
Las Cuatro Estaciones es una instalación sonora que consta de 471 fuentes de sonido difundidas por doce canales audio creando un universo auditivo que ocupa la totalidad del espacio físico de la instalación, distribuyéndose en tres planos verticales y cuatro horizontales.
Las 471 fuentes sonoras se producen en una secuencia de 74 minutos, que se repite en forma de bucle.
Estas 471 fuentes reúnen sonidos provinentes de la actividad humana y de la naturaleza en un ciclo cerrado. Para poder percibir de manera íntegra el paisaje sonoro, el espectador ha de introducirse en el espacio virtual proyectado por los altavoces. Entonces escuchará desde lluvias monzónicas, vientos polares, aves migratorias, circulación de vehículos terrestres, conversaciones, helicópteros, mares en calma, aviones supersónicos, campanarios lejanos, fábricas subterraneas, caballos salvajes, guerra antiaérea, etc. e incluso un verdadero terremoto de tres minutos y medio. Todos estos sonidos aparecen en la distancia, la intensidad y la relación con el oyente correctas, debido a que el reparto de frecuencias se ha hecho en el espacio. Así, el terremoto "sucede" verdaderamente bajo tierra o los aviones "atraviesan" realmente el firmamento; cuando llueve, lo hace de arriba a abajo y los trenes llegan hasta nosotros para alejarse después. De hecho estamos hablando de cuatro sistemas cuadrafónicos horizontales que cubren tres planos espaciales verticales.
Los doce canales se agrupan en tres sistemas de altavoces:
1er. sistema.
-sub-graves (subwoofer
system).
Cuatro altavoces
omnidireccionales de 18 pulgadas que difunden frecuencias graves y sub-graves
(entre 20 y 60-80 Hz)
2º. sistema.
-medios.
Cuatro altavoces
para difundir las frecuencias medias (entre 80 y 2.500-3.000 Hz)
3er. sistema.
-agudos.
Cuatro altavoces
para difundir las frecuencias agudas (entre 3.000 y 20.000 Hz)
Las Cuatro Estaciones
contiene así mismo una dramaturgia, ya que es, en sí, un
teatro sonoro.

Ahora, deberíamos
extendernos un poco sobre el tema de la percepción auditiva.
No existe ninguna
diferencia entre un antepasado nuestro de hace miles de años y un
ser humano adulto de finales del siglo xx a nivel de percepción
del sonido. Nuestra disposición es la misma, a excepción
de un pequeño detalle que en opinión de los neurólogos,
todavía permanece oscuro, en cuanto a las motivaciones que la naturaleza
pueda tener con respecto a tan curioso rasgo evolutivo: la lateralización
progresiva de los hemisferios cerebrales.
La percepción
auditiva se realiza mediante funciones cerebrales altamente similares a
las que intervienen en la percepción visual o táctil. Al
nivel del córtex primario, el estímulo auditivo es recogido
en ambos hemisferios. Ello podría estar encaminado a facilitarnos
la reacción en el caso de estímulos sonoros primarios, digamos,
o que forman parte de la herencia colectiva. Por el contrario, la que se
podría llamar percepción auditiva compleja, se encuentra
"lateralizada". En el lóbulo temporal izquierdo, al que se
conoce como "dominante", las capas secundarias del córtex están
especialmente adaptadas para el análisis y la síntesis de
los sonidos del habla. En el lóbulo derecho, el córtex secundario
se ocupa de la percepción de estructuras rítmicas de determinada
complejidad y de las organizaciones de sonidos de diferentes alturas, es
decir, de la percepción musical. Se trata de un hecho médicamente
constatado pero es apenas conocido popularmente.
Las lesiones locales
de las zonas secundarias del córtex temporal izquierdo en el ser
humano, producen pérdida de la capacidad para distinguir los sonidos
del lenguaje, a lo que se llama agnosia acústica o también
afasia sensorial. Las lesiones similares que se producen en el lóbulo
opuesto, dificultan o anulan la percepción de la altura, timbre
y sucesión rítmica de los sonidos y reciben el nombre de
amusia sensorial. Esta diferenciación no tiene lugar con la percepción
mediante otros sentidos. Por ejemplo, la visión, funcionalizada
en el córtex occipital, sólo sufre un tipo de disminuciones
y son llamadas agnosia visual.
Lo que más
preocupados ha dejado a los neurólogos ha sido el hecho siguiente:
es frecuente que un paciente acuda al médico expresándole
su inquietud porque de un tiempo a esta parte no comprende lo que le dicen,
las palabras de los demás le parecen un murmullo indescifrable o
simplemente entiende algo totalmente distinto. Probablemente esos síntomas
provienen de la incipiente formación de un tumor o quizá
puedan tener una fácil curación. En cualquier caso, resulta
altamente dificultoso para el paciente desenvolverse con normalidad en
su vida social, familiar o laboral, puesto que la estructura comunicativa
de nuestra sociedad está basada en la "tiranía" del hemisferio
dominante. (¡¡Vivimos en una sociedad conceptual!!) Evidentemente,
no resulta nada frecuente recibir la visita de un paciente aquejado de
amusia, salvo contados casos de músicos o melómanos, por
lo que los neurólogos no han podido establecer ni siquiera aproximativamente
un censo mundial de seres humanos aquejados de dicho mal.
Ahora hemos visto
la importancia de la lateralización de los hemisferios para la percepción
auditiva. Más del dominio común es la serie de atribuciones
que
reciben ambos hemisferios de una manera amplia. izquierdo o dominante,
derecho o subdominante. Uno, responsable del pensamiento racional, el otro
del sentimiento. la inteligencia deductiva alojada en el primero, la inteligencia
emocional en el segundo, etcètera, conocimientos estos mucho más
extendidos. Valga todo esto para remarcar que "Las Cuatro Estaciones" no
contiene sonidos que hayan de ser descifrados inevitablemente en las regiones
cerebrales del córtex secundario. Los estímulos sonoros de
la instalación son de la índole de los que son recogidos
en el córtex primario de ambos hemisferios. Incluso aquellos de
procedencia cultural. Es decir, Aún estando evidentemente
organizados, no son música. Ni palabras. Sería más
exacto denominarlos "imágenes" sonoras. No es música, en
el sentido psíquico, y por lo que respecta al contexto socio-artístico
en el que se produce, no es una instalación musical.
Así, la
percepción elabora, construye un "panorama" completo, es decir,
un recorrido de 360° que deviene micro-universo. En el momento en que
el espectador accede a la tarima, comienza su versión de la obra.
Durante 74 minutos reconstruirá un discurso sonoro en el tiempo
y en todas las direcciones del espacio. El trabajo sobre niveles de intensidad
y planos sonoros le permite descodificar toda la información provinente
del 2º y 3er. sistemas. En cuanto al primer sistema, como las frecuencias
más graves, aquellas que llamamos sub-graves, es decir, aparentemente
inaudibles (entre 20 y 40 Hz), se transmiten por medio sólido, serán
la propia tarima y los elementos arquitectónicos de la sala los
que transmitirán al cuerpo físico del espectador la información
contenida en estas frecuencias.
Lo que tenemos es
un "todo" constituyente con una estructura numérica clásica:
471 sonidos que se difunden mediante 12 reproductores, en grupos de 4,
repartidos en 3 sistemas, dividiendo las frecuencias, y que se producen
en un ciclo de 74 minutos más 1 de silencio.
© 1996