleja de los demás. La Esfera nos hace considerar.
 
 


OTOÑO.

Es otoño, porque se lo han dicho. Y trae los olores del verano tardío. Y los vientos espectaculares que desplazan a las bandadas de palomas. Es la misma razón que mueve los filetes de carne alojados en la concavidad lateral del chasis, de hermoso y sucio color caqui y olor a gasolina.
Otoño, voces humanas.

Chichi cerebro-liso, despierta sin sudor. Algunas mañanas están tan vivas que le arrancan de las sábanas y le dicen a la cara: mira las nubes cómo cambian en el cielo, mira la piel bronceada, cómo parece terciopelo con este sol cambiante...
Ah... pero los besos al principio de un verano, ¿qué son al final de otro verano?
El cuerpo sudoroso, ya no respiraba con el aire. Atmósfera caliente, (engrudo maravilloso) no había frontera. Ahora llueve, hace viento y nos cubrimos con sábanas que huelen a baúl o armario. ¡Nuestra temperatura vuelve a existir! "¿Y qué hago yo con ella?", se pregunta.
Los atardeceres son ahora como reproducciones del final del verano.
Y todas las narices goteando...
La nariz de Chichi cerebro-liso gotea mientras disfruta del viento encorajinado, del último sol de la tarde y de la deliciosa llegada de la segunda y espesa cerveza que recorre su sangre y le hace sentirse sobre una amable almohadilla de
 sensaciones. Sol de atardecer que todavía trae los ecos de voces despreocupadas en las playas.
¡Verano, quédate unos días más para que pueda desear el invierno...!
Pero el verano ya no está.
¡Guarda en tu vientre el molde de mi cuerpo anfibio para que el próximo año encuentre de nuevo el lugar para flotar, jugar y beber por sorpresa tu agua que hace eructar!, (suplica, apelando a la memoria de las aguas). Pero Septiembre tiene color de ciruela, de higo, de pera. Del verde al azul.
La agitación de las ramas de los árboles, las nubes que no detienen su marcha.... la ropa con la que Chichi cerebro-liso cubre su cuerpo al atardecer...
¡Pagoda! ¡Promontorio! ¡Pez! ¡Piedra pómez y diluvios! ¡Pescados! ¡Amanitas! ¡Lupas de comercio! ¡Encendedores de ciudad y caramelos!
¡Sombras de las estatuas que alfombran las alfombras de hojas en los paseos de otoño! ¡Lejana indumentaria! ¡Hipoteca de los dioses que, en racimos, trajiste ángeles verdes, granos de sol y cazuelas de barro!
¡Seca nuestra voluntad tu admirable aguja de madera! ¡Escondemos a nuestros hijos cuando tú llegas, envueltos los bolsillos en el aliento húmedo del averno!
Entonces, la luz toma el color de las moras y éstas, el de la tierra pálida y el viento taciturno pule las rocas blancas -de un lugar a otro- a través del negro del cielo, agitado también.
¿Esperas que creamos en los peligros del bosque metálico que tus alabanzas construyeron sobre el mar?
¿Con medios olvidados abriremos las cáscaras de aquellos frutos sin alas?
¿Dan comedores en las cocinas del pan?
¿Existen los mamuts -aquellos nobles y gentiles peces, orgullo de las profundidades  cristalinas-?
¿Tienes hora, por favor?
Una suave intensidad colma los espacios, avanza expandiéndose en pequeños detalles sin foco, puntos humanos en las paredes cálidas, el dulce comienzo del otoño tras la ventana; estructuras para la voz que se vierten en el sueño de escribir...
¡Hagamos que construyes ese muro tanto tiempo aplazado que separa nuestra humanidad de tu talento!
¡Derecho brutal, muéstranos el intestino de la almendra!
¡Colección de hojas! ¿Acaso no has notado que escondemos en bolsillos fríos a los hijos de nuestra esperanza?
¿Y no bebes de la tibia hiel de nuestro miedo?
¿Te agarras quizás a nuestros sueños mientras soñamos que nos sueña tu terror?
¡Confúndete con el perfil de esquinas mal iluminadas! ¡Allí estaremos! ¡Dispuestos como siempre para el ritual humeante de la olla cotidiana! ¡Llenos y vacíos! ¡Ciegos y hartos! ¡Mudos y cojos, como la vieja estación de las mentiras!
Atrapados en el pozo lleno de gasolina, comprendemos tus motivos para extender la codicia entre las piedras. No pocas veces te hemos ayudado, convencidos de las buenas intenciones que se alojan en tu tercera cavidad branquial inutilizada.
Sabemos que nos escuchas. Algunos se han dormido, confiados en tu excelente audición.
¡Escoge una buena botella! ¡Créala a partir de un diente mellado! ¡Demos alguna vuelta y estaremos preparados! Es posible que tú no inventases la poesía y ni siquiera nadie ha dicho que contra tí tenga alguna clase de poder la poesía. Gran incógnita y misterio de naves oxidadas: La esencia de tu No es el duplicado del mundo oscuro e incierto de los moldes de las palabras. Algunos afirman haber reconocido al avestruz de forma romboidal que ata con correas los niños a las sillas.
¡Cinco ojos!
Y el depósito para las correas.
Caracteres de imprenta estampados en lacre recorren su piel. ¡Apreciado viaje turístico! ¡Irrepetible!. Madera astillada que
 tiene hilachas prendidas, manchadas de humo, de alguna tela fuerte pero ya vieja. Así le llamamos.  Pero no es ése su nombre. Ni tampoco: ruido de utensilios de cocina metálicos, paredes de azulejos que solidifican una bruma extrañamente nítida.
(Hay patos ?hay porciones?, canciones ?jamones? y monjas montadas en camiones, que discurren junto a él. Y aunque no nos oyen, mantienen el equilibrio.)
¡Canta con nosotros tu canción que es nuestro silencio! ¡Jugaremos a tus pasatiempos de cuadrículas con las más pequeñas canicas! ¡Te lo debemos! ¡Salta! ¡Eres la forma bidimensional de cierto miedo! ¡Saluda! ¡Estás en presencia del lejano vestigio de una última burbuja de pantano! ¡Léela! Y nosotros te reconoceremos. Cada ser humano caminará con docenas de pies. ¿Acaso te ocupas de grifos y agua? ¿Válvulas? ¿Sabes donde estamos? No estás, y lo sabemos. Pero recoges toallas de sueños mal puestos, mientras te prodigas en nuevos alcances hacia los sentidos, fétidas ventosas que traen el mar al viento y sumergen las montañas en el río. Es una apuesta donde se entra perdiendo. Falso regalo para las tardes de tormenta. Quizá temamos demasiado la llegada del nombre de la barba y con él, su filiación completa: número de pelos, color, forma y disposición a las bromas para suelos. Enumeraremos tus cualidades basándonos en la opinión de Gallina Rompehuevos, un mutante consistente en masa de galletas: frío y horrible como el colofón de un edificio accidental. Curiosamente, ovoidal. Y algo lúgubre (especialmente los anagramas laterales). Conciso y muy, muy terrenal.
Lástima.
Ni dejando de creer en ello, Chichi?cerebro liso podría despellejar algo así en este avispero de letras y sólo letras y puntos, pues el objeto de sus execraciones no contiene número alguno.
 
 




PRIMAVERA.

Dicen que, cuando se prepara una lechuga, se sienten agradablemente relajados todos los que están en la habitación. Algunos objetos de la decoración pueden sufrir el mismo efecto. Vecinos que se encuentren cerca, también. Algún perro que pase por allí. Chichi cerebro-liso, si no se hallase lejos, pero en este momento se entrega a sus pensamientos en un antiguo bar:
...escojan su candela radiante los sábados por la tarde. Beban. Suden. Y duerman por todas partes. Y alabado sea el pilón. Alabado sea bendito de alabastro el Pilón. Alabado sea el pilón y su cuenco gastado donde fui bautizado con aquel camisón por mi llevado. Camisón del pilón, aún te recuerdo, eras más viejo que yo. Mis piececitos al extremo, mi ejemplar de "Primeros Auxilios" bajo el brazo. Y un intenso deseo  de hacer pipí. Así era yo a los pocos días de edad: todo un percebe imperceptible...
Señora, cuando vaya al bar, lleve a su perro atado con un collar. Inclínese al comentar el nuevo corte de pelo del extravagante animal, que yo miraré su escote granado y usted verá que yo la miro y con éso, los dos, ya habremos salido ganando.
Perro de la señora, ¡oh! perro, en las colillas del suelo interesado. Tu nariz no tiene pelo y tus patas son cuatro.
¡Mmmm! ¡Flujo de automóviles! Al menos, algo hemos puesto a punto tras esta serie desafortunada de experimentos con final feliz: hemos obtenido resultados desapetecidos y no estamos muy seguros de la efectividad que el aparato tendrá una vez aplicado al mundo infantil. Hasta hoy, trabajábamos en  el mundo infantil propiamente dicho y alimentado en Navidad por los ejemplos vivos, pero éso ha terminado ya; afortunadamente. Deseamos sustituir el cultivo experimental por un curtido experimental que tenga capacidad antropofágica y antropomórfica. ¿Llegaremos a conseguirlo? ¿Llagaremos al pobre mirlo con tanto ir y venir sobre sus patas traseras (y únicas). A él, que canta tan bien? No puede ser. Esto no puede ser cierto. Volvamos a la realidad: aquí sólo hay personas y algunos animales. Nada más puede esperarse.

Tan sólo un lamentable acercarse de cada ser
al pobre aspecto que debió tener
cuando era un texto para aprender
en el colegio de su memez.

Y si torcemos por la avenida, caminando bajo los porches, parece como si alguien, algunos, se encargasen de tomar las decisiones. No son las cosas específicamente complicadas para ellos, pero alcanzan una plenitud de campo de operaciones cuando se reúnen todos en torno a su mesa de deliberación... Qué maestría, qué lujoso lupanar deviene su trabazón intelectual... Y nosotros recogiendo llaves envueltas en hojas de col, enterrándolas dentro de cajitas de cartón y mirando de reojo los confines de la ciudad mientras bailamos la danza del turista. Y de todos. A uno de ellos conocí. Le llamaban Robinalot, el cubreliebres. Zamfa. Bribón. Cartelano. Rimpante. Y un gusano. Así era Robinalot. Gusano sarape, hermano de abate. Un tipo neumático. Aliterado constantemente por los cambios de significado que introducía la oficina estatal "apriétate los melones" de su barrio. Era simpático, pero muy a su manera. Rendía lo suficiente para alimentar su sexo complementario autónomo, pero poco más. Confundía los nombres, las caras, los culos, se confundía a sí mismo con frecuencia y lo que es aún peor, se confundía con otros. Robinalot era también un orinador de primera categoría, que orinaba a distancias de siete y ocho metros, aún a través de las paredes y con un tráfico muy intenso. Recuerdo que tenía problemas para andar porque, al ser diestro, daba todos los pasos con el mismo pie y sufría frecuentes y dolorosas caídas. Robinalot era un pedazo de burro y muchos amigos le pidieron que intentase rebuznar, pero sólo conseguía imitar convincentemente el canto del gallo. Era, en fin, Robinalot, el más estruendoso potro de baño que nunca hubiera sido localizado. Y también andaba por allí un tal Garchón, (el buitre nauseabundo). Recuerdo que Garchón decía: ¡Caca!, y estaba intentando decir: ¿Qué hago yo aquí?. Otras veces decía: ¡Caca!, y lo que quería decir era: Yo. En ocasiones también decía: yo. Pero siempre acompañado de caca.  Así:  Caca, yo. O: Yo caca. Garchón era pura caca, por éso era conocido como "el buitre nauseabundo". Su cuerpo se componía de  piernas, brazos y extremidades. Su cerebro cayó de su cabeza, extenuado, a los pocos días de funcionamiento. Desde entonces, Garchón garchaba sin descanso. No podía hacer otra cosa. Garchaba y garchaba, interrumpiéndose solamente para dormir y hacer caca. A comer él le llamaba, igualmente, garchar y se quedaba tan garcho. Estaba convencido de que los demás se alimentaban de caca de Garchón, por éso la repartía indiscriminadamente entre sus allegados, vecinos y víctimas. Garchón era, según cierto retrato robot, el autor y responsable de su propia existencia y agente, por lo tanto, de su condición de buitre nauseabundo, un finisecular atributo de buitre practicado a butrón en el tejido social, vulgar y repelente, que le rodeaba por todas partes menos por una, llamada, a menudo, aunque no respondía nunca...
Y la verdad es que, jaleando galgos, algunos han hecho su fortuna.Aunque lo más habitual es que veamos a los galgos, notemos el intenso olor de aceite rancio para freir patatas y veamos comer churros a los ángeles de aquí, algo sin igual y realmente delicioso. Churros con chocolate, por ejemplo, y sexo perfumado con voz grave. Y todo, todo aquello que sabemos, puesto al día en el viejo juego de lo que es y lo que quiero. Hay vidas detrás. Nada humano (o sí) pero eternamente esférico con la ayuda que da el fuego y la noche; y la ciudad, la necesidad y los rayos de chispa verde que recorren cada estreno de la pobre?propia?prima?realidad. Haciendo cosas, midiendo el olvido de las cosas, haciendo ovillos con medidas intuidas de: abstracto sentido del sonido, estado similar al que imagina una parte muy pequeña de la nada: yo y mi deseo: del cuerpo que no es mío y de algo que no es cuerpo, se encarna puramente en el deseo: es la llama de un cambio de las formas en el terreno de la forma inamovible: en la mentira nueva; en la vieja mentira que se miente con los dedos. Sabiendo lo que son los dedos: las antenas que detectan algún calor ajeno, por ejemplo, o la parte activa de la mano y también símbolo de oportuno placer: en la boca, el dedo. Luego, y es posible que por eso: a los galgos jaleo...
Ahora bien: Queridos armaduras. Hoy, que parecía ser el primer día de primavera... era, precisamente, el último del invierno. ¿Cómo será mañana?
El más absoluto caos, que se aloja en mi mente como en todas las demás cochinillas de la humedad, hoy ha aflorado, resumen y prólogo, fotografía del autor, y en color. Avance primaveral de los momentos que se agolpan en cajones selectivos aleatorios insidiosos propios. Carambolas fingidas y jugadas demasiado afortunadas. Pelos de la vida. Rutinas falsas. Ausencia de soledad acompañada. Carencia de soledad compartida. Valencia, ciudad tan visitada. Valencia... pasos amortiguados por la cerveza en las calles de piedra. Primavera, fuego y agua. Aromas que caminan en la tarde.
 Neptuno y las mujeres. Una visión diferente de lo que asusta a la gente. ¿Dónde estamos? Crece el año, crece el sol y crecen los seres que reciben su bendición cálida. Nos retorcemos en estas cáscaras de córcholis que recubren nuestra inexistencia. Y pica la piel. Pincha aquí y allá, mientras hacemos la paz en la incongruencia y miles de millones de seres humanos no quieren distinguir entre la conciencia y la conveniencia. Percibimos la luz de una forma tan subjetiva, que se hace de noche de repente y de día en cualquier momento. Sin relación. Sin segundos intentos. Pero ahorramos con firmeza para gastar compulsivamente. La coherencia de lo imaginario reparará los desperfectos de la maquinaria del conocimiento causados por las preferencias de lo ideológico... En cuanto al sufrimiento de los seres vivos... también viene producido por causas naturales.
 
 






INVIERNO.





He visto los cuerpos sin vida, los cuerpos sin alma, las naturalezas escuetas que transportaban los signos a través de los andenes, por las calles. He visto a todos esos seres que cargan sus pesados destinos en forma de zapatilla deportiva, lucir los fragmentos de su piel a través de sus identificaciones reglamentarias. ¿Es verdad que todos se preguntan qué hacen aquí? ¿Es cierto que todos se sienten así?
Sus artilugios; un hombre con una bolsa de papel, una chica con prismáticos, una familia con coche de bebé, y las zapatillas deportivas... Una fiesta de bufandas, maletines, regalos empaquetados y zapatillas deportivas.  He visto todas esas caras y he oído sus hablares, conocido sus inquietudes. Una fiesta del tiempo inminente.
He visto muchos que miraban sorprendidos algún reflejo en el tubo de soporte y se preguntaban: ¿dónde estoy? ¿Porqué estoy aquí? ¿Y hasta cuándo? ¿Y porqué? ¿Cómo es que ha sido así? He visto gente que en su mirada te dice: "no molestes, pero si quieres saber algo, en esta historia hay malos y buenos, y yo soy de los buenos." He visto sus manos sobre regazos de franela, ceñidas por relojes que salen en televisión. ¿Qué han hecho de su gradación de centelleo? ¿Y de su personal artilugio lumínico? ¿Perdieron su corazón de ballena? ¿También su colofón automático?
Con densas polvaredas de anteojos ahumados, se cubre de certeza la pista en alta mar y muestra su dureza el puño antiguo trabado en el esfínter de la tierra.
Grave estructura hueca.
Presión.
Y el dragón dice: Era láminas, yo.
Y era.
Viscosa sustancia, entre lámina y lámina, era también.
Orgánicamente, me movía. No había estructura que se comparase en belleza.
Al desplegar los paneles emergía, poderosa, mi cabeza: El dragón ha llegado, el fuego todo lo quema. Canciones populares sigilan el sonido de la guerra.
¡No estoy seguro de que se encuentre mi nombre en la lista de espera.!
Aquí se bautizan catapultas con los dedos de las manos. Catapultas viejas asisten a los actos. Simultáneamente, a salvaje iniciación se somete a los extraños. Todo ello conmueve sin emergencia a los asistentes, que han cerrado las compuertas para entregarse en cuerpo y alma al nuevo vendaval televisivo: La Chola de Cuarto Mediante. Y todo el mundo se queda solo. Sólo como una almeja. Sólo en el gozne de sí mismo, con su hígado. Y luego, cuando hayan pasado los búfalos y los ñandúes hayan asfaltado a sus congéneres, los pipos (y Sara Le Bon, radiante tras haber cumplido los cinco años, explique públicamente porqué usa calcetines transparentes de piel de ñandú con adornos de ceja de pipo), todo volverá a la normalidad más estupenda con el nuevo concurso "Atrápame Esa Alfombrilla", que se producirá en cinco minutos a pesar de durar sesenta y dos.
Estoy seguro de cuál es la historia, parece haber descubierto Chichi cerebro-liso: Estoy seguro de cual es el recurso. Estoy en ello: está en mi historia. Gira mi cabeza varias veces a última hora de la tarde. Este es el extraño mes en el que acaba el año... Así, detenido en la calle, escruto. Tarde o temprano se mostrará con total seguridad mi enemigo nefando
 y oculto, pertrechado de mi bilis, que frecuenta los bares que yo nunca visito. Una mentira más cae entonces por el lado oeste de la mesa. No estás tú entre todo éso. No te he visto ahí, en la oscuridad del secreto semanal. Tampoco en la terraza, a la que se asoman los humanos romperrodillas. En definitiva: No estamos en ningún lugar. Está demostrado. El último que pasó por aquí dejó una nota: Si surge alguna dificultad, esperen diez mil años. Así que, actualmente, este es un mundo de mierda voladora.
Y de sordos estéreo. De pedos insinceros. De dedos sin manos. De miedos sin ogro. De ogros sin dedos. De falsos acuerdos. De olvidos instantáneos. De perros humanos. De humanos sin perro. De hijos no deseados. De padres no deseados. De urgencias sin prisa. De conciencias como cloacas. De jabón para conciencias. De manifiestos infectos. De falsos corderos. De humanistas pendencieros. De filósofos tontos. De artistas nada solteros. De ratas con sombrero. De mentes enanas. De razones falsas. De cacas colgadas en las ventanas de pequeños rascacielos para espantar a los pájaros. De policías para objetos, de objetos para pájaros, de rascacielos falsos, de agujeros en el cielo. De cielos sin explicación y explicaciones para corderos. De vidas con precio, de silencios con precio, de precios impagables, de horas, tiempos y minutos para relojes de pulsera, relojes de pared, argollas, orejeras y relojes de marcar. Este es un mundo de escupitajos bien explicados, trampas bien aplicadas y razones de estado. De estados nada alterados, de ritmos ingenuos, de cachorros ahogados, de principios físicos, de finales nada físicos. De verdades neutrales y recubrimientos morales. De cabezas sin cuerpo, de videntes ciegos, de hermandades de sangre, de planos y mapas y pistas de caza. De venenos mortales. De muertes accidentales. Este mundo es algo totalmente verosímil muy parecido al infierno.
Y si alguien se fija, los verá. Ya han sido vistos otras veces. Su cabello helado, el aliento escapando por el fieltro gastado. Cada mirada, un fusil cargado y en la cruz de sus monturas, el recuerdo anclado de sus otras vidas.

Su trágico destino es errar, cabalgando entre la nieve, en pos de un pasado circular que su angosto pensamiento ha provocado: son los jinetes del sueño de los poetas. La proyección tridimensional de la arquitectura mental de un apátrida ahorcado. ¡¡¡La línea perfecta que el destino traza entre el cielo y los pantanos!!!

Aquella imagen que nos mostramos para no desfallecer:
el inacabable fin de la guerra entre un dios y los humanos.
 
 
 
 
 
 

VOB                  IRL
 
 

T U                  CNA
 
 
 

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